Prólogo

«Ese amor que se tienen el uno al otro, ese amor verdadero y tan intenso que trasciende los límites de lo usual y solo puede ser expresado a través de algún acto violento. Ellos dos son plenamente conscientes del daño que provoca la adicción que se tienen el uno al otro. Pero es imposible salir, porque quizás el daño que sienten estando juntos ni siquiera es lo suficiente para ser comparado con el dolor que les causaría una ruptura. Esa adicción es su única luz.»

-Te quiero- gritó. Las voces, los sonidos, la música y los gritos se detuvieron. El tiempo le pareció ir más lento. Su latido se intensificó.

Ahí estaban. Esas dos simples palabras que tanto la aterraban. Aparentemente inofensivas, sí, pero con una enorme capacidad de destrucción en su caso.

Dos palabras que él nunca había escuchado hacia su persona. Dos palabras, las cuáles, él nunca había regalado a nadie.

Y ahí estaban ellos, en mitad de un descampado, en el centro de una gran multitud. Ahí estaban, un poco venidos abajo, un poco rotos. Ahí estaban, completamente drogados. Dos palabras pronunciadas justo después de un golpe, un golpe que se sintió como una caricia. Dos simples palabras, cargadas de complejos sentimientos y emociones. Dos palabras que ella no podía controlar.


Dos palabras que acabaron con todo.

Dos palabras que lo iniciaron todo. 

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