#6

«No estoy siendo cruel contigo, solo digo las cosas como realmente son.»

-Cielo tienes que dejar de hacer esto. Hoy cumples seis años, hace ya uno que llegaste al orfanato Brooke. ¿Por qué no vamos a celebrarlo con el resto de niños?- Kate trataba de convencerla para volver al edificio, trataba de hacer que se alejará de la valla.

Le dolía ver a Brooke allí cada fin de semana, esperando que la mujer que tenía por madre volviera por ella. Le dolía mentir a la pequeña diciéndole que tal vez  su madre volvería el próximo fin de semana. Había pasado un año desde que Brooke llegó al orfanato, su madre la trajo el mismo día de su cumpleaños. Y ella seguía quedándose cada fin de semana esperando junto a la valla.

-No quiero ir, quiero esperar a mamá. Seguro que hoy viene a buscarme y volvemos a casa.- dijo la pequeña con una sonrisa repleta de inocencia. Y a ella se le rompía otro poco el corazón.

 No comprendía el motivo de esa mujer para abandonar a la pequeña de rostro angelical. Pero si podía ver el amor que esa niña le tenía a esa horrible mujer. Un año después y la pequeña todavía tenía esperanza de que su madre volviera a buscarla. Negándose a entrar en el edificio solo por esperar que su madre regresará.

-Venga, entre todos los niños te han hecho un regalo y los adolescentes también. Están deseando dártelos.- la animó Kate, Brooke la miró y luego volvió la vista más allá de la valla. Miró otra vez a Kate y se acerco estirando los brazos, permitiendo que la mujer la llevará en brazos hasta el interior del edificio en el que esperaban el resto de niños y adolescentes que vivían allí.

-Señorita Stone, ¿mi clase le parece aburrida?- aquella pregunta junto con las delicadas patadas que Alessa le daba por debajo de la mesa, la hicieron aterrizar de nuevo en la vida real y descansar de los recuerdos.

Ella negó mientras se dedicaba a abrir el archivo desde su portátil. El profesor volvió con el temario mientras ella empezaba a tomar apuntes en el libro blanco. Su amiga soltó una risita y ella la pateó por debajo de la mesa. Alessa llevó las manos a su boca para acallar el gemido de dolor. Ahora era Brooke la que reprimía una risa.

-Menos mal que dijiste de sentarnos al fondo…- empezó a hablar Alessa mientras se dirigían a sus taquillas buscando el material para su próxima asignatura. Brooke dejó de prestar atención a su amiga, se dedicó a imaginar lo que le esperaba en cuanto saliera de la universidad.

Al principio no le había gustado esta universidad, a pesar de que le habían ofrecido una beca completa. Tampoco le había gustado la idea de tomar clases por las tardes, pero al ver que podía diseñar su horario y escoger entre montones de asignaturas, decidió alistarse. Después de obtener la mejor nota del curso había llegado a casa una carta ofreciendo la beca. Cerrando así la boca de todas esas personas que le habían dicho que solo servía para estar con la cabeza en las nubes.

Le había demostrado a los estúpidos dueños del orfanato que era más inteligente que ellos, les había sorprendido y había hecho que Kate se sintiera todavía más orgullosa de ella.

Kate había sido realmente importante en su vida, incluso si Brooke no podía ver eso. Kate había sido como su madre desde su llegada al orfanato, y lo siguió siendo hasta que Brooke cumplió los 15 años, cuando conoció a Hayden. Desde ese momento el orfanato se había convertido en un lugar secundario, un lugar al que ir de vez en cuando para hacerles saber que seguía viva.

-¿Brooke me escuchas?- Alessa trataba de llamar la atención de Brooke mientras salían de la última clase. Como siempre, la tarde se le hacía corta.- ¿Brooke?- Brooke seguía en las nubes, últimamente se pasaba las tardes así, sin prestar atención a las clases, como si su cuerpo estuviera justo a su lado, pero ella estuviera lejos de todos.

Y ella lo veía, sabía que algo no andaba bien con su amiga. La conocía, o al menos eso quería creer ella. Últimamente Brooke aparecía en la universidad con más cardenales que de costumbre. Y cada vez que le preguntaba ella cambiaba de tema. Pero la otra noche, cuando estuvo en casa de su amiga, había escuchado gritos y golpes. Ella no quería pensar mal, pero el hecho de que su amiga apareciera con un par de marcas nuevas cada día, empezaba a hacerla sospechar. Ella sabía que su relación con Hayden era peculiar, no era la típica relación que se veía entre dos adolescentes. Sabía que se gritaban y se enfadaban un par de veces por semana. Pero luego los veía en alguna fiesta y parecía que para ellos allí no había nadie, solo los dos.

Una de las veces en que ella le preguntó por las marcas, Brooke rompió a reír y le respondió que a Hayden le gustaba duro, ella se sonrojó y Brooke siguió riendo. Pero está vez era distinto, las marcas en los brazos, cuello y piernas eran muchas. Y esas eran tan solo las que estaban a la vista, no quería pensar las que ocultaría tras las camisetas. No quería pensar que Hayden la golpeaba, pero los golpes y gritos que escuchó el otro día la hacían dudar de él. Y en caso de que fuera cierto y él la golpeara, no entendía porqué su amiga no lo denunciaba y se alejaba de él.

-¿Qué pasa?- escuchó que Brooke preguntaba, ella guardaba los libros que no necesitaría con tranquilidad. Era como si siguiera sin estar allí.

-Me he fijado que últimamente apareces llena de cardenales y marcas.- seguía observando a su amiga, tratando de identificar alguna reacción de su parte. El rostro de Brooke palideció un poco, sin embargo dibujó una pequeña sonrisa. Fue una sonrisa que Alessa nunca había visto, una sonrisa que la asustó.

-No te metas donde no te llaman Alessa, créeme que no quieres saber lo que pasa.- Brooke la miraba, con esa sonrisa. Y Alessa notó la amenaza detrás de sus palabras, escuchó crueldad en sus palabras. Se dio cuenta de que tal vez no conocía tanto como creía al pequeño ángel que tenía por amiga, y que tal vez no era tan angelical como todos creían.

#5

«Nadie nunca va a quererte. No le importas a nadie. Y si algún día alguien te dice que te quiere o que le importas, no será real, no será verdad. Nunca nadie va a quererte niña estúpida.»

-Mamá, mamá. ¿Dónde está papá? ¿Por qué no ha vuelto?- preguntaba la niña moviéndose de un lado a otro en el pequeño salón.

La mujer mayor la miró, se preguntaba como algo tan diabólico había permanecido durante nueve meses en su interior. Y lo culpaba a él, por supuesto, él había querido ese maldito bebé. Y para qué, para desaparecer cuatro años después dejándola sola con esa maldita criatura a su cargo.

-Cierra la boca maldita niña.- la pequeña enseguida dejó de moverse y la miró. Ella la adoraba, era su madre, la mujer a la que tenía como referencia, la mujer que la cuidaba.- Ese estúpido bastardo que tienes por padre no va a volver.- la niña la miró, con sus hermosos ojos claros destilando inocencia.

-¿Se ha ido porque no me quiere?- preguntó con la voz rota y lágrimas rodando por sus mejillas.

La mujer mayor empezó a reír, riéndose de la estúpida inocencia de la niña, riéndose porque ella se creía lo suficientemente importante como para importarle a alguien.

-Escucha maldita bastarda, tu padre nunca te ha querido, yo nunca te voy a querer, nadie nunca va a quererte. No le importas a nadie. Y si algún día alguien te dice que te quiere o que le importas, no será real, no será verdad. Nunca nadie va a quererte niña estúpida.- y se fue, desapareció por la puerta del maltratado piso dejando a la pequeña sola. Sola, un poco rota y  sin esperanza.

***

-¿A dónde vamos?-preguntó mientras la lluvia caía sobre ellas.

La mujer la miró, preguntándose como ese pequeño diablo podía ser tan ingenuo. Volvió la vista hacia la puerta y volvió a tocar. Escuchó pasos al otro lado y esperó hasta que abrieron la puerta y las invitaron a pasar.

-¿Mamá qué es este sitio?- miró a su alrededor viendo la gran recepción del edificio y todos los niños que correteaban de un lado a otro.

-Te quedarás aquí hasta el sábado, tengo que ir a hacer unos recados a la ciudad y no puedo llevarte conmigo. Esta señora cuidará de ti hasta que vuelva.- explicó, la pequeña miró a la otra mujer, ella la miró con una pequeña sonrisa compasiva, sabiendo que la otra mujer no volvería.

La pequeña se abrazó a la mujer con la que se quedaría, ella la cargó y la abrazó mientras veían a la mujer mayor desaparecer en la lluvia.

-¿Quieres que juguemos a algo? ¿O te enseño nuestro cuarto?- pregunto la chica con una sonrisa, Brooke la miró y devolvió la sonrisa. La chica le parecía simpática, parecía que a ella si le importaba.

***

-Brooke cielo, es tarde y te estás mojando, deberías entrar antes de resfriarte.- murmuró la chica mientras sostenía el paraguas.

Brooke no se movió. Siguió recostada en la valla esperando ver aparecer el coche de su mamá, esperando a que volviera por ella.

-Brooke cielo…- se giró para ver a Kate, con las lágrimas disimulándose con la lluvia.

Caminaron hasta el dormitorio, allí Kate se encargó de darle un baño caliente a la pequeña. Y mientras la secaba y vestía Brooke la miró, con sus pequeños y claros ojitos brillando.

-Se ha olvidado de mí…- y a ella se le rompió el corazón, viendo como un alma tan inocente como la de la pequeña se rompía poco a poco. Así que mintió, para que ella se alegrará.

-Seguro que viene el próximo sábado.- y la pequeña sonrió, creyendo que su madre volvería por ella.

-Brooke, Brooke.- volvió a sacudirla.- Despierta de una puta vez Brooke.- aquel grito la hizo sobresaltarse, abrió los ojos para ver como Hayden la movía queriendo despertarla.- Llegarás tarde a la universidad.- ella resopló escondiéndose bajo las sábanas.

 No quería ir, no quería salir de la cama. Había pasado la noche soñando con los estúpidos recuerdos del día en que su madre la dejó en el orfanato. No había podido descansar y lo último que quería hacer, era enfrentarse a los estúpidos profesores.

Hayden la agarró de un pie y tiró de ella arrastrándola hasta los pies de la cama. La cogió en brazos y caminó con ella hasta el baño. La colocó en la ducha y la encendió, haciendo a Brooke gritar por el agua fría.

Él reía mientras ella se congelaba, pero Brooke no tardó mucho en hacer que dejará de reír. Lo cogió de la playera arrastrándolo junto a ella al pequeño cubículo. Él dejó de reír y la miro mientras ella reía. Sonrió, una sonrisa traviesa, una sonrisa de las que a Brooke le roban el aire. Se quitó la ropa, quedando tal y como llegó al mundo. Ella dejó de reír, sabiendo lo que él pensaba.

-No, Hayden no. ¿Llegaré tarde a la universidad, recuerdas?- murmuró ella mientras se pegaba a la pared, alejándose de él. Cometió un error.

-Deberías haberlo pensado antes…-murmuró mientras se presionaba contra ella. Haciéndola sentir su masculina excitación.

Dejó descansar las manos sobre sus caderas y empezó a subirlas. Acariciando los contornos de su cuerpo, llevando consigo la camiseta con la que ella dormía y lanzándola fuera de la ducha.

-Por favor…-él ríe negando con la cabeza. Deslizando los labios por sus mejillas, bajando por el cuello y siguiendo el camino hasta sus clavículas. Deja un beso en ambas y sigue bajando.-Hayden hablo enserio, son las dos de la tarde y si sigues así voy a llegar tarde.- gruñendo una maldición vuelve a erguirse para plantar un beso en sus labios.

-Odio cuando me dejas con las ganas.-murmura sobre sus labios. Ella lo mira inocentemente antes darle un beso rápido y escabullirse de la ducha.

Se gira a mirarlo cuando no oye pasos detrás suyo. Su cerebro parece desconectarse y volverse líquido cuando ve la imagen de ese cuerpo hecho para el pecado recostado contra las baldosas, mientras el agua se desliza por él. Él parece sentir su mirada ya que se gira a mirarla, apoyándose en las baldosas y cruzando los brazos sobre su torso.

Ella no necesita formular la pregunta porque él ya sabe lo que esta pensando. Se ríe y con un gesto de la mano desvía la atención de la mirada de Brooke hacia su miembro dolorosamente erecto. Ella enseguida vuelve a mirarlo a la cara, con las mejillas completamente sonrojadas. Él vuelve a reír y ajusta la temperatura del agua.

-A menos que entres aquí conmigo y me ayudes con esto, preferiría que te fueras al dormitorio. Verte así no ayuda.-habla, recordándole a Brooke su desnudez. Ella se muerde los labios sintiendo su cara arder.- Por todos los demonios Brooke si no te vas de aquí ni todo el hielo del mundo podrá bajar esto.- habla exasperado.

Ella se sobresalta y se escabulle al dormitorio. Rebusca en los armarios hasta encontrar el conjunto que preparó anoche.

Una vez vestida rebusca en las alacenas algo que llevarse para la hora del descanso. No suele comer nada durante la media hora libre que se les permite, pero hoy se ha levantado a tan solo una hora de entrar a la universidad. Por lo que sus tripas rugen como un león hambriento.

 Finalmente se decide por coger una pieza de fruta y guardándola en el bolso sale del departamento camino al campus.

Hayden que la observaba desde el marco que da al salón se ríe. Ni siquiera se ha dado cuenta de que la observaba. Es una de las cosas que le gusta de ella, esa capacidad que tiene de centrarse tanto en algo que no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor.

Decide perseguirla hasta la recepción del edificio; donde, sin ella darse cuenta, la eleva en brazos y la dirige hacia la moto. Ignorando sus protestas y gritos sobre llegar tarde a la universidad hace que rodee su torso.

-¿Prefieres ir andando o que te lleve?- grita cansado de las protestas, ella calla sabiendo que en verdad se ha enfadado.- Lo tomaré como que te llevo yo.- e hizo sonar el motor antes de ponerse en marcha. 

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#4

«A pesar del dolor siguen sintiéndose como besos.»

El sabor del tabaco mezclándose con el alcohol, el alcohol mezclándose con las pastillas. La música retumbando en sus oídos, el rugido de los coches alternándose con los gritos. Vida.

Aquellas fiestas en las que todos acababan borrachos o drogados. Música, alcohol, sexo y drogas. Una fiesta digna de película.

-Brooke.- grita alguien a sus espaldas. Se gira en mitad de la multitud solo para ver a Hayden acercándose a ella con una sonrisa tonta en el rostro. Y ella lo sabe enseguida, ha fumado.

Él la abraza, envolviéndola con sus brazos, protegiéndola de las miradas del resto de hombres de la fiesta. Ella responde envolviendo las piernas alrededor de su cintura haciendo que él la cargue.

-Te miran mucho.-murmura en su oído. Ella rie y lo besa. Suave, tierno y salvaje a la vez.

Están tan enganchados el uno al otro que no se dan cuenta de la tierna risa de la bajita chica que los observa parada justo a su lado.

-Parece que os estéis devorando.- murmura con el rubor cubriendo sus mejillas. Brooke es la primera en reaccionar, apartándose precipitadamente de Hayden y saltando a los brazos de la chica. Brooke ríe en los brazos de la castaña.

 Ella adora a esta chica, y ambas recuerdan con todo detalle el día en que se conocieron.

-Ali,¿qué haces aquí? Odias estas fiestas.- la pequeña castaña suelta una sonrisa risueña, clavando sus azulados ojos en Brooke. Y entonces Brooke se da cuenta, se da cuenta del porque su tierna amiga está en un lugar como este. Ella está apunto de tener un ataque.

Se gira en busca de Hayden pero este ya ha desaparecido. La mira a ella y la agarra del brazo empezando a caminar lejos de la multitud. Buscando con la mirada el coche de su amiga, hasta que lo encuentra y caminan hacia él.

-Venga siéntate, y toma la pastilla.- la castaña se ríe mientras traga la pequeña píldora y se recuesta en el sofá, quedándose dormida a los pocos minutos.

Brooke suspira con cansancio y pesar, sabe que Hayden se enfadara con ella por no haberle avisado que se iba, pero su amiga la necesitaba.

Sonríe viendo como la pequeña castaña duerme en el sofá, Brooke adora a esa chica como si fuera su propia sangre. En parte porque ella nunca ha tenido a nadie que se preocupara por ella excepto a esta chica.

Ella no sabe que es lo que siente por esa chica, solo sabe que no quiere que se vaya de su vida.

-Perdona lo siento mucho, no miraba por donde iba, Dios perdóname.- las manos de la chica empiezan a temblar mientras Brooke se levanta.

-Tranquila, estoy bien.- Brooke normalmente habría gritado lo muy estúpida que la chica era por no mirar por donde pisa. O probablemente se habría reído de lo extremadamente tierna que es la chica, pero con tan solo ver la reacción de la chica sabe que ella no está bien.

Las personas siguen transitando por la calle mientras ellas dos permanecen paradas. Brooke se asegura de recoger su skate y mira a la chica que sigue temblando con una intensa mirada de culpabilidad en los azulados ojos de la chica.

-De verdad lo siento mucho…- Brooke de la nada empieza a reír y la chica la mira incrédula.

-No es como si hubieras matado a un cachorrito, tranquila estoy bien.- Brooke sonríe a la chica, con esa sonrisa de ángel que la caracteriza.

La chica sigue negando, disculpándose una y otra vez. Hasta que Brooke la calla invitándola a tomar algo.

-¿Por qué estabas tan asustada antes?-pregunta Brooke interrumpiendo las risas, tanto las suyas como las de la chica. La castaña la mira confundida.- Ya sabes, cuando hemos chocado. – la chica enrojece y agacha la mirada.- Oye si no quieres contármelo está bien.-

Alessa la mira sintiendo la sangre subir a sus mejillas.

-Solo tengo 15 años, los psiquiatras dicen que a esta edad es muy difícil saberlo con seguridad, pero están bastante seguros de que es sociopatía. Como todavía no están seguros no quieren que tome antipsicóticos, así que prácticamente me paso cada día tratando de ser mi lado tierno e intento apartar mi lado psicótico. Y el hecho de que alguna que otra vez consumo drogas, bueno, no es que me ayude demasiado.- murmura sin dejar de jugar con sus manos sobre la mesa.

Brooke sonríe y se levanta para sentarse a su lado y abrazarla.

-Te ayudaré.- Alessa levanta la cabeza para mirarla, sonríe con los ojos brillando, tratando de no llorar.- ¿Amigas?- la pequeña castaña ríe y la abraza .

La puerta siendo cerrada con fuerza la saca de sus recuerdos, haciendo se que quede de pie delante del sofá.

Eleva la cabeza solo para ver a Hayden, con los brazos cruzados sobre su pecho. Pero no es eso lo que hace que Brooke se asuste, es la forma en que su cara no refleja lo que está sintiendo, es la forma en que sus ojos brillan con ira.

Trata de tragar el nudo en la garganta cuando él se acerca y la agarra del brazo arrastrándola hacia el dormitorio. Brooke omite el grito que se construye en su garganta por la fuerza que él está ejerciendo en su brazo.

Una vez han llegado al dormitorio y él cierra la puerta, el nudo en su garganta ya es prácticamente imposible de deshacer. Con miedo se gira para mirarlo, y no se da cuenta de que es lo que ha pasado hasta que trata de girarse y mirarlo desde el suelo. Viéndolo con la mano alzada, preparado para dar otro golpe.

-¿Cuántas veces, tengo que decirte que tú no te vas de ninguna fiesta sin mi?- se agacha hasta estar a su altura, metiendo la mano en su pelo, agarrándola del cuero cabelludo levantándola del suelo por el cabello.

Brooke grita y trata de alejarse mientras contiene las lágrimas, pero eso solo le sirve para acabar siendo estampada contra la puerta. Hayden repite la acción y vuelve a golpear su cabeza contra la puerta. Ella grita y le suplica que pare, pero ella sabe que no parará porque ella le ha desobedecido.

Un golpe más, otro y otro más hasta que la suelta alejándose de ella, pasándose las manos por la cara. Brooke se desliza por la puerta hasta acabar en el suelo, pegando las rodillas a su pecho, escondiendo la cabeza. Conteniendo las lágrimas mientras muerde sus labios tratando de aguantar el dolor de los golpes.

Y es en momentos como ese en los que ella debería salir corriendo, gritarle lo mucho que le odia y lo muy arrepentida que está de haberle conocido. Pero eso no es lo que ella siente, ella le tiene miedo cuando está así, cuando él tiene un ataque de ira. Pero no le odia, no cree hacerlo, a pesar del dolor los golpes siguen sintiéndose como besos, y ella sabe que eso no es sano, pero le gusta cuando él se pone violento. Le gusta cuando él está enfadado. Pero a pesar de ello, en vez de correr y huir de él, ella solo se levanta como si nada hubiera pasado y lo abraza. Porque sabe que eso es lo que él necesita, y eso es justamente lo que hace en este momento.

Cuando se siente capaz de levantarse y ya ha conseguido que las lágrimas contenidas desaparezcan, se levanta y camina hasta estar detrás de Hayden y lo abraza por la espalda. Apoyando su dolorida cabeza en su musculosa espalda.

-No me gusta ponerme así contigo Brooke.-murmura girándose y abrazándola.- Sabes que no me gusta tratarte así…-

Brooke lo abraza más fuerte, buscando refugio entre sus brazos.

Le hace mirarla, se miran, son esas miradas de cariño que los amigos de ellos ven. Son las miradas que ellos se tienen el uno al otro, son las miradas de las cuáles no saben el significado. Pero si saben que son miradas que les hacen saber que son importantes el uno para el otro.

#3

«Un alma rota busca aquella alma que sea capaz de unirse con la suya y volverse una con ella.»

-¡Míralo! ¿Es él?-jadeaban en susurros las personas a su alrededor.

-Dicen que estaba en prisión.- murmuró un hombre pasando por su lado.

En esta maldita ciudad todos conocen a Hayden, y todos lo odian. Excepto Brooke y sus amigos.

Para algunos es el chico con problemas de ira y una mala vida. Para otros es un criminal que ama destruir a las personas. Para otros es un asesino despiadado, un enviado del infierno. Lo que solo Brooke sabe, es que ese chico nunca ha tenido una familia que le quiera, nunca nadie le ha murmurado un «te quiero». Nadie sabe que era el hermano mayor que se había convertido en criminal por poder mantener a su pequeño hermano. Es un chico con el alma rota, un chico que quiere amor, es el chico malo que ningún padre quiere cerca de sus hijas.  Es el amigo que mata por ti. Brooke sabe que Hayden es la clase de chico que ama la destrucción. Sabe que algún día, ese chico sobrepasara los limites y la dañara.

 Él es la clase de chico que una vez encuentras, te advierte de las consecuencias de permanecer a su lado, la clase de chico que te dice las normas y eres tú quién decide si alejarse o quedarse. La clase de chico que te pone a prueba y ve cuál es tu limite, es la clase de chico…que una vez superas las pruebas, te hace un pequeño hueco en su corazón. Te conviertes en algo esencial en su fragmentada alma. Hayden es la clase de chico que una vez te ha visto y  le has interesado, te atrapa. Y una vez te atrapa, no te suelta hasta romper y destruir cada pedacito de tu alma. Para unirla con la suya, para mantenerte a su lado siempre.

Y Brooke sabe la clase de chico que él es, porque ella es la única chica, que a pesar de saber las consecuencias se ha quedado con él. Porque es la única chica que aún conociendo las normas, que aún después de enfrentar el oscuro mundo del chico, aún así, es la única chica que se ha quedado. Ella es la única chica que ha afrontado todas las dolorosas pruebas y obstáculos que él ha colocado con la esperanza de alejarla. Ella es la única chica que se ha quedado el tiempo suficiente para captar su interes. Ella ha sido atrapada por él, y no encuentra nada que pueda sentirse mejor, que estar atrapada por él. Que ser destrozada y dañada por él.

El dolor que ellos se provocan no es nada comparado al que pasan al estar separados.

Hayden la observaba mientras permanecia recostado en el carrito de la compra. Esa chica había logrado atraparlo, y él se pregunta como eso es posible. Nunca se ha sentido tan bien como cuando está con ella. Con ella a su lado se siente indestructible, imparable, simplemente no encuentra las palabras para describir lo que siente cuando está con ella.

Le gusta mirarla cuando está concentrada, le parece divertido la forma que ella tiene de fruncir el ceño cuando piensa mucho en algo.

-¿Vendrás a cenar esta noche?- la delicada voz de Brooke resuena a su alrededor. Él la mira mientras la ayuda a cargar las últimas bolsas en el coche.

Se recuesta de espaldas a la puerta del piloto, lo mira esperando por una respuesta. Él solo está ahí parado, observándola. Sonríe y se acerca hasta dejarla acorralada entre el coche y su pecho. Baja la cabeza hasta rozar sus labios. Brooke se muerde los labios y suelta una pequeña risita, porque sabe lo que él trata de hacer, sabe lo que él intenta. Ella sabe que él trata de distraerla y no hablar del tema, porque él es así, él no enfrenta los problemas, no enfrenta las situaciones. Él huye porque es lo único que le han enseñado en la vida.

Solo un minuto más. Brooke vuelve a rodar en la cama, esperando a su chico. Esperando que regrese ileso de su trabajo. Ella odia el trabajo de Hayden, no le gusta nada que pase todo el día fuera, corriendo el riesgo de ser atrapado por la policía. Tampoco le gusta cuando, durante la madrugada, el teléfono resuena por todo el departamento. Haciendo que Hayden se levante de mal humor y tenga que ir a hacer algún encargo. Tampoco le gusta cuando llega golpeado y herido, no le gusta verlo de esa forma.

El chirrido de la puerta principal la hace reaccionar, levantándose a toda prisa y colocando el seguro a la puerta del dormitorio. Tal y como Hayden le ordena cada noche que él tiene que salir. Se deja caer hasta el suelo apoyada contra la puerta y observa el  despertador, viendo como este marca las tres de la madrugada. No sabe porque, pero esa hora la aterra. Tal vez las historias contadas por sus padres cuando era pequeña le afectaron más de lo que quiere creer, en especial la de el «Tiempo Muerto».

Cuando el reloj se acerca a la hora de las 3 de la madrugada, algo extraño sucede en el mundo. El velo entre vivos y muertos se vuelve mucho más fino, eso permite el libre paso entre las diferentes dimensiones. Demonios, fantasmas y criaturas interdimensionales acceden a nuestra realidad para atormentarnos mientras dormimos. Brooke la recuerda como si fuera ayer el día en que sus padres la aterrorizaron con esa historia antes de ir a dormir. 

Escucha pasos pesados y lentos resonar a través del pasillo que separa la puerta principal del dormitorio. Finalmente los pasos se detienen frente a la puerta, ella contiene la respiración mientras tratan de abrir la puerta.

Segundos después escucha una risa del otro lado.

-Nena, agradezco que me hayas hecho caso, pero ábreme la puerta.- Hayden se ríe mientras que ella suspira aliviada. Se abalanza sobre él justo después de abrir la puerta, provocando las carcajadas de Hayden.- ¿Por qué no estás dormida?- pregunta con la cabeza enterrada en su cabello, guiándola hasta la cama. Se dejan caer mientras suspiran con cansancio.

Brooke por no haber dormido, Hayden por el encargo.

-No puedo dormir si no estás conmigo…- susurra. Él se acomoda sobre su pecho y cierra los ojos.

-Me gusta saber que dependes de mí tanto como yo de ti.- y la sonrisa que aparece en sus rostros es tan real como lo que ellos tienen, tan real como que sus corazones se aceleran cuando están juntos.

Tan real como que ellos se aman sin saberlo.

#2

«Deseosos por vivir.»

-Espera, espera. No tengo condón.- jadeó. Brooke gimoteó y se retorció entre sus brazos, desesperada por acabar. Él aquietó sus movimientos, sujetándola a él; sus pieles, húmedas por el sudor, se deslizaban una contra la otra.

Estaba tan perdida en la pasión, en el dolor de no haber podido acabar. Lágrimas rodaron por sus mejillas. Su cabeza cayó hacia atrás, sobre su hombro, él la observó. El brillo de las lágrimas realzó el brillo esmeralda de sus ojos, mientras luchaba por contenerlas. La pasión se hizo más fuerte, mientras la impaciencia la dominaba.

Él volvió a moverse, llevándolos de nuevo hacia arriba. Pero entonces ella cayó en la cuenta de lo que significaban las palabras que él había dicho.

-Para, esto no está bien.- pero él ya no la escuchaba. Seguía moviéndose ignorando las suplicas de Brooke. Se inclinó hacia delante y hundió los dientes en la mano que le rodeaba el pecho.

Hayden gruñó, después rio y gimió al instante, cuando su miembro se meció dentro de su estrecho canal. Su lengua se deslizó por las marcas sangrantes que le había dejado ella. El ataque le insufló un salvaje deseo. Su verga se agitó con la afluencia de sangre fresca, haciéndole hincharse de una manera que resultó dolorosa. La inclinó de nuevo, empujando sus omóplatos, dejando su mitad superior pegada al colchón.

Brooke trató de alejarse, trató de apartarlo, la agresividad del momento la hizo retorcerse contra él y luchar por liberarse. Hayden disfrutó viendo como su chica trataba de oponerse a él. Pero él vivía, sobretodo, a partir de sus instintos. Y este le exigía dominarla. La dejó tratar de oponerse, solo para luego demostrarle su habilidad para dominarla.

Finalmente su indulgencia y paciencia llegaron al límite.

—¡Quieta! —gruñó suavemente. Buscó, el ya apenas visible, mordisco que ella tenía en el cuello. Provocado hace semanas debido a él y su agresividad en el sexo. La mordió, rompiendo nuevamente su piel y probando el dulce sabor metálico de su sangre.

Brooke gimoteó ante el dolor que, segundos más tarde, se convirtió en placer mientras él la sujetaba para lanzarse a unos empujes más profundos y duros. Una y otra vez se introdujo en ella mientras la dominaba con los dientes.

Un temblor sacudió su cuerpo, haciéndola estremecer, sintiendo sus brazos convertirse en gelatina. Pudo sostenerse gracias al agarre que le suponía la mordedura de Hayden y la repetida invasión de su palpitante miembro.

Se empujó contra él cuando escuchó su gutural gruñido, junto con una maldición. Ella se empujó desesperada hacia atrás, ayudándole a enterrarse hasta la raíz.

Su vaina se ensanchó, amoldándose al hinchado miembro que la invadía, cerrándose fuertemente cuando llegó al paraíso, cayó sobre las sábanas que la esperaban. Hayden seguía moviéndose sobre ella, buscando su propia liberación. Sintió otro duro pulso del enterrado miembro de Hayden, gimió y tembló cuando otro orgasmo la hacía palpitar alrededor de él. Se percató de que Hayden permanecía a su espalda, su pecho subía y bajaba al compás de sus propias respiraciones, en ese instante fue consciente del hecho de que él había comenzado a correrse.

Se dejó caer sobre ella, rodeándola y acariciándola. Intentaron relajarse, inspirando oxigeno para que sus pulmones pudiesen trabajar.

—Ya está, nena. Relájate.-jadeó Hayden.

Brooke giró quedando de espaldas al colchón. Recogió del suelo una de las camisetas de Hayden y se la puso. Él se apoyó sobre sus brazos y volvió a dejarse caer sobre ella. Escondiendo el rostro en su cuello. Ella alargó el brazo hacia la mesita de noche, rebuscando en el pequeño cajón, la caja metálica que mantenían guardada allí. Se quejó cuando sintió a Hayden incorporarse de golpe y quitarle la caja. Él se inclinó hacia delante en la cama una vez que lo mantenía sujeto con los labios.

Brooke lo miraba atontada mientras Hayden lo encendía. Tenía algo. A ella le gustaba observarlo encender los cigarrillos, aspirar, tragar y luego echar el humo. Le hacía lucir caliente. Atrapó su labio inferior entre los dientes mientras le veía dar la primera calada. Como si él supiera lo que ella pensaba, se giró a mirarla y le sonrió mientras dejaba salir el humo.

La apegó a él y colocó el cigarrillo delante de sus labios. Brooke negó con la cabeza. No era exactamente un cigarrillo, ella sabía que en la caja no solo había tabaco. Este era un poco más grande que los cigarrillos. Un porro.

Hayden sonrió y le dio otra calada. Se acercó a su rostro y la agarró de las mejillas. Haciendo fuerza, obligándola a abrir los labios. La besó, dejando salir el humo en su boca y alejándose. Observando como ella tragaba el humo y lo dejaba salir. Al instante se encontraba ligeramente mareada, con una sonrisa atontada amenazando salir de sus labios.

No era la primera vez que fumaba un porro, o que jugaba a pasarse el humo con él. Pero le seguía afectando de una forma rápida. Le quitó de los dedos el porro y ella misma le dio una calada. Con el deseo de hacer que él se sintiera orgulloso de ella.

Hayden sonrió, estaba corrompiendo al ángel, a su ángel.

Y así pasaban los fines de semana. Los viernes por la noche él acababa en el trabajo e iba a recogerla a la universidad. Se dirigían a las fiestas del descampado; bebían, bailaban, se drogaban… Pasaban la noche drogados, sin ser conscientes de nada a su alrededor excepto del otro. Seguían así hasta la madrugada y al día siguiente se despertaban tirados en algún lugar cercano al de la fiesta; alguna casa en la que se colaban, tal vez algún coche o en el mismo suelo. 

Durante todo ese día se mantenían bajo los efectos de alguna droga, ya sea la que Hayden conseguía o la que alguno de sus amigos les pasaban. Durante la noche de ese día, viajaban hasta la pequeña playa que solo ellos y los amigos de Hayden conocían. Una vez llegaban montaban una hoguera y se dedicaban a volar, hasta despertar el día siguiente, subir a la moto y volver a casa. Durante ese último día, llegaban a casa, dormían un rato y Hayden la despertaba de una forma ardiente. Pasaban horas en la cama y después pasaban lo que les quedaba de tarde fumando o jugando con sus mascotas.

Los lunes, se despertaban deseosos de que la noche llegará. Deseosos de vivir.