«Si sigues así no me recuperarás.»
-Levántate ya y suelta la botella. No puedes seguir así.- la voz de Brooke le había hecho alzar la cabeza, despegándola de la sucia superficie que era a barra del bar.
Era ella otra vez, parada a su lado mirándolo con esa cara que ella siempre pone cuando está enfadada. Podía ver la reprimenda en sus ojos mientras mantenía los brazos cruzados sobre su pecho.
-Brooke, ángel. Lo siento mucho sé que te dije que no lo volvería hacer pero…- la lengua se le trababa mientras trataba de formar una frase coherente. Ella negó con la cabeza y se alejó dando media vuelta, saliendo por la puerta trasera del bar. Él no tardó en dejar abandonada la bebida y seguirla al exterior tratando de no caerse.
La chica detrás de la barra negaba con la cabeza mientras veía al hombre salir del local. Se había pasado allí los últimos dos meses, embriagándose hasta olvidar su propio nombre. Se sentía mal por él, estaba claro que había perdido a alguien muy importante en su vida. Las últimas semanas había empezado a hablar solo, como si realmente allí hubiera alguien. Al principio eran sus amigos los que le recogían después de que ella llamara, las dos últimas semanas él hablaba solo durante un rato y luego desaparecía por la puerta trasera, solo para volver a aparecer la próxima tarde.
-Brooke ángel, amor mío, te echo de menos.- la seguía a través del callejón detrás del bar. Quería alcanzarla, rodearla con sus brazos y no volver a soltarla.
La siguió por las calles hasta llegar al departamento. Entró con cuidado de no despertar a los perros. Se tambaleó hasta la cocina, se dejó caer, recargándose en el marco de la puerta, observándola moviéndose de un lado a otro por la cocina. Unos minutos después sirvió una humeante taza de café recién hecho sobre la isla de mármol. La miró atentamente, queriendo saber si aquello era real o era tan solo un sueño. Se pellizcó las mejillas, Brooke no tardó mucho en reír mientras lo observaba pellizcarse el cuerpo.
-Soy real Hayden, me preocupo por ti y lo sabes, igual que también sabes que te mentí cuando dije todo aquello.- la escuchó murmurar mientras tomaba un primer sorbo, su lengua ardió mientras ella se sentaba en su regazo.
-Yo también te mentí Brooke, me importas demasiado, eres la primera persona en mi vida por la que me preocupo tanto…- lo hizo callar y acabarse el café para luego arrastrarlo hasta el baño y hacerlo quitarse la ropa mientras ella llenaba la bañera, añadiéndole sales y creando espuma.
El silencio reinaba en la habitación, solo se escuchaba el diminuto repiqueteo de las gotas que rebalsaban de la bañera. Se dedicaron a mimarse y cuidarse el uno al otro. Se abrazaron, se besaron, Brooke se dedicó a susurrarle palabras dulces mientras él la abrazaba y la apretujaba contra su cuerpo. Ella sabía que él solo se dedicaría a abrazarla y besarla, mas no hablaría de sentimientos o pensamientos. Él ya había tenido su momento dulce del día, y le era difícil hablar de cosas tan emocionales, esa era una de las pocas cosas que compartían. A ambos les costaba hablar de lo que pensaban o sentían, ella solía ser más dulce, pero eso solo duraba minutos.
-Quiero que te pongas bien Hayden. Si sigues así no me recuperarás.- ella dejaba que sus manos se deslizaran por su tatuado pecho mientras él la observaba. Todavía pensaba que ella no era real, que tan solo era uno de sus sueños, una fantasía. Pero una pequeña duda paseaba por su cabeza, tal vez ella era real, tal vez se dedicaba a buscarlo y cuidarlo para luego desaparecer mientras él dormía.
Brooke permanecía a horcajadas sobre él, con una pequeña sonrisa en sus labios. Lo observaba mientras el se quedaba en silencio y con la mirada perdida. Quería que la mirara, quería que él la viera, que supiera que era ella.
Se arrastró sobre su cuerpo dejando pequeños y delicados besos sobre su torso, bajo por su abdomen y siguió bajando hasta el inicio de sus calzoncillos. Para entonces él la observaba atentamente, sus hermosos ojos claros tornándose oscuros con los segundos, su masculinidad cobrando vida.
-Ángel…- la advertencia era clara en su voz. Pero ella solo sonrió y retiró la ropa. Besó y lamió su miembro a lo largo, como si se tratara de un chupachups . Una pequeña risa escapó de sus labios cuando lo escuchó inspirar con fuerza, se había sentado quedando apoyado en el respaldo de la cama.
-Sólo quiero jugar cariño.- él se retorció cuando ella habló, dejando escapar el aire sobre su entrepierna.
Enterró las manos en su cabello cuando ella volvió a lamer. Jugando con él y su autocontrol, haciéndolo enloquecer. Dejó escapar un gruñido cuando sintió que su boca lo rodeaba, y tiró de las hebras castañas obligándola a moverse más deprisa. Brooke chupó, lamió y dio algún que otro mordisco, provocando que de los labios entreabiertos de Hayden escaparan pequeños gemidos.
Brooke se retiró dejando un beso en la punta de su miembro, provocando que él soltara un gruñido, abandonó la cómoda superficie de la cama y se deshizo de la poca ropa que llevaba encima. Hayden se había sentado a los pies de la cama, observándola como si de una divinidad se tratara, y es que para él ella era una Diosa, un ser difícilmente alcanzable.
-Te necesito Hayden. Necesito que estés a mi lado amor.- ella permanecía a horcajadas sobre su regazo, sus labios haciendo contacto con los de Hayden mientras él respiraba con dificultad.
Sentía las uñas de Brooke creando heridas en sus hombros mientras la penetraba con lentitud. La besó mientras sus manos bajaban hasta hacer contacto con su trasero, apretando la carne mientras ella gemía en su boca. Brooke aceleró el ritmo, empujando su pecho con las manos hasta que quedó tumbado en la cama. La observaba moverse con rapidez sobre él, con los labios entreabiertos dejando escapar pequeños gemidos. Sus manos buscaron su rostro, acarició sus sonrojadas mejillas con los pulgares y se impulsó hacia arriba quedando sentado en la cama. La besó, jugando con sus labios y su lengua, probando el adictivo sabor que tanto ansiaba. Permanecían envueltos en una nube de calor, solo ellos dos junto al débil sonido de la lluvia.
-Hayden…- el estruendo que inundó la habitación la hizo callar.
Él abrió los ojos, la confusión no tardó en aparecer cuando se encontró solo en la habitación. Parpadeó un par de veces mientras se levantaba y caminaba hasta el espejo del baño. Nada, no había rasguños en sus hombros, ni los labios rojos e hinchados. Como si todo hubiera sido un simple sueño.
El estruendo volvió a resonar. Se movió siguiendo el sonido hasta ver la pantalla iluminada de su móvil, no recordaba haberlo dejado en la cocina. Aceptó la llamada cuando el móvil volvió a sonar.
-Disculpe, ¿es usted Hayden Steel?- él murmuró una afirmación. Se había petrificado al ver la taza de café a medio tomar que permanecía sobre la encimera. Empezaba a dudar de su cordura. ¿Había sido real? ¿O tan sólo un sueño?-… la señorita Stone permanecerá ingresada en el centro hasta que finalice la rehabilitación. Será un placer recibirlo en el centro si decide venir a visitarla. – la voz de la mujer pronunciando el nombre de su ángel lo había sacado de su ensoñación. Aquello no había sido real, tal vez había sido su ebria imaginación queriendo hacerle pasar un mal rato.
La mujer siguió hablando con él durante una hora más. Él la escuchaba mientras maquinaba un plan para recuperarla, estaba seguro de que los chicos lo ayudarían a ingresar en ese centro. Apuntó la dirección y el teléfono del centro, esperaría hasta que Brooke pasara las primeras semanas del mono y luego iría por ella. Iba a recuperarla, por difícil que fuera la iba a traer de vuelta.
Tal vez era el estado de ebriedad en el que se encontraba o que realmente él la quería en su vida. Pero haría todo lo posible por intentar dejar sus vicios, porque la Brooke del sueño tenía razón. Si seguía de esa forma no iba a recuperarla.