-¿Vas a rendirte ahora? ¿Solo por qué tienes miedo?- ella separó los labios tratando de formular una respuesta. Él se adelantó.- Mira, creo que puedo decir que te conozco. Y sé que no eres la clase de chica que tiene miedo, sé que eres la clase de chica que salta y se arriesga.- tan cerca de ella que casi podía sentir como su corazón se aceleraba.
Ella tragó saliva, dejando que él la acercara hasta quedar pegados a la gran máquina. Dejó que él llevara las manos hasta su pequeña cintura, y soltó un gritito cuando él la elevo del suelo dejándola sentada en la moto. Pero no la dejó mirando al frente, la sentó de manera que cuando él lo hiciera ella quedaría viendo su torso.
-Promete que no iras muy rápido.- la escuchó murmurar mientras hacía sonar el motor. Él sonrió y aceleró haciéndola abrazarse a su torso mientras soltaba un grito.
***
Y ahí estaba ella otra vez, luciendo como un maldito ángel en mitad de la pista de baile. Con esos jeans ajustándose a sus piernas, con una de las camisetas de los chicos que finalizaba en sus muslos; dejando entre ver su torso a los lados. Tal vez no exactamente un ángel, tal vez un ángel caído.
Él seguía sin entender como esa chica había logrado ganarse la confianza de todos sus amigos, tal vez incluyéndose él mismo en ese paquete. En unos pocos meses ella había logrado que todos ellos le tuvieran cariño, aunque él no se lo demostrara, también había logrado ser de importancia para él. Los chicos habían decidido explicarle a lo que se dedicaban, y sorprendentemente ella no había salido corriendo como cualquier otra persona habría hecho.
Le gustaba observarla bailar, en mitad de la gran multitud. Moviéndose de un lado a otro ignorando al resto de personas a su alrededor, como si no solo estuviera ella. Al menos le gustaba observarla mientras el resto de tipos a su alrededor se mantenían alejados de ella.
Brooke seguía bailando con los ojos cerrados, alzando los brazos cada cierto tiempo. Hasta que sintió unas manos apoderándose de sus caderas, abrió los ojos de golpe y se giró para observar al chico que la sujetaba. Él sonrió, ella le devolvió la sonrisa incómoda y trató de alejarse del chico. Él la sujetó con más fuerza y la pegó a su cuerpo.
-Suéltame por favor.-él sonrió pegándose más, Brooke se alejó un paso. Entreabrió los labios para hablar pero el chico que la sujetaba fue empujado hacia atrás. En su campo de visión apareció Hayden, con las manos hechas puños y el enfado pintando su rostro.
-Procura permanecer alejado de mi chica si no quieres hacerle compañía a tu hermano, Marcus.- lo escuchó murmurar mientras el chico lo miraba con una mueca entre terror y asco.
Lo vio alejarse y dirigió su mirada a Hayden que la miraba de arriba a abajo. De un momento a otro la arrastró fuera de la pista de baile, alejándola de todas esas miradas curiosas que los observaban sin disimulo.
La arrastró hasta que estuvieron junto a la moto, lejos de la discoteca y de las personas que se paseaban borrachas por los alrededores. Repitió el mismo proceso que había utilizado horas antes para subirla a la moto, y poder conducir hasta la caravana a la que se había mudado tras dejar el orfanato.
Él parecía molesto y su cuerpo se encontraba tenso, ella decidió callar esperando que él se calmara. Pocas veces lo había visto tan molesto, suponía que el tipo de la discoteca no le caía bien y verlo le había molestado.
Hayden detuvo la moto frente a la caravana y la aparcó a un lado mientras ella entraba y se sentaba en uno de los sillones. Lo observó entrar unos minutos más tarde, él caminó hasta el pequeño refrigerador y sacó dos cajas de cervezas. Se dejó caer en el sofá, dejando en el suelo las cajas y cogiendo dos botellines, la rodeó con un brazo y le pasó uno de los botellines. Ella no tardó en dar el primer trago mientras miraba por la ventana que tenían enfrente.
-Lo siento.- murmuró ella después de un par de botellas. Él soltó una risa vaga y la acabó de rodear con el otro brazo, arrastrándola hasta dejarla sentada en su regazo. Dejó unos cuantos besos en su cuello, haciéndola estremecer entre sus brazos.
No estaban borrachos. Sí, habían bebido, seis botellines cada uno para ser exactos, pero todavía no estaban borrachos. A ella le habían afectado ligeramente, pero Hayden seguía en sus cinco sentidos. Él se levantó del sofá con ella enrollada a su cuerpo como un koala. La mantuvo sujeta a su cuerpo mientras rebuscaba en las alacenas de la pequeña cocina, cuando encontró lo que buscaba le pasó a ella las botellas y los vasos de plástico. Caminó con ella en brazos hasta dejarla en el centro de la caravana. La sentó en el suelo y desapareció unos segundos por la puerta del pequeño dormitorio.
Ella reía ligeramente mientras empezaba a colocar los vasos en fila, cinco a cada lado. Rellenó los vasos con el líquido de la primera botella que abrió. Él apareció en su campo de visión con una pelota de ping-pong entre las manos. Ella le sonrió cuando él se sentó frente a ella.
-A jugar ángel.- ella se preparó para el primer turno.
***
-No es justo, tú tienes mejor puntería.-él empezó a reír mientras la observaba cruzar los brazos sobre su pecho, haciendo morros con los labios, justo al igual que una niña pequeña haciendo un berrinche. Se llevó el ultimo de sus vasos que contenía líquido a la boca.
A Hayden solo le quedaban dos vasos, pero ella había tenido que rellenar sus cinco vasos un par de veces. Dejando completamente vacía la botella de vodka. Cuando ella se acabó el licor la obligó a mirarlo.
-¿Qué tal si jugamos a otra cosa?- ella asintió con entusiasmo mientras sonreía. Él se acabó el licor de sus vasos y recogió los de ella dejándolos a un lado junto a los suyos. Colocó la botella vacía en el espacio que había entre ellos dos y la hizo girar. Ella empezó a reír al saber que el quería jugar a la botella, negó suavemente con la cabeza mientras lo miraba.
-Venga solo somos dos, así no tendrás que besar a algún imbécil.- su comentario la hizo reír y finalmente acabó aceptando.- Bien, primera ronda beso en la mejilla, segunda ronda beso en el cuello.- mientras hablaba la iba mirando esperando a que ella negara. Siguió hablando cuando vio que ella no lo haría.- Tercera ronda beso en los labios, en la cuarta ronda me dejas quitarte la ropa.- ella lo miró mal y él empezó a reír como un niño pequeño.
-Eres un tonto Hayden.- murmuró ella con dificultad. La lengua empezaba a trabársele dificultando su tarea de hablar. Él siguió riendo mientras hacia girar la botella, cuando esta se detuvo apuntando hacia Brooke él sonrió como un crio al verla acercase hasta que sus piernas se tocaron.
Ella dejó un beso en su mejilla y él hizo lo mismo. Cuando ella se levantó para volver a su puesto él tiró de ella hasta dejarla sentada a horcajadas sobre él.
-¿Y si nos saltamos la parte de girar la botella? De todas formas nos va a tocar a nosotros dos.-murmuró mientras hacía viajar sus labios hasta la mejilla de Brooke. Ella dejó escapar un suspiro entrecortado. Dejó que sus manos viajaran hasta los fuertes hombros de Hayden mientras el seguía bajando con besos por su cuello.
La escuchó jadear cuando sus labios llegaron a su clavícula. Sonrió mientras dejaba un par de besos allí. Adoraba lo inocente que ella se veía y sonaba, pero sabía que eso no era nada más que una simple apariencia, Sabía que ella no era tan inocente ni dulce como aparentaba ser.
Él subió los labios rehaciendo el camino. Se detuvo cuando rozó sus labios con los de ella y la sintió temblar en sus brazos. Presionó sus labios con los de ella y los mantuvo allí, moviéndolos lentamente esperando a que ella correspondiera. Ella mantenía los ojos cerrados mientras disfrutaba de la suave presión que ejercían los labios en movimiento de Hayden, respondió al movimiento mientras alborotaba su pelo. Entreabrió los labios para quejarse cuando él le mordió el labio inferior, pero la lengua traviesa de Hayden no le permitió ni jadear cuando ya se encontraba jugueteando con la suya.
Cuando el aire parecía escapar a su alrededor se separó lentamente observándola. Ella permanecía con los ojos cerrados, con los labios rojos e hinchados respirando entrecortadamente.
Y aunque la mayoría de gente en la ciudad pensaría que ella estaba loca. Brooke no podía hacer más que ocultar la sonrisa que tiraba de sus labios. Acababa de regalarle su primer beso al chico que la gente consideraba el monstruo de la ciudad. Y no podía estar más feliz por ello.