«Tenía tres oportunidades. Un hombre que la adoraba y le aseguraba una vida tranquila. Un hombre que necesitaba su cuerpo y la divertía. Y por último, un hombre de negocios que la deseaba y le ofrecía una vida de lujos.»
-Te odio, voy a vengarme por esto.-Ashton ignoró los comentarios de Brooke y siguió caminando con ella a través del oscuro pasillo.- Pienso arrancarte las bolas y hacer que te las tragues, pedazo de….- Ashton la hizo mirarlo y Brooke calló de golpe.
Arrastró a Brooke hasta los lavabos del local. La hizo entrar y se aseguró de que nadie los viera.
-Escúchame, solo tienes que hacerte pasar por camarera. Es fácil, ya me he encargado de conseguir que trabajes en el sótano.-Brooke suspiró y asintió.- Allí lo único que tienes que hacer, es fijarte en las cartas de los ricachones y hacer las señales. Recuerda, bueno para mí…-Brooke se tocó la nariz disimuladamente. Ashton asintió dándole ánimos.-Malo para mí…-Brooke se retiró unos mechones de cabello sueltos.- Lo ves, puedes hacerlo. Confío en ti.- Ashton la besó, sujetando sus caderas y haciéndola jadear. Su pequeño tanga tenía la necesidad de desaparecer.
Brooke se retiró y se arregló el uniforme, de camarera, que Ashton había conseguido. Se arregló la trenza, asegurándose de dejar unos mechones sueltos. Ashton se quedó observándola, le encantaba esa chica.
-Me debes una gran noche.-la escuchó murmurar. Ella se arreglaba el cabello frente al espejo.-Y cobraré mi deuda.- Levantó la mirada conectándola con la de Ashton y le guiñó un ojo. Él no pudo evitar el gruñido que salió de su garganta, estaría más que encantado de pagar esa deuda.
-Cuando tu quieras, muñequita.- él la rodeó con los brazos, ambos mirándose a través del gran espejo.
-¿Sabes? Me pone mucho cuando veo, a través de un espejo, las cosas que me haces.- Ashton dejó un mordisco en el cuello de Brooke. Le gustaba la cara de niña buena que tenía mientras murmuraba esas sucias palabras.
-¿Cómo puedes parecer tan niña buena, siendo tan mala?-Brooke rió y se encogió de hombros, giró en los brazos de Ashton y le acarició el rostro suavemente.
-Eres la primera persona que ve que no soy tan buena como parezco.-el susurro que ella dejó escapar, junto con el suave y lento beso que dejó en su mejilla, hizo que a Ashton le temblaran ligeramente las piernas.
Ella sonrió y se alejó de él, salió del baño y se dirigió hacia el sótano. No sabía como Ashton había conseguido meterla en aquella partida de póker. Lo que sí sabía, era que le iría mejor si no hacía preguntas. Sabía que clase de vida era esa, la había visto durante años, con Hayden y su antigua familia. Aunque nunca había estado directamente involucrada, ella tenía curiosidad.
-Bienvenidos señores.-Brooke se sobresaltó al oír la voz del hombre que entraba por la puerta. Ella permanecía detrás de la barra junto a otra chica.- Entren y siéntense.- detrás del pequeño y regordete hombre entraron otros tres, entre ellos Ashton. Y detrás de él, apareció una inmensa mata de rizos que le robó el aliento.
Su nuevo jefe la observó sorprendido, con el ceño fruncido, Brooke evitó su mirada y empezó a hablar con la otra chica. No entendía qué demonios hacía un hombre como él en ese lugar. Aunque debía admitir, que le gustaba la vista de un hombre tan elegante, ahora vestido en tejanos y en una chaqueta de cuero, con los rizos perfectamente despeinados.
Evitó mirar hacia la mesa mientras los escuchaba reír. Se esforzó en concentrarse en lo que había venido a hacer. Ashton confiaba en ella, y ella quería ayudarle a ganar esas partidas.
Los hombres empezaron a pedir bebidas entre risas, Brooke preparó la bandeja y salió de detrás de la barra junto con la otra chica. Brooke se movió alrededor de la mesa, sirviendo las bebidas y observando disimuladamente las cartas de los jugadores. Se aseguró de que sólo Ashton se diera cuenta de las señales.
-Preciosa, ¿Por qué no te sientas aquí conmigo?- el viejo regordete la sujetaba de la cintura, con una sonrisa pervertida, provocando que Brooke sintiera náuseas.
Brooke notó como Ashton y su jefe se tensaban, miró a su compañera pidiendo ayuda.
-Señor, si lo que quiere es compañía, podemos traerla, pero nosotras solo servimos bebidas.- cuando el hombre la soltó, Brooke le agradeció inmensamente a su compañera.
-Bueno, tampoco eres gran cosa…- ella ignoró el murmullo de aquel hombre y se acercó a la barra.
-Gracias por eso.-susurró mientras preparaban los pedidos. Su compañera le guiñó un ojo y sonrió.
-Estos hombres son peligrosos, si están en esta partida, es porque en esta ciudad son de los más poderosos que hay.- la chica susurraba vigilando de reojo la partida.- Hay una norma en este sitio que puso nuestro jefe para protegernos. Aquí abajo ellos no pueden tocarnos si nosotras no lo permitimos, es decir, que aquí abajo mandamos nosotras. Recuerda eso, y soportar los comentarios que hacen será mucho más fácil.- Brooke asintió lista para otra ronda.
-Señores, creo que esta partida, es mía.- murmuró Ashton, sonriendo mientras dejaba ver sus cartas. Las quejas de los demás se hicieron presentes enseguida.-Tranquilos, señores. Yo invito a esta ronda.- Ashton sonrió, se había dejado ganar un par de veces, pero las tres últimas partidas había recuperado el dinero perdido.
Brooke y Nicole sirvieron la última ronda de bebidas, recogiendo los vasos vacíos que había sobre la mesa. Notó sobre ella la intensa mirada de su jefe, le regaló una sonrisa traviesa y se alejó hacia la barra moviendo las caderas. Quería molestarlo un poco, y de paso divertirse.
Notó un golpe en su trasero mientras dejaba la bandeja sobre la barra, soltó un grito y se giró bruscamente. Los demás hombres reían, mientras que el viejo que la había sujetado al principio la miraba sonriente.
Ella sonrió y entrecerró los ojos, cerró el puño y lo estampó contra la fea nariz del hombre. Este se retiró con las manos tapándose la cara, y las risas cesaron. Brooke se acercó al hombrecillo y volvió a golpearlo, esta vez con la mano abierta sobre la garganta. Haciéndolo tropezar y caer al suelo respirando con dificultad. Apretó el zapato de tacón contra la entrepierna del hombre haciéndolo gritar.
-Si vuelve a ponerme una mano encima, le aseguro que esto, no será nada comparado con el dolor que sentirá.- ella se retiró, deshaciendo la trenza que ataba su cabello, y volvió junto a Nicole en la barra. En esos momentos Brooke se alegraba de haber salido con Hayden, él se había encargado de que ella pudiera defenderse sola.
Los demás jugadores la observaban sorprendidos, claramente no esperaban que una chica tan pequeña pudiera hacer eso.
-Tienes que enseñarme a hacer eso.- Nicole sonreía mientras limpiaban los vasos. Brooke le sonrió y asintió encantada.
Ashton la acorraló contra la puerta del deportivo. Brooke lo besó deslizando las manos por su cuello. Mordisqueó suavemente los labios de Ashton, dejando escapar un jadeo cuando él se apretó contra ella.
-Me ha encantado verte ahí esta noche.-murmuró él, mientras sus manos se colaban bajo el pequeño vestido de camarera.- No sabes lo duro que me ha puesto verte trabajando conmigo.- sus manos subieron por el interior del vestido, dejando su tanga al descubierto.
-Lamento interrumpir…-Brooke se apartó de Ashton rápidamente, había reconocido esa voz.
-¿Harry, qué te ha pasado hoy? Solo has ganado una partida, tío.- Brooke los observó, bajando su vestido, mientras los dos hombres se saludaban.- Mira, ella es el pequeño demonio.-Ashton se acercó con Harry para presentarlo a Brooke. Ella rodó los ojos por el estúpido mote.
-Así que ella es la chica de la que me hablaste.-Ashton asintió. Brooke frunció el ceño confundida.
-Ella nos ayudará a ganar las partidas.-Harry asintió y la observó con una sonrisa traviesa.
-Que conste, Ash. Que me has traído aquí engañada, me habías dicho que era un favorcito. No trabajar para la mafia.- Brooke se dirigió directamente a Ashton, estaba mosqueada.- He aceptado porque eres mi amigo, pero…-
-Venga, Brooke. Te podemos hacer de oro.- Brooke se enfadó.
-Me importa una puta mierda el dinero que pueda conseguir. ¿No te ha quedado bastante claro esta mañana en mi apartamento? Si quisiera estar involucrada con la mafia, o lo que coño sea esto, me habría quedado con mi ex.- Ashton suspiró y se acercó a Brooke, tratando de convencerla. Ella abrió los ojos de golpe, se apartó y se escondió detrás de ambos hombres.
-Brooke. ¿Qué haces?- ella lo mandó callar observando cuidadosamente hacia la puerta del club. Ashton y Harry miraron hacia la puerta, y Ashton pudo ver a Hayden salir de allí.- Me cago en la puta. ¿Te está buscando?- Ashton se giró hacia Brooke y ella asintió. Soltó un grito cuando vio que Hayden se acercaba hacia ella.
-¿Quién la está buscando?- Harry no acabó de entender qué pasaba.
-Ángel, tenemos que hablar.- no tenía escapatoria, él la había sujetado de la mano y la había arrastrado lejos de Ashton y Harry.- ¿Qué haces aquí? Es peligroso.- Hayden acarició suavemente el rostro de Brooke.
-No me toques Hayden.- él cerró con fuerza el puño, odiaba que ella lo tratara así, le hacía perder el control.- Creo que todo quedó bastante claro.-
-Lo único que quedó claro es que te estás follando a ese imbécil.- él se acercó peligrosamente a Brooke. Ashton y Harry se tensaron al lado del coche, listos para llevarse a Brooke de allí.
La sangre de Brooke hirvió, estaba enfadándose mucho, odiaba que él creyera que todavía tenía control sobre ella. Se alejó de él y se apoyó contra la pared de ladrillo del local.
-Hayden, cariño. Ya no tienes ningún control sobre mí, y ¿Sabes qué?- él se acercó.- Sí, me estoy follando a ese imbécil, y me encanta. Me folla de una forma que me roba el aliento, y lo disfruto más de lo que disfrutaba con…- Hayden levantó la mano haciéndola volar contra el rostro de Brooke. Ella jadeó sintiendo como su rostro picaba, su mejilla quemando mientras Hayden respiraba pesadamente.
Brooke giró su rostro observando a Hayden, él trató de hablar. Ella se apartó y se alejó de él. Vio a Ashton acercarse con las manos hechas puños. Brooke se acercó a él y lo abrazó, él trató de apartarla para ir a por Hayden.
-Déjame matarlo, muñequita.- ella negó con la cabeza y lo abrazó más fuerte, tratando de evitar que siguiera avanzando.
-Ash, por favor, no lo hagas. No vale la pena, cielo.-la temblorosa voz de Brooke le hizo detenerse. La abrazó y la sostuvo en brazos, volviendo con ella al coche. La dejó en los asientos traseros y cerró la puerta.
Brooke observó como Harry y Ashton hablaban, él le entregó las llaves del coche a Harry y se encaminó hacia Hayden.
-¡Ashton! No lo hagas.-Brooke trató de salir del coche, ellos habían puesto el seguro.- Harry, no dejes que lo haga, Hayden le hará daño, está loco.- trató de convencer a Harry cuando él entró en el coche y empezó a conducir alejándose del local.
-Ashton estará bien, tranquila Brooke.- él la miró a través del espejo retrovisor. La invitó a pasar al asiento de copiloto. Brooke se coló entre los dos asientos y se deslizó sobre el asiento del copiloto- Te saldrá un moratón.-murmuró mientras la observaba de reojo. Ella se encogió de hombros.
-Tranquilo jefe, estoy acostumbrada a taparlos.- tenía la mejilla adormecida. Giró el rostro para observar a Harry, él sonrió al notar su mirada en él.- Entonces, ¿Sois una especie de mafia?- la pregunta salió de sus labios libremente. No la había pensado demasiado.
-Algo así, pero tranquila. Si tú aceptas, solo será en las partidas de póker, igual que esta noche. Si por lo contrario, no quieres tener nada que ver. Buscaremos a otra persona, tú tranquila por eso.- Brooke aceptó, de todas formas se había divertido esa noche. Al menos, hasta que Hayden había aparecido.- No dejaremos que te metas en problemas, lo último que quiero es que te hagan daño.- él deslizó una mano para darle un apretón a la pequeña rodilla de Brooke.
Brooke aguantó la respiración, no sabía que estaba pasando con ella, con estos dos hombres. El ambiente se cargaba cuando alguno estaba cerca, pero cuando se juntaban Brooke apenas podía mantener las bragas en su sitio. Los pezones se apretaban contra su ropa y la necesidad la quemaba.
Deseaba a los dos hombres, los deseaba muchísimo, pero tras lo ocurrido esa noche. Brooke no sabía si estaba dispuesta a entrar en ese tipo de mundo, no quería arriesgarse a tirar a la basura la rehabilitación. Pero ella necesitaba una vida en constante movimiento, no podía estancarse en una vida aburrida, eso sería su perdición.