#16

“Es una sensación tan increíble, tan perfecta… Es como estar lleno de electricidad. Sientes el impulso de saltar, de levantarte de golpe. Necesitas moverte, sentir que puedes hacer cualquier cosa. Te sientes vivo, libre… Eres feliz, y te aseguro que esa sensación es mejor que cualquier droga.”

-Cuéntame, ¿Cómo va vuestra relación?- la terapia con Shadya seguía avanzando. Brooke estaba a punto de alcanzar el final de terapia. Su vida había dado un cambio. Brooke había superado muchos obstáculos durante los últimos cinco meses.

-Va mejor, es tan distinto a como era antes. Es decir, ahora veo a mi nueva yo y veo a la antigua. Y puedo ver el cambio que he hecho este último año. Y te aseguro que a veces me siento ridícula, es decir, cosas que antes me preocupaban ahora me parecen tan tontas. Ahora me cuesta mucho menos identificar mis emociones, sigo expresándolas poco, pero aún así es mucho más fácil de lo que habría imaginado nunca. Ahora, cuando estoy con él, sé cómo me siento, a veces me cuesta y se me hace difícil. Pero no es nada comparado con antes.- había pasado tiempo, mucho tiempo. Brooke y Hayden lo habían conseguido, ambos estaban limpios y habían vuelto a empezar su vida juntos.

-Me alegro mucho, después de lo que habéis pasado, os lo merecéis ambos.- Shadya sujetaba las manos de Brooke. Estaba orgullosa de la chiquilla, recordaba lo mal que había llegado a su consulta el primer día. Brooke tenía una depresión horrible y ni siquiera lo sabía. Lo que Shadya no sabía es como esa chica había aguantado tanto tiempo viva. Porque una depresión como la que había superado esa chica, podría haber matado a cualquiera.- Por cierto, aún no me has contado que hizo Hayden para pedirte que volvieras con él.- la risita de niña que Brooke había soltado hacía que a Shadya se le ensanchara la sonrisa.

-En realidad parece una tontería, cualquiera diría que no es para tanto, que hay cosas mejores. Pero, para mí, fue algo tan profundo a nuestra manera. –

Brooke se había desvelado a mitad de noche, todavía no se acostumbraba a la nueva habitación que le habían asignado. Hacía un mes que había llegado a la tercera fase y había podido acceder al jardín comunitario. Al haber alcanzado la fase tenía que escoger un nuevo bloque al que trasladarse. Tenía que integrarse con el resto de personas en su misma fase. Ya no tenía la necesidad de consumir, había momentos en los que flaqueaba, pero los ejercicios de Shadya la ayudaban.

 Le habían dado a escoger los bloques a los que podía trasladarse. Y por supuesto ella había escogido el bloque de Hayden. Habían hablado, no sobre su relación, pero si habían pasado tardes juntos hablando de tonterías. Lo echaba de menos, quería volver a sentir sus labios en ella, quería volver a dormir entre sus brazos. Pero necesitaba que esta vez empezara él.

El baño de la habitación era más pequeño que el de la primera, pero la última era compartida. No se acababa de acostumbrar a tener una habitación solo para ella. Echaba en falta la presencia de sus amigas, pero ellas habían avanzado más rápido en el tratamiento.

Hayden observaba la silueta de Brooke sentado en la cama de la chica. Tenía una sonrisa pintada en la cara, obviamente la chica seguía tan despistada como siempre. No lo había escuchado entrar, ni siquiera había escuchado como se le había caído el lienzo que tenía apoyado en la puerta. A ella le había dado por la pintura, también la veía por el jardín comunitario de un lado a otro correteando con una cámara entre sus pequeñas manos. Su pequeño ángel había descubierto su pasión por el arte. Después de haberse pasado años estudiando y consiguiendo títulos, para conseguir un trabajo bien pagado. Tal y como le habían recomendado, y prácticamente incrustado en la cabeza, en el orfanato. Pero él sabía que ella no querría eso en un futuro. Y los lienzos desparramados por la habitación le estaban dando la razón.

Brooke se había sobresaltado al verlo allí en su cama observando la habitación. Pero estaba contenta de que estuviera allí. Las noches que él se colaba en su habitación y le acariciaba el cabello mientras ella fingía dormir la habían llenado de alegría. Sabía que seguía siendo importante para él.

-¿Estás preparada ángel?- las palabras habían salido en un susurro. Y Brooke apenas había podido procesarlo cuando él ya la había cargado sobre sus hombros. Y salía de la habitación cerrando de una patada.

-¡Hayden!- susurró gritando.- ¿Dónde demonios vamos? ¡Estoy en pijama!- sus intentos de patalear y bajarse de sus hombros eran inútiles. La mantenía sujeta con ambas manos.

Para cuando llegaban al aparcamiento Brooke ya no pataleaba ni intentaba bajarse. Ambos reían y charlaban, y Brooke sentía un ligero calor en su pecho y mejillas. Le hacía ilusión el tener una especie de cita con él. Si es que aquello se podía llamar así, porque lo único que había hecho Hayden por el momento, había sido arrastrarla fuera de su dormitorio sin explicarle nada.

Para cuando Brooke había dejado de fantasear, Hayden la observaba sentado en su moto. Sonreía invitándola a sentarse detrás de él. Estaba tan perdida en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que él la había dejado en el suelo.

-¿Dónde iremos?- la inocente voz de Brooke mientras enroscaba los brazos a su alrededor, lo dejaba atontado. ¿Qué podía hacer? Esa chica lo mataba.

-Primero te llevaré a comprarte algo de ropa para que te puedas quitar ese pijama. Más tarde te llevaré a desayunar, y cuando empiece a amanecer te llevaré a unos cuantos lugares que necesitamos ver.- Hayden sintió a Brooke asentir contra su espalda mientras el motor rugía. – ¿Estás lista?- él no esperó la respuesta de la chica, solo dio gas a la moto y fue en dirección a la primera parada que harían esa noche.

Brooke sostenía entre sus piernas y la espalda de Hayden el nuevo bolso de tela fina en el que había guardado su pijama. Se aferraba a la espalda del chico mientras él solo aceleraba y aceleraba. El límite de velocidad había aumentado a noventa y Hayden solo daba más gas. Brooke aflojó un poco el agarre y miró por encima del hombro del chico. No había nada, solo ellos y la carretera abierta. Ciento cinco por hora y la aguja del cuentakilómetros seguía subiendo. Brooke sintió el pecho de Hayden vibrar. Ciento treinta, el rugido del viento ahogaba el sonido de la risa del chico. Ciento cincuenta, Brooke reía con él. Ciento sesenta, Brooke dejó ir el agarre de sus manos y se aferró a Hayden con las piernas. Alzó las manos al aire y dejó que su cabello volara haciendo compañía a sus brazos. Y gritó, gritó como nunca antes lo había hecho. Y Hayden la acompañó, gritó con ella mientras la moto cogía más velocidad. Gritaron de alegría, gritaron porque estaban vivos, gritaron porque eran libres.

Después de casi dos años separados por fin volvían a estar juntos en la carretera. Sintiéndose volar con el aire chocando contra sus rostros, y la electricidad invadiendo sus cuerpos. Sintiendo la emoción de cada segundo, disfrutando como nunca.

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