«No estoy siendo cruel contigo, solo digo las cosas como realmente son.»
-Cielo tienes que dejar de hacer esto. Hoy cumples seis años, hace ya uno que llegaste al orfanato Brooke. ¿Por qué no vamos a celebrarlo con el resto de niños?- Kate trataba de convencerla para volver al edificio, trataba de hacer que se alejará de la valla.
Le dolía ver a Brooke allí cada fin de semana, esperando que la mujer que tenía por madre volviera por ella. Le dolía mentir a la pequeña diciéndole que tal vez su madre volvería el próximo fin de semana. Había pasado un año desde que Brooke llegó al orfanato, su madre la trajo el mismo día de su cumpleaños. Y ella seguía quedándose cada fin de semana esperando junto a la valla.
-No quiero ir, quiero esperar a mamá. Seguro que hoy viene a buscarme y volvemos a casa.- dijo la pequeña con una sonrisa repleta de inocencia. Y a ella se le rompía otro poco el corazón.
No comprendía el motivo de esa mujer para abandonar a la pequeña de rostro angelical. Pero si podía ver el amor que esa niña le tenía a esa horrible mujer. Un año después y la pequeña todavía tenía esperanza de que su madre volviera a buscarla. Negándose a entrar en el edificio solo por esperar que su madre regresará.
-Venga, entre todos los niños te han hecho un regalo y los adolescentes también. Están deseando dártelos.- la animó Kate, Brooke la miró y luego volvió la vista más allá de la valla. Miró otra vez a Kate y se acerco estirando los brazos, permitiendo que la mujer la llevará en brazos hasta el interior del edificio en el que esperaban el resto de niños y adolescentes que vivían allí.
-Señorita Stone, ¿mi clase le parece aburrida?- aquella pregunta junto con las delicadas patadas que Alessa le daba por debajo de la mesa, la hicieron aterrizar de nuevo en la vida real y descansar de los recuerdos.
Ella negó mientras se dedicaba a abrir el archivo desde su portátil. El profesor volvió con el temario mientras ella empezaba a tomar apuntes en el libro blanco. Su amiga soltó una risita y ella la pateó por debajo de la mesa. Alessa llevó las manos a su boca para acallar el gemido de dolor. Ahora era Brooke la que reprimía una risa.
-Menos mal que dijiste de sentarnos al fondo…- empezó a hablar Alessa mientras se dirigían a sus taquillas buscando el material para su próxima asignatura. Brooke dejó de prestar atención a su amiga, se dedicó a imaginar lo que le esperaba en cuanto saliera de la universidad.
Al principio no le había gustado esta universidad, a pesar de que le habían ofrecido una beca completa. Tampoco le había gustado la idea de tomar clases por las tardes, pero al ver que podía diseñar su horario y escoger entre montones de asignaturas, decidió alistarse. Después de obtener la mejor nota del curso había llegado a casa una carta ofreciendo la beca. Cerrando así la boca de todas esas personas que le habían dicho que solo servía para estar con la cabeza en las nubes.
Le había demostrado a los estúpidos dueños del orfanato que era más inteligente que ellos, les había sorprendido y había hecho que Kate se sintiera todavía más orgullosa de ella.
Kate había sido realmente importante en su vida, incluso si Brooke no podía ver eso. Kate había sido como su madre desde su llegada al orfanato, y lo siguió siendo hasta que Brooke cumplió los 15 años, cuando conoció a Hayden. Desde ese momento el orfanato se había convertido en un lugar secundario, un lugar al que ir de vez en cuando para hacerles saber que seguía viva.
-¿Brooke me escuchas?- Alessa trataba de llamar la atención de Brooke mientras salían de la última clase. Como siempre, la tarde se le hacía corta.- ¿Brooke?- Brooke seguía en las nubes, últimamente se pasaba las tardes así, sin prestar atención a las clases, como si su cuerpo estuviera justo a su lado, pero ella estuviera lejos de todos.
Y ella lo veía, sabía que algo no andaba bien con su amiga. La conocía, o al menos eso quería creer ella. Últimamente Brooke aparecía en la universidad con más cardenales que de costumbre. Y cada vez que le preguntaba ella cambiaba de tema. Pero la otra noche, cuando estuvo en casa de su amiga, había escuchado gritos y golpes. Ella no quería pensar mal, pero el hecho de que su amiga apareciera con un par de marcas nuevas cada día, empezaba a hacerla sospechar. Ella sabía que su relación con Hayden era peculiar, no era la típica relación que se veía entre dos adolescentes. Sabía que se gritaban y se enfadaban un par de veces por semana. Pero luego los veía en alguna fiesta y parecía que para ellos allí no había nadie, solo los dos.
Una de las veces en que ella le preguntó por las marcas, Brooke rompió a reír y le respondió que a Hayden le gustaba duro, ella se sonrojó y Brooke siguió riendo. Pero está vez era distinto, las marcas en los brazos, cuello y piernas eran muchas. Y esas eran tan solo las que estaban a la vista, no quería pensar las que ocultaría tras las camisetas. No quería pensar que Hayden la golpeaba, pero los golpes y gritos que escuchó el otro día la hacían dudar de él. Y en caso de que fuera cierto y él la golpeara, no entendía porqué su amiga no lo denunciaba y se alejaba de él.
-¿Qué pasa?- escuchó que Brooke preguntaba, ella guardaba los libros que no necesitaría con tranquilidad. Era como si siguiera sin estar allí.
-Me he fijado que últimamente apareces llena de cardenales y marcas.- seguía observando a su amiga, tratando de identificar alguna reacción de su parte. El rostro de Brooke palideció un poco, sin embargo dibujó una pequeña sonrisa. Fue una sonrisa que Alessa nunca había visto, una sonrisa que la asustó.
-No te metas donde no te llaman Alessa, créeme que no quieres saber lo que pasa.- Brooke la miraba, con esa sonrisa. Y Alessa notó la amenaza detrás de sus palabras, escuchó crueldad en sus palabras. Se dio cuenta de que tal vez no conocía tanto como creía al pequeño ángel que tenía por amiga, y que tal vez no era tan angelical como todos creían.