«Gritar, necesitaban hacerlo para desahogarse, para liberarse. Inhalar y expirar, para sentir que sus pulmones se llenaban de esa brisa que la volvía loca, y luego soltarlo todo de golpe.»
El sol empezaba a aparecer en el horizonte, el viento empezaba a mezclarse con la brisa marina. El olor del agua salada inundaba sus sentidos, mientras la silueta de su antigua ciudad empezaba a crecer a medida que se acercaban. Hayden había disminuido la velocidad al pasar el cartel que indicaba el nombre de su pequeña ciudad.
Después de una corta parada, en mitad de la nada, para echar gasolina y comprar algo para comer. Hayden y Brooke habían vuelto a la moto y no habían vuelto a parar hasta llegar a su ciudad. Brooke seguía sin estar segura de dónde la iba a llevar Hayden, pero confiaba en él. De alguna forma sabía que ese viaje iba a ser bueno.
Hayden detuvo la moto en el aparcamiento de un bar un tanto desastroso a las afueras de la ciudad. Ella lo había mirado sin saber qué hacían ahí, él se había encogido de hombros y había respondido que era la primera parada.
Brooke lo había seguido hasta la barra del bar. Aunque se había quedado paralizada durante unos segundos en la entrada. El olor de aquel lugar la había golpeado fuerte, Era una mezcla de alcohol y algo que probablemente no era tabaco. Su cuerpo había temblado hasta que Hayden la había sujetado de la mano, él la había arrastrado hacia unas mesas al fondo del local.
Brooke iba bien con la terapia, pero no había vuelto a estar en presencia de alcohol, o lo que fuera que estaban consumiendo los tipos sentados a un par de mesas de la suya. No sabía si iba a ser capaz de aguantar la tentación.
Hayden parecía saber lo que pasaba por su mente, pero él sabía que ella podía resistirse. Él sabía que Brooke era más fuerte de lo que ella misma creía. La abrazó mientras esperaban la comida que había pedido. Este era el local en el que él había estado desvanecido durante meses, ahogando sus penas en el alcohol.
Para cuando la comida estuvo servida en la mesa, Brooke había conseguido relajarse e ignorar el olor que la rodeaba. No tenía la necesidad de consumir, solo quería llenar su estómago después de tantas horas en la carretera.
-Este fue el bar en el que pasé los días, después de que tú te fueras. – Brooke había dejado de masticar cuando él había empezado a hablar. – Me pasaba los días bebiendo para no acordarme de ti, hasta que dejó de funcionar. Eran unas alucinaciones tan reales, aparecías por la puerta y me regañabas, me hacías seguirte hasta llegar a nuestra casa. Me preparabas un café y me llevabas a nuestra cama, me cuidabas y te asegurabas de que estaba bien. Pero después, cuando despertaba, tú ya no estabas. Y eso me mataba por dentro. Hasta que me desperté por el sonido del teléfono. Me llamaban del centro para decirme lo que había pasado, y en aquel momento lo único que pensé fue que por fin te había encontrado. – Brooke se había quedado pasmada, no esperaba que él lo hubiera pasado tan mal. Sujetó las manos de Hayden entre las suyas y las acarició suavemente.
No sabía que decir, no esperaba que la hubiera traído hasta aquí para decir eso.
-Hayden, ya estoy aquí. Me has encontrado. – él la rodeó con sus brazos y la estrechó contra su tenso cuerpo.
Y ella tenía razón, por fin la tenía a su lado. Y ese viaje era el modo de despedirse de todo lo malo que habían pasado, tanto él como ella. La llevaría al camping de caravanas, dónde habían vivido después de dejar el orfanato. Más tarde la llevaría al club al que habían ido de fiesta por primera vez, volverían a su antiguo piso y más tarde irían a su playa.
-Te he traído a este pequeño viaje porque necesitamos dejar atrás los malos momentos que hemos pasado en esta ciudad. Es una forma de despedirnos de nuestros antiguos hábitos. Y también para hablar de lo que pasó aquella noche, para aclararlo. Creo que es una buena idea para empezar nuestra nueva vida. – Brooke sonrió. -Mi psicólogo dijo que sería como una limpieza de nuestra basura mental. – la risita de Brooke consiguió que Hayden se relajara.
-Me gusta la idea.- Brooke dio un pequeño apretón a las manos de Hayden.
-Grita lo más fuerte que puedas, desahógate.- Hayden la observaba sentado en el capó de la camioneta. Brooke estaba de pie frente a la orilla del mar, el agua le rozaba los pies con cada ola.
Habían pasado el día en diferentes lugares a los que Hayden la había arrastrado. Acababan de llegar a la playa desde su antiguo piso. Brooke lo recordaba más alegre y más lleno de muebles. Cuando habían atravesado la puerta de entrada, Brooke se había detenido en el umbral del salón. No quedaba ni un mueble, y las cosas pequeñas estaban colocadas en cajas de cartón repartidas por todo el piso.
Habían pasado dos horas buscando las cosas que podían llevarse en la antigua camioneta. Y después de otra hora recolocando las cosas en las cajas, subirlas a la parte trasera de la camioneta y acomodarlas junto con la moto. Se había subido al asiento del copiloto mientras Hayden acababa de atar las cosas para evitar perderlas por el camino.
Brooke sentía curiosidad por ver que había en la parte interior de la camioneta. Recordaba el día que fueron a buscarla al desguace, era un trasto viejo y maloliente. Pero ella se había enamorado de ese trasto, y Hayden no había podido decirle que no. Brooke había arreglado el interior y había pintado la carrocería, mientras que Hayden se había encargado de arreglar el motor y reemplazar las piezas que fueran necesarias.
Hayden observó a Brooke rebuscar en la guantera mientras el subía al asiento del piloto.
-Pequeña cotilla.- había reído mientras ella daba un pequeño salto en su asiento. -¿Qué tienes ahí?- Brooke se había ruborizado ligeramente, le entregó el pequeño montón de fotografías que había encontrado en la guantera. Hayden las fue mirando con una sonrisa divertida, y se detuvo en una fotografía concreta. Se la enseñó a Brooke. – Esta, sin duda, es mi favorita. – Era la fotografía de sus primeras vacaciones juntos fuera del orfanato. Era la puesta de sol en su playa y tan solo se veía la silueta de Brooke.
Justo la playa en la que se encontraba en esos momentos, con sus pies empapados por el agua. Hayden la observaba desde el capó del coche con la cámara en sus manos. Quería renovar esa vieja fotografía, tener el antes y el después. Antes tenía el cabello más corto y más claro, ahora prácticamente le llegaba a mitad de los muslos y se había oscurecido.
-Grita, Brooke, grita.- él gritó para animarla a hacerlo. Ella lo necesitaba, para desahogarse y liberarse de las cosas malas que habían pasado en esa ciudad. Y ella lo hizo, volvió a gritar igual que lo había hecho cuando iban en la moto.
Brooke gritó con toda su alma, se inclinó hacia delante y se levantó de golpe, llevando su cabello hacia atrás, sintiendo la brisa marina chocar contra su cuerpo. Rió como nunca lo había hecho, sintiéndose una niña pequeña que veía por primera vez el mar. Relajó sus hombros e inclinó su rostro hacia el cielo. Sus ojos permanecían cerrados mientras respiraba profundamente. No se había dado cuenta de que echaba tanto de menos el mar.
Hayden dejó la cámara en el siento y se acercó a Brooke. La abrazó por la espalda y inhaló el aroma que ella desprendía. Ella lo sujetó de las manos brindándole suaves caricias.
-Grita conmigo ángel.- él susurró y ella asintió riendo. – A la de tres. Uno, dos, tres…- ambos cogieron aire y gritaron dejando salir todo el aire de sus pulmones. Respiraron con dificultad y rieron. – Tenemos que volver al centro ángel. Pedí permiso para un par de días, pero tenemos que ir volviendo. Tenemos unas cuantas horas de viaje. – caminaron de vuelta hacia la camioneta cogidos de la mano.
-Ha estado genial Hayden, me ha encantado, de verdad.- ella reclinó la cabeza en el asiento y cogió la cámara. Observó las fotos en la pantalla y fue pasándolas. – Faltas tú en las fotos, como mínimo tendría que haber una en la que aparezcas. – él negó con la cabeza mientras conducía para salir de la ciudad. Pero ella no estaba dispuesta a volver al centro sin una foto del viaje en la que apareciera él.