«Sea bueno o malo. ¿Se siente bien? Entonces hazlo.»
Se siente bien. Estás llena de moretones.
Se siente bien. Acabaras con una sobredosis.
Él se siente bien. Él no te conviene.
Me da igual. Él te dañara de una forma irreparable.
Se siente bien que me dañe. Él no es para ti.
Sacudió una vez más a la chica tirada en el suelo. Ella seguía murmurando frases, como si entablara conversación con alguien que solo ella podía ver.
Suspiró con pesar. La chica rondaba los veinte, tal vez menos. Su cabello castaño permanecía enredado bañando el sucio suelo de arena.
Unos pasos a lo lejos, vio a un chico incorporarse y acercarse mientras trataba de no caer. Tambaleándose de un lado a otro mientras reía y gritaba una y otra vez un nombre.
Estaban drogados. Ambos, tanto el chico como la chica.
-Estúpidos adolescentes.- murmuró, antes de marchar de allí a paso ligero.
Llegó a su lado y se arrodilló. Elevó su cabeza de la arena y se acercó a su rostro, quedando a escasos centímetros de tocarla. Miraba fijamente los párpados cerrados de la chica a la que sostenía, murmurando débilmente palabras de apoyo. Interiormente, rezaba porque ella volviera a abrir sus labios para volver a decir aquellas incoherentes frases.
Se siente bien. Todo va a joderse.
Abrió los ojos de golpe, sintiendo la luz del sol cegarla, volvió a cerrarlos. Sintió el cálido aliento de su chico. ¿Cómo sabía que era él? Fácil. Para Brooke Stone, la textura de las manos de su chico sobre su piel, era algo que nunca sería incapaz de reconocer.
Sus ojos se encontraron con el rostro del chico. Hayden sonrió, contento por ver que su chica abría los ojos. Ella le sonrió medio atontada, separándose de él para levantarse. Le costó hacerlo, pero cuando por fin lo consiguió, el mareo que la embargó la hizo inclinarse hacia delante. Vomitando todo lo que había ingerido aquella noche.
Hayden se acercó y le sujetó el pelo mientras daba suaves caricias en su espalda. Tratando de suavizar los calambres que invadían el cuerpo de su chica.
-Joder…- cuando Brooke se recompuso, permaneció apoyada en el pecho de Hayden. Permanecieron en silencio, con los ojos cerrados, disfrutando la brisa marina que chocaba contra sus rostros.
De la nada empezaron a reír, aún bajo los efectos de las drogas. Hayden hizo girar a Brooke, quedando frente a frente. Las risas cesaron, dando paso al silencio.
Verde contra azul. Una pequeña batalla de miradas. Hasta que ella mostró esa sonrisa. Esa sonrisa que a Hayden le derrite, esa que va acompañada de la risa llena de inocencia y ternura que ella posee.
Ángel, eso era ella para él, eso era lo que él veía cuando la miraba. Un pequeño y tierno ángel. Un ángel travieso al que le gustaba coquetear con la oscuridad. Un ángel que descendió del cielo, abandonando allí al resto de ángeles. Y mientras ellos se quedaban allí, llorando por la pérdida, la corrupción de un ángel; ella se divertía, experimentaba, vivía según lo dictaba su propia libertad. Ella era su ángel, lo único que tenia en ese sucio mundo, lo único que le importaba. Si la perdía a ella, lo perdía todo.
-Vámonos a casa- pidió, perdida en los azules ojos de su chico, a momentos tan azules como el cielo.
Y así lo hicieron. Hayden condujo en su moto hasta volver a la ciudad, hasta llegar al edificio en el que vivían. Bajaron de la moto una vez esta estuvo aparcada, y empezaron a subir escaleras. Hayden saltando de escalón a escalón; Brooke agarrada a la barandilla con cuidado de no caer. Ella era la más afectada por las drogas y el alcohol, mientras que Hayden, que había ingerido más, ya apenas notaba el subidón del LSD y el alcohol mezclados.
En momentos como ese Brooke se maldecía por vivir en ese viejo edificio donde el ascensor solo estaba de adorno.
Llegó a la puerta del piso, desde allí se escuchaban la risa de el chico y los ladridos del perro. Entró cerrando tras de sí, avanzando a paso lento por el pequeño recibidor. Se lanzó sobre el pequeño sofá que adornaba el salón, aterrizando sobre el pecho desnudo de Hayden. Él volvió a reír, rodeando el pequeño y frágil cuerpo de Brooke. Mientras ella se acomodaba sobre él, él se dedicaba a dibujar con los dedos pequeñas figuras en la espalda de su chica.
Ella no tardó en quedarse dormida, y él no tardó en seguirla. El animal los observaba desde el suelo, con la cabeza ladeada y la lengua fuera, mostrando una sonrisa animal.
-Nena.- escuchó que la llamaban. Sintió unas manos pasearse por sus piernas, subiendo, deslizándose sobre su piel. Sintió esas mismas manos retirando la pieza de ropa interior que la cubría.- Sé que estás despierta.- murmuraron unos labios sobre los suyos.
Ella siguió con los ojos cerrados, fingiendo dormir. Él soltó una pequeña carcajada e hizo rodar el flexible cuerpo de ella sobre su estómago, elevando su trasero, deleitándose con la vista. Ella abrió los ojos de golpe y trato de salirse de la cama.
-Hayden ni se te ocurra.- murmuró, mirando sobre sus hombros al gran e imponente chico que estaba arrodillado en la cama detrás de ella, completamente desnudo.
Lo escuchó reír mientras dejaba un beso en su nuca, otro un poco más abajo, y así dejando un reguero de besos hasta llegar a sus nalgas. Donde las mordió dejando un pequeño moratón, la escuchó gemir y esta vez las golpeó para después acariciarlas.
Maldijo mientras trataba de acallar los gemidos que salían por su boca. Lo sintió elevando su trasero, haciendo que doblara las rodillas sobre el colchón. Extendió sus muslos y la sujetó con firmeza mientras se acercaba aún más a ella, haciendo que las caderas rozaran contra su trasero.
Brooke gimió de dolor, lujuria y excitación, mientras Hayden se deslizaba totalmente en su interior, palpitando y enterrándose hasta la empuñadura. Trató de elevarse sobre sus brazos y él la golpeó, haciéndola gemir, empujándola de nuevo hacia el colchón. Se colocó sobre ella, inmovilizándola, excepto por los cortos empujes de sus caderas contra su lujurioso trasero.
El ronco gruñido que vibró a través de su cuello, hizo que su vagina se contrajera con pequeños espasmos, masajeando su enterrada verga.
Brooke se movió hacia atrás, tomando más de la gruesa columna que la llenaba. Su cuerpo se contrajo. Hayden la complació y se elevó sobre ella. Sujetando sus caderas con un apretón doloroso que dejaría grandes marcas, alternó los largos y lentos empujes con rápidas estocadas. Haciéndola sentir en el mismísimo paraíso. Se movió sobre ella, con tanta rapidez, que le tenía jadeando.
La cama se meció bajo sus agitados cuerpos, golpeando la pared, creando un rítmico golpeteo que inundaba la habitación. Uniéndose los gruñidos y gemidos que salían de sus bocas.
Con una mano rodeando uno de sus pechos y un brazo alrededor de su cintura, la elevó sobre sus rodillas, manteniéndola sujeta a su pecho, creando nuevas marcas a causa de la fuerza que ejercía sobre ella. Todavía totalmente empalada sobre su grueso miembro, sintió la palpitación en lo más profundo de su interior. Protestó cuando él cesó sus movimientos.
Odiaba que él la dejara a medias.
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