«Ella conducía, conducía rápidamente, para escapar, para tratar de olvidar, de dejarlos atrás. Pero de una forma u otra ella sabía que no funcionaria, porque solo ella podía detener los recuerdos. Solo ella podía dejar de torturarse.»
-Ven a vivir conmigo.- había dicho él.
Después de aquella noche ellos cambiaron. Hayden le había pedido que se fuera con él. Y aunque al principio ella había dudado, al final habían acabado viviendo bajo el mismo techo.
Un año después, al cumplir ella los 17, Hayden decidió sacarle partido a vivir en una caravana. Junto con los chicos habían enganchado la auto caravana como remolque a un coche y se habían largado del pequeño pueblo. Habían estado viviendo en un camping, hasta que los chicos consiguieron el suficiente dinero como para comprarse un piso mínimamente decente.
El edificio era viejo, pero era el único lugar en el que quedaban dos departamentos por vender. Hayden había comprado uno de dos dormitorios para él y para Brooke. Dani, Alex y Aitor habían comprado el departamento de encima que constaba con un dormitorio para cada uno.
Ella había seguido estudiando, repartiendo el tiempo con las fiestas y la diversión. Los chicos habían seguido en su «trabajo» con cuidado de no meterla a ella en medio, evitando que fuera amenazada o dañada.
El tiempo había pasado rápido, pero ellos no habían desperdiciado ni un segundo.
Todos los recuerdos, todas las cosas que habían hecho juntos desde que se habían conocido, pasaban por la mente de Brooke como si de un caleidoscopio se tratase.
Recordaba lo triste que había estado un mes después de conocerlos. Era el cumpleaños de Hayden y él se marchaba del orfanato al haber cumplido la mayoría de edad. El resto de chicos al ser más pequeños que él no se irían. Pero aún así saber que él se marchaba y que tal vez no volvería a verlo la afectó más de lo que ella quería.
También recuerda lo contenta que se puso esa misma noche cuando los chicos pasaron a recogerla a su dormitorio para irse a ver a Hayden. Pasaron la noche entera en la caravana a la que él se había mudado. Bebieron, bailaron y celebraron el cumpleaños del chico; y cuando el sol empezó a salir él mismo se encargó de dejarla en la parte trasera del orfanato, justo debajo de la ventana de su habitación.
Recordaba todas y cada una de las tontas aventuras que había pasado con los chicos. Recordaba la noche en que informaron sobre el fallecimiento de Matt, había sido un mazazo horrible para el grupo, pero a pesar de ello siguieron siendo una familia. Siempre faltaría Matt, pero ellos se negaron a pasarlo mal, a él no le habría gustado que se quedaran sentados llorando y lamentándose. Así que en lugar de llorar, salieron de fiesta hasta que la ebriedad les ganó haciéndolos despertar tirados en la playa.
-Brooke. Venga, la fiesta empezó hace horas y los chicos nos esperan cerca de la hoguera.- la voz de Hayden la hizo dejar de pensar y mirarlo. Sonrió y se dejó llevar por él hasta llegar a la multitud, permanecerían allí durante un par de horas y luego se esfumarían para juntarse con los chicos.
Desde que habían llegado una pequeña opresión en el pecho la había estado molestando. Ahora esa opresión había crecido, ella tenía un mal presentimiento y estaba empezando a sentirse ansiosa. Buscó con la mirada a Hayden pero no lo encontró, así que decidió seguir bailando. Hayden debía haber ido a por más pastillas, las que él tenía ya las habían ingerido.
Y así pasó el rato hasta que sintió unas manos rodeándola y pegándola a un cuerpo desconocido. Vio de reojo a un hombre bastante mayor mientras trataba de apartarse de él. El hombre, no contento con impedir que se alejara, siguió pegándose a ella juntando las caderas a su cintura. Brooke lo golpeó en el abdomen y consiguió que el tipo aflojara su agarre, logrando soltarse y girarse. Su mano se volvió un puño mientras giraba dispuesta a golpear al tipo, pero Hayden fue más rápido y lo dejó tirado en el suelo de un solo golpe.
Se giró hacia ella con el rostro bañado en ira. Había perdido el control, no soportaba que alguien que no fuera él la mirase. Así que el hecho de que ese tipo la tocara lo hizo enloquecer.
Se acercó a ella y la sujeto del brazo con fuerza, creando nuevas marcas.
-Eres una perra. ¿Desaparezco un rato y ya te restriegas con un idiota?-gritó, Brooke se estremeció en el sitio. Era la primera vez que lo veía tan enfadado, con tanta rabia en su interior. Sus ojos sin mostrar ninguna clase de emoción.
Quiso hablar. Pero no tuvo tiempo de hacerlo por el contacto del puño de Hayden contra una de sus mejillas, cerró los ojos unos segundos. Lo miró, él respiraba profundamente tratando de calmarse. La gente a su alrededor seguía bailando, ni siquiera se habían percatado del tipo tirado en el suelo.
-Estaba tratando de alejarlo.- la escuchó gritar tratando de hacerse oír.-¿Por qué te pones así?- preguntó confusa. Era la primera vez que lo veía así. Sí, él se enfadaba cuando alguien la miraba y más de una vez acababa golpeando a la gente o gritándole a ella. Pero era la primera vez que lo veía tan enfadado, viendo como sus ojos se oscurecían.
-Porque te quiero, joder.-gritó. Brooke palideció, sintió como el aire escapaba de sus pulmones, como la sangre aceleraba su paso. Sintió como su corazón se detuvo, saltó y volvió a latir mucho más deprisa. Mucho más rápido que cuando permanecía drogada. Mucho más rápido de lo que había latido alguna vez en su vida.
-¿Qué?- el susurro apenas fue audible, pero él la escuchó. La observó, observó a su pequeño ángel. Sabía lo que era, recordaba a su madre explicándole como se sintió cuando conoció a su padre. Ella le había explicado lo que era querer, como amar a una persona. A pesar de que ella detestaba a Hayden, se lo había explicado, pero nunca había mostrado cariño o aprecio por él.
-Te quiero- gritó. Las voces, los sonidos, la música y los gritos se detuvieron. El tiempo le pareció ir más lento. Su latido se intensificó.
Ahí estaban. Esas dos simples palabras que tanto la aterraban. Aparentemente inofensivas, sí, pero con una enorme capacidad de destrucción en su caso.
Dos palabras que él nunca había escuchado hacia su persona. Dos palabras, las cuáles, él nunca había regalado a nadie.
Y ahí estaban ellos, en mitad de un descampado, en el centro de una gran multitud. Ahí estaban, un poco venidos abajo, un poco rotos. Ahí estaban, completamente drogados. Dos palabras pronunciadas justo después de un golpe, un golpe que se sintió como una caricia. Dos simples palabras, cargadas de complejos sentimientos y emociones. Dos palabras que ella no podía controlar.
Dos palabras que acabaron con todo.
Dos palabras que lo iniciaron todo.
~Nadie nunca va a quererte. No le importas a nadie. Y si algún día alguien te dice que te quiere o que le importas, no será real, no será verdad. Nunca nadie va a quererte niña estúpida.~
Las palabras de su madre resonaron en su cabeza. La confusión se hizo presente en su mente, su cuerpo entró en tensión. Su respiración se volvió irregular, a cada segundo le costaba más respirar.Lo miró a él, vio la preocupación en sus ojos. Y se asustó, se asustó porque en aquel momento se dio cuenta de algo a lo que nunca antes había prestado atención. Ella no sentía nada.
Y cuando él se acercó, ella hizo lo que mejor sabía hacer. Correr. Porque nadie le había enseñado a enfrentar los problemas.
No sabía como lo había logrado, pero se encontraba bajando sus últimas pertenencias del departamento antes de que él llegara. Y mientras bajaba las escaleras para acabar de cargar el coche pensó en él. Sabía que él no tardaría en ir por ella, pero no se esperaba que tardara tan poco. Se quedó paralizada cuando lo vio entrando a la pequeña recepción del edificio.
Hayden dirigió su vista a la maleta que ella llevaba en sus manos, también observó la mochila que llevaba colgando. Se armó de valor y pasó por su lado hasta llegar a la calle, dejó las últimas cosas al lado del resto de cajas que había llenado con sus cosas.
Él la persiguió y se colocó detrás suyo mientras la escuchaba respirar con pesadez.
-Bebes…fumas, gritas, golpeas, destrozas y hablas demasiado.- murmuró ella mientras miraba la calle. Sin sentirse preparada para encararlo, porque sabía que si lo hacía no podría irse.-Necesito irme…salvarme… Me merezco algo mejor que tú.- y lo hizo, le mintió, porque pensaba que era el único camino. Se giró a verlo. Él reía silenciosamente.
-Puedo beber y fumar si siento que debo hacerlo. Tengo todo el derecho del mundo a gritar cuando quiera, puedo golpear y destrozar tanto como crea que debo hacerlo. Igual que tú puedes irte si realmente quieres hacerlo, igual que puedes correr si sientes que debes hacerlo.- él se acercó hasta quedar a centímetros de su cuerpo.- No me importas en lo más mínimo, y nunca lo harás.- Y él también lo hizo, él mintió para que ella se fuera, para que ella hiciera lo que necesitaba hacer.
~No le importas a nadie.~
Las palabras volvieron a su mente. Y las lágrimas que había retenido se deslizaron por sus mejillas. Cargó la maleta y la mochila en los asientos traseros y se giró a mirarlo por última vez.
Él se maldijo por hacerla llorar, y tuvo que morderse la lengua para no besar las lágrimas que seguían deslizándose por sus mejillas, para no abrazarla y decirle que había mentido. Ella se acercó y dejó un beso en su mejilla, manteniendo los labios allí más tiempo de lo normal.
Hayden se deleitó con el olor de su pequeño ángel. Sabiendo que probablemente no volvería a oler su perfume nunca. Ella se alejó y subió al coche, y él sintió como si algo dentro suyo se quebrara.
Brooke aceleró y se alejó, viajando por carreteras poco transitadas. Con los recuerdos atacándola mientras las lágrimas seguían deslizándose. Aceleró, llevando el coche a toda la velocidad que este le permitía.
Ella conducía, conducía rápidamente, para escapar, para tratar de olvidar, para dejarlos atrás. Pero de una forma u otra ella sabía que no funcionaria, porque solo ella podía detener los recuerdos. Solo ella podía dejar de torturarse.