#28

«Era mala porque nunca se quedaba demasiado tiempo como para poder echar raíces.»

-¿Brooke, estás bien?- no, ella no estaba bien.

Había notado como el calor abandonaba su cuerpo, había tenido que recostarse contra la mugrosa pared de aquel edificio abandonado. Harry y Ashton la habían rodeado preocupados.

-¿Pequeño demonio, qué pasa?- Ashton la ayudó a caminar hasta el exterior del edificio. Harry y Ashton la sentaron en el capó del coche de uno de sus socios.

El rugido de los coches y los gritos de la gente inundaron los oídos de Brooke. Ella apenas podía pensar con claridad, no podía creer lo que sus ojos veían, había intentado hablar con él, intentar explicarlo, pero había sido inútil.

¿De dónde demonios había sacado Derek fotos de la noche en el motel de Annabelle? Y ¿Quién cojones se las había enviado?

Harry le quitó el móvil de las manos, los dedos de Brooke empezaban a quedarse blancos de la presión que ejercía sobre la pequeña BlackBerry.

-Mierda…- el susurro de Harry hizo que Ashton frunciera el ceño.

-¿Qué coño ha pasado?- Ashton le quitó el móvil a Harry. Se quedó atónito, desde luego no se esperaba aquello, su siguiente reacción fue gritar y alejarse de allí maldiciendo.

-Brooke, siento mucho que él…-Brooke negó con la cabeza y estampó sus labios contra los de Harry. Moviéndolos con fuerza, buscando la lengua de Harry con la suya.

-Me da igual que Derek se haya enterado, lo que me preocupa es Annabelle. Si Jayden ve esas fotos, la dejara.- Harry asintió y la abrazó. -¿Por qué era tan importante la partida de esta noche?- Se encaminaron hacia el área de salida, esquivando la concentración de gente que rodeaba los coches allí aparcados.

-Te lo explicaré más tarde, es complicado.- Harry la arrastró hacia el coche más apartado de aquella multitud.

A medida que se acercaban, Brooke pudo visualizar a dos chicas apoyadas contra el coche. La que parecía más alta estaba sentada en el asiento del piloto, con los pies haciendo figuras en el suelo. La otra, estaba apoyada en la puerta trasera mientras fumaba lo que parecía un porro.

-¡Señoritas!- la potente voz de Harry hizo que las dos chicas se sobresaltaran en su sitio. La que estaba sentada sonrió, mientras que la otra le miró mal.- Brooke, ellas son nuestras dos campeonas de las carreras ilegales de las Vegas.- Harry señaló a las dos chicas.

-Hola, perra. Yo soy Rut, la adorable y con cara de ángel guerrera y loca. Oh, y por supuesto, soy puta frustrada.- la chica que estaba sentada se levantó y se acercó a ella sonriendo.

Brooke rió cuando la chica la apretujó entre sus brazos. La soltó y volvió a acercarse al coche, acariciándolo suavemente y dejando un beso sobre el capó.

-Mi querido bebe, vas a hacernos ganar otra vez. ¿A que sí?- Brooke rió, estaba casi segura de que ese coche era el amor de su vida.

-Veo que te gustan los scirocco TSI 2.0 de 360cv.- Harry observó a Brooke con el ceño fruncido.- ¿Qué? Qué parezca una niña buena y toda inocente, no significa que lo sea.- Brooke se encogió de hombros, Rut pegada al coche rió.

-Me caes bien, chica.-

-Yo soy Danielle.- la otra chica había apagado el porro contra el suelo y se había acercado hasta sentarse en el capó.

-Bueno te habrás dado cuenta, de que Danielle, no es la más habladora.- la chica le dirigió una mala mirada y le sacó el dedo medio. Harry rió y se alejó de allí con Brooke.

-Jefe, hay rumores de que hoy habrá redada.- la voz de Danielle hizo que Harry se detuviera.

-Tranquila, si la hay, que lo dudo, como mucho detendrán a un par de menores de edad que haya por aquí.- ambas chicas asintieron y subieron al coche. Brooke se tensó al escuchar aquello, si la pillaban allí tendría un problema.

Harry la llevó hacia el lado más alejado de la multitud, la hizo subir a unas viejas gradas mientras escuchaban el disparo que daba inicio a la carrera. Brooke se acercó a la barandilla para poder observar los coches.

Hacía mucho tiempo que no iba a un lugar como aquel, la primera vez fue cuando cumplió los dieciséis. Hayden los había colado en una carrera, sabía que a Brooke le gustaban los coches y quería hacerle un regalo original.

-¿Te gusta, ángel?- la voz de Hayden apenas había llegado a sus oídos. El ruido de los coches rugiendo inundaba sus oídos, y la música saliendo de los altavoces estaba haciendo su cuerpo vibrar.

-Me encanta, Hayden. Esto, es una pasada. ¿Me traerás más veces, por favor?- Brooke había suplicado con los ojos.

Le encantaba aquel sitio, la gente bailando y animando a sus favoritos a ambos lados de la pista, aquel lugar era pura vida. Había más coches aparcados en el centro de aquel descampado, gente bailando, gritando y bebiendo.

-¿Qué está haciendo la gente de esos coches?- Hayden rió cuando vio qué coches señalaba Brooke.

-Pues en esos coches probablemente o estén follando o fumando porros.- Brooke rió con él y se giró a mirarlo cuando él le acarició el cabello.- Eres preciosa, Brooke. Pareces tan poco real a veces, pareces tan estable e inofensiva…- él acarició suavemente el rostro de Brooke.

Ella sonrió, con esa sonrisa que a él le robaba el aire. Luciendo tan inofensiva que a él le costaba creer que estaba completamente equivocado. Observándola reír, dándose cuenta de que ella reía, porque sabe que algún día estallará.

-No soy estable, Hayden. Si tan solo supieras, que mis planes son mucho más grandes que esto…-

Hayden nunca preguntó por aquello, y de alguna forma, ella supo que él no la había entendido. Ni él, ni nadie la había entendido. A veces creía que no eran capaces de ver más allá de su apariencia inofensiva.

No decía que ella fuera mala, al contrario, ella era buena persona. Sus intenciones no eran malas, no quería hacer daño. Pero a veces, simplemente, no se daban cuenta de que todo era demasiado para ella, y ella simplemente se perdía.

Ella era mala en el sentido de su estilo de vida, de sus compañías. En el sentido de que a veces se volvía demasiado salvaje e inestable. En el sentido de que a veces necesitaba huir, estallar en algún lugar y gritar hasta quedarse vacía. Era mala porque nunca se quedaba demasiado tiempo como para poder echar raíces.

-Mira, ahí llegan, las primeras.- Harry señaló el scirocco de Rut, sacando a Brooke de sus pensamientos.

Se inclinó sobre la barandilla, observando el coche de las chicas pasar la meta a toda velocidad. La gente estalló en gritos a su alrededor, y no tardó en unirse gritando a todo pulmón.

Harry la abrazó por la espalda y gritó con ella, animando a las dos chicas. Le gustaba ver a Brooke tan animada.

-¿Vamos a buscar a Ashton?- él asintió y la guió hacia la multitud.

Harry continuó su camino hacia el edificio por el que habían venido. Estaban a unos pocos metros cuando a lo lejos empezaron a escucharse sirenas. Las luces azules y rojas aparecieron a lo lejos, haciéndose cada vez más grandes. Brooke volvió a entrar en tensión, aquello no era una buena señal.

-Harry, sácame de aquí.- él la observó confundido. La policía solía venir para molestar, los grandes jefes se encargaban de hablar con ellos, y en pocos minutos desaparecían de allí.

-Hablaran con los jefes, harán una pequeña redada y pedirán la documentación. Pero solo para hacer que los polis no corruptos no sospechen de porque tardan tan poco en volver a comisaria.-

-No lo entiendes, Harry. Aquí todos son mayores de edad y no pasa nada si están aquí, pero a mí todavía me quedan seis meses para cumplir los 21.- él soltó una maldición. ¿De verdad esa mujer era tan joven?

La agarró de la mano y entraron al edificio disimuladamente, mientras, algunos de los policías detenían a los más jóvenes. Harry la arrastró por los pasillos de aquel edificio, ella se dejó llevar mientras escuchaban las sirenas de los coches patrulla.

Llegaron hasta la puerta principal de aquel edificio, Harry la hizo subir al coche mientras llamaba a Ashton. Él había desaparecido, completamente enfurecido, con el móvil de Brooke. Y sabía que ella no se iría de allí sin él.

Harry no entendía que pasaba con Brooke, sabía que esa mujer le gustaba, pero también le gustaba a su amigo. Y él no quería entrometerse, pero ella simplemente era demasiado irresistible. No podía evitar la electricidad que lo recorría cuando ella estaba cerca.

-¿Ashton, dónde cojones estás? Brooke tiene que salir de aquí, al parecer el pequeño demonio es menor de edad, y la policía está haciendo redada.- Ashton se carcajeó a través del móvil.

-No me jodas, ¿La enana de verdad es una enana?- Ashton volvió a reír.-Déjala en mi casa, llegaré allí en diez minutos, la esperaré en la puerta.- Harry asintió y colgó el teléfono.

Se giró a observar a Brooke, que permanecía en el asiento del copiloto mordisqueándose las uñas. No pudo evitar reír viéndola mientras los nervios la devoraban.

Era una relación rara, bueno en realidad, toda ella era extraña. Era una mujer extravagante, completamente distinta al resto de mujeres que había conocido.

Tenía todo el aspecto de un ser divino, parecía la mujer más inocente del mundo. Pero en cuanto abría la boca, te dabas cuenta de que era más que una cara bonita. Era inteligente, lista y astuta, una mujer muy directa, sin miedo a decir lo que pensaba.

-Harry, no pienso irme sin Ash.- él sonrió a través del espejo retrovisor. Ella le había dejado huella, en tan solo un mes de conocerse.

-Me ha dicho que te estará esperando en su casa.- ella se mordió las uñas, con el ceño fruncido, sin acabar de creerse sus palabras. Pero finalmente asintió y se abrochó el cinturón.

-Te morderé si no es verdad.-ella sonrió desde los asientos traseros mientras le observaba conducir.

Le gustaba el Harry de traje, con su aura dominante y elegante, siendo un gran jefe. Pero también le gustaba el Harry de las noches. Vestido con tejanos, camiseta y su chaqueta de cuero negro. Con un aura que gritaba peligro y poder, sin perder su elegancia.

-¿Harry, puedo hablar contigo?- él desvió la mirada de la carretera durante unos segundos. Brooke lo tomó como una invitación y pasó al asiento del copiloto con cuidado.

-¿Qué te pasa, pequeña?- pasaban muchas horas trabajando en las oficinas, y ni siquiera ahí la había visto tan seria como lo estaba ahora.

-Tengo un problema.- él la observó mientras ella jugueteaba con sus manos.- Creo que me gustas.- ella le observó durante unos segundos y después desvió la mirada.

-¿Y qué problema hay? Tú también me gustas a mí, Brooke.- ella sonrió con tristeza.

-El problema es que creo que también me gusta Ashton. Y no es justo que me haya acostado con él y ahora contigo. Es como que estoy jugando con vosotros, y no me gusta eso.-

Brooke no había estado segura, pero el nudo en su garganta y en su pecho cada vez que lo pensaba, se lo habían confirmado. No le gustaba esa situación, la había hecho sentir incómoda.

Harry soltó un suspiro, no dijo nada durante el resto del camino hacia casa de Ashton. Y aquel silencio estaba destrozando a Brooke. Sus ojos picaban y el nudo en su garganta, que había desaparecido durante unos segundos, había vuelto más fuerte.

Quería llorar, quería sollozar y gritar, pero aquel nudo ni siquiera la dejaba hablar. Se arrepentía de haber dicho aquello, debería habérselo guardado.

-Debe de estar esperándote dentro. ¿Quieres que te acompañé?- Brooke negó con la cabeza y salió del coche a toda prisa. Quería hablar con él, pero no podía, aquel nudo no se lo permitía.

Se fue acercando al edificio, y cuando escuchó el coche de Harry alejarse, ella retrocedió. Se alejó del edificio y caminó a un lado de la carretera. Ella era una bomba de relojería, se había guardado demasiadas cosas y ahora se sentía a punto de estallar.

Necesitaba gritar, necesitaba dejar salir la presión. Y eso hizo, gritó y lloró sin dejar de caminar. Necesitaba alejarse, vaciarse por completo.

-¿Muñequita, estás bien?- escuchó una voz profunda delante suyo.

Alzó la cabeza observando a uno de los cuatro hombres que había allí. Negó suavemente con la cabeza, no se encontraba para nada bien. El hombre bajó de la moto y se acercó a ella, quitándose la chaqueta de cuero.

-¿Quieres que te llevemos a algún lado?-Cuando llegó a su lado le colocó la chaqueta sobre los hombros.

-¿Dónde vais?- su voz salió como un murmullo tembloroso.

El resto de moteros la observaron con simpatía, era una chica pequeñita con la voz rota y lágrimas en su rostro.

-Vamos hacia Phoenix. ¿Quieres acompañarnos?- el hombre le señaló la moto.

Cualquier persona con dos dedos de frente se habría alejado de allí, pero Brooke no era cualquier persona. Ella tenía una forma distinta de ver la vida, y sabía que las personas de aspecto peligroso, a menudo eran las que más te ayudarían en la vida.

Así que aceptó, subió a una de las motos, aceptando alejarse de todo lo que había conseguido en el tiempo que había vivido allí. Se marchó, con tan solo el vestido que llevaba puesto, el pequeño bolso en el que guardaba su pitillera, su monedero y sus llaves.

Se fue sin avisar a nadie, de todas formas, su BlackBerry la tenía Ashton. Cuando se encontrara  mejor se encargaría de llamar y hacer saber que estaba viva.

Pero en esos instantes, ella quería alejarse de allí.

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