#16

“Es una sensación tan increíble, tan perfecta… Es como estar lleno de electricidad. Sientes el impulso de saltar, de levantarte de golpe. Necesitas moverte, sentir que puedes hacer cualquier cosa. Te sientes vivo, libre… Eres feliz, y te aseguro que esa sensación es mejor que cualquier droga.”

-Cuéntame, ¿Cómo va vuestra relación?- la terapia con Shadya seguía avanzando. Brooke estaba a punto de alcanzar el final de terapia. Su vida había dado un cambio. Brooke había superado muchos obstáculos durante los últimos cinco meses.

-Va mejor, es tan distinto a como era antes. Es decir, ahora veo a mi nueva yo y veo a la antigua. Y puedo ver el cambio que he hecho este último año. Y te aseguro que a veces me siento ridícula, es decir, cosas que antes me preocupaban ahora me parecen tan tontas. Ahora me cuesta mucho menos identificar mis emociones, sigo expresándolas poco, pero aún así es mucho más fácil de lo que habría imaginado nunca. Ahora, cuando estoy con él, sé cómo me siento, a veces me cuesta y se me hace difícil. Pero no es nada comparado con antes.- había pasado tiempo, mucho tiempo. Brooke y Hayden lo habían conseguido, ambos estaban limpios y habían vuelto a empezar su vida juntos.

-Me alegro mucho, después de lo que habéis pasado, os lo merecéis ambos.- Shadya sujetaba las manos de Brooke. Estaba orgullosa de la chiquilla, recordaba lo mal que había llegado a su consulta el primer día. Brooke tenía una depresión horrible y ni siquiera lo sabía. Lo que Shadya no sabía es como esa chica había aguantado tanto tiempo viva. Porque una depresión como la que había superado esa chica, podría haber matado a cualquiera.- Por cierto, aún no me has contado que hizo Hayden para pedirte que volvieras con él.- la risita de niña que Brooke había soltado hacía que a Shadya se le ensanchara la sonrisa.

-En realidad parece una tontería, cualquiera diría que no es para tanto, que hay cosas mejores. Pero, para mí, fue algo tan profundo a nuestra manera. –

Brooke se había desvelado a mitad de noche, todavía no se acostumbraba a la nueva habitación que le habían asignado. Hacía un mes que había llegado a la tercera fase y había podido acceder al jardín comunitario. Al haber alcanzado la fase tenía que escoger un nuevo bloque al que trasladarse. Tenía que integrarse con el resto de personas en su misma fase. Ya no tenía la necesidad de consumir, había momentos en los que flaqueaba, pero los ejercicios de Shadya la ayudaban.

 Le habían dado a escoger los bloques a los que podía trasladarse. Y por supuesto ella había escogido el bloque de Hayden. Habían hablado, no sobre su relación, pero si habían pasado tardes juntos hablando de tonterías. Lo echaba de menos, quería volver a sentir sus labios en ella, quería volver a dormir entre sus brazos. Pero necesitaba que esta vez empezara él.

El baño de la habitación era más pequeño que el de la primera, pero la última era compartida. No se acababa de acostumbrar a tener una habitación solo para ella. Echaba en falta la presencia de sus amigas, pero ellas habían avanzado más rápido en el tratamiento.

Hayden observaba la silueta de Brooke sentado en la cama de la chica. Tenía una sonrisa pintada en la cara, obviamente la chica seguía tan despistada como siempre. No lo había escuchado entrar, ni siquiera había escuchado como se le había caído el lienzo que tenía apoyado en la puerta. A ella le había dado por la pintura, también la veía por el jardín comunitario de un lado a otro correteando con una cámara entre sus pequeñas manos. Su pequeño ángel había descubierto su pasión por el arte. Después de haberse pasado años estudiando y consiguiendo títulos, para conseguir un trabajo bien pagado. Tal y como le habían recomendado, y prácticamente incrustado en la cabeza, en el orfanato. Pero él sabía que ella no querría eso en un futuro. Y los lienzos desparramados por la habitación le estaban dando la razón.

Brooke se había sobresaltado al verlo allí en su cama observando la habitación. Pero estaba contenta de que estuviera allí. Las noches que él se colaba en su habitación y le acariciaba el cabello mientras ella fingía dormir la habían llenado de alegría. Sabía que seguía siendo importante para él.

-¿Estás preparada ángel?- las palabras habían salido en un susurro. Y Brooke apenas había podido procesarlo cuando él ya la había cargado sobre sus hombros. Y salía de la habitación cerrando de una patada.

-¡Hayden!- susurró gritando.- ¿Dónde demonios vamos? ¡Estoy en pijama!- sus intentos de patalear y bajarse de sus hombros eran inútiles. La mantenía sujeta con ambas manos.

Para cuando llegaban al aparcamiento Brooke ya no pataleaba ni intentaba bajarse. Ambos reían y charlaban, y Brooke sentía un ligero calor en su pecho y mejillas. Le hacía ilusión el tener una especie de cita con él. Si es que aquello se podía llamar así, porque lo único que había hecho Hayden por el momento, había sido arrastrarla fuera de su dormitorio sin explicarle nada.

Para cuando Brooke había dejado de fantasear, Hayden la observaba sentado en su moto. Sonreía invitándola a sentarse detrás de él. Estaba tan perdida en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que él la había dejado en el suelo.

-¿Dónde iremos?- la inocente voz de Brooke mientras enroscaba los brazos a su alrededor, lo dejaba atontado. ¿Qué podía hacer? Esa chica lo mataba.

-Primero te llevaré a comprarte algo de ropa para que te puedas quitar ese pijama. Más tarde te llevaré a desayunar, y cuando empiece a amanecer te llevaré a unos cuantos lugares que necesitamos ver.- Hayden sintió a Brooke asentir contra su espalda mientras el motor rugía. – ¿Estás lista?- él no esperó la respuesta de la chica, solo dio gas a la moto y fue en dirección a la primera parada que harían esa noche.

Brooke sostenía entre sus piernas y la espalda de Hayden el nuevo bolso de tela fina en el que había guardado su pijama. Se aferraba a la espalda del chico mientras él solo aceleraba y aceleraba. El límite de velocidad había aumentado a noventa y Hayden solo daba más gas. Brooke aflojó un poco el agarre y miró por encima del hombro del chico. No había nada, solo ellos y la carretera abierta. Ciento cinco por hora y la aguja del cuentakilómetros seguía subiendo. Brooke sintió el pecho de Hayden vibrar. Ciento treinta, el rugido del viento ahogaba el sonido de la risa del chico. Ciento cincuenta, Brooke reía con él. Ciento sesenta, Brooke dejó ir el agarre de sus manos y se aferró a Hayden con las piernas. Alzó las manos al aire y dejó que su cabello volara haciendo compañía a sus brazos. Y gritó, gritó como nunca antes lo había hecho. Y Hayden la acompañó, gritó con ella mientras la moto cogía más velocidad. Gritaron de alegría, gritaron porque estaban vivos, gritaron porque eran libres.

Después de casi dos años separados por fin volvían a estar juntos en la carretera. Sintiéndose volar con el aire chocando contra sus rostros, y la electricidad invadiendo sus cuerpos. Sintiendo la emoción de cada segundo, disfrutando como nunca.

#15

«Ella era un alma libre, un alma libre que todavía no sabía de lo que era capaz. Había agrietado el cascarón que la reprimía. Pero había probado el sabor de la libertad, y la tentación de ese sabor era la clave para su felicidad. Esa libertad era la esencia de su alma.» 

Muriendo, esa era una buena palabra para describir lo que estaba sintiendo en esos instantes. Lo había visto, habían sido solo unos segundos, lo que él había tardado en salir por la puerta y llegar hasta su grupo de amigos. Y tan solo unos segundos habían sido suficientes para que a Brooke se le escapara el aire de los pulmones.

Quería acercarse y verlo de cerca, se veía preparada para ello, de hecho en esos instantes se sentía ligera. Y recordó que esa misma sensación la había tenido antes, entonces no sabía cómo identificar qué era, pero ahora sí.

Buscó en sus recuerdos, solo para darse cuenta de que en todos los momentos que recordaba tener esa sensación, en todos y cada uno de ellos, él estaba ahí.

Se veía capaz de cualquier cosa. Pero no iba a hacerlo, no todavía. Dejaría que él la viera por allí, quería que él diera el primer paso, ella ya lo había dado muchas veces, ahora le tocaba a él.

Se dedicó a buscar a sus amigas con la vista, y una vez las localizó se acercó a ellas riendo como una niña. Las dos chicas giraron al escuchar la risa de su amiga, al verla allí riendo como una cría empezaron a correr hacia Brooke.

-Dios mío renacuaja, por fin te dejan salir.- las palabras escaparon de los labios de Avril, mientras reía y lloraba a la vez.

Volvieron a sentarse bajo el cerezo central del jardín comunitario, las chicas no tardaron en preguntar a Brooke como había ido la última sesión. Y así empezar una conversación de horas y horas.

Durante esas horas Brooke había estado tentada de girarse y mirar en su dirección, pero tenía que aguantar y esperar a que él diera el primer paso. Es todo lo que ella pedía en ese momento.

Que él hiciera el esfuerzo de hablar con ella, que le demostrara que quería intentarlo. Pero, si por lo contrario eso no pasaba, Brooke comprendería que tal vez él había conocido a otra chica.

Tal vez él ya no la necesitaba, tal vez estaba mejor sin ella. Había pasado mucho tiempo y tal vez él había seguido con su vida.

Brooke no era capaz de imaginarse la vida sin él en esos instantes. Tal vez más adelante, pero en esos momentos no.

-Deja de mirarla y ve a por ella. Lleváis cerca de un año separados. Va siendo hora de que habléis.- Dani estaba por darle una bofetada al estúpido de su amigo. Hayden la observaba en silencio, desde el rincón en el que pasaban las tardes.

Ya la había visto, era la primera vez en nueve meses que la veía. Su risa lo había atontado, esa risa que había escuchado en sus sueños durante meses, sueños en los que estaban juntos sin nadie que los molestara. Pero luego despertaba para darse cuenta de que ella no estaba ahí.

Estaban cerca, él lo sabía y la tentación le podía. Varias noches se había escabullido al bloque de Brooke. Había pasado entre los guardias y se había colado en su habitación. Solo para verla dormir y acariciar su cabello mientras ella dormía.

 Eso era todo lo que había necesitado hasta ahora, verla dormir y susurrarle palabras bonitas mientras ella dormía. Pero al verla allí, a escasos metros, aquello había sido demasiado para él. Su respiración se había entrecortado. Las palmas de sus manos picaban con la necesidad de abrazarla, de tocarla unos segundos.

Necesitaba decirle que lo había conseguido. Que había conseguido lo que la Brooke de sus sueños le pedía durante aquellos meses en los que había permanecido ebrio, para calmar el dolor de no tenerla.

-Cuéntame, ¿Por qué la quieres?- el psicólogo que le había sido asignado le había ayudado mucho durante todo su tratamiento. Y ahora que llegaba a la última fase, Hayden no entendía el porqué de esa pregunta. Al notar la confusión de Hayden el hombre mayor sonrió. – Es pura curiosidad, me has hablado tanto que ella, que ahora me pica la curiosidad. Brooke es el motivo por el que estás aquí. ¿Cierto?- Hayden había asentido y una sonrisa tiraba de sus labios.

-No sé cómo explicarlo. Es algo raro y complicado de explicar. La conocí en nuestro orfanato, la vi crecer desde que era una enana. No sé porque pero me llamaba la atención. Era como que todos la veían como un angelito, justo lo que ella quería. Pero yo, simplemente desde que la vi supe que ella no era así. No lo entiendo, pero era como si la conociera de otra vida. Como si yo siempre la hubiera conocido. Y cuando al final la conocí y empezó a juntarse con nosotros, simplemente supe que tenía razón. Ella no era una niña buena, podía ser tierna, pero ella no estaba hecha para seguir las reglas.- Hayden no podía ocultar la sonrisa en su rostro.

<Al principio solo quería divertirme con ella, ¿sabes? Pero con el tiempo, algo cambió. Seguimos bromeando, seguíamos siendo sarcásticos. Joder, ella siempre me llamaba nalgas planas cada vez que yo la llamaba tabla. No sé cuándo fue, pero me enamoré de ella, me enamoré de cómo me hacía sentir cuando estábamos juntos. Solo mirarla, ver como se preocupaba por mí o por los chicos, escucharla reír y hablar. Y cuando salíamos de fiesta y ella bailaba, como si nadie la estuviera observando, como si solo estuviera ella allí. Era increíble cómo brillaban sus ojos cuando se divertía, ese destello cuando era feliz. Joder, eso me quitaba el aire. Y cuando íbamos en la moto, te juro que podía sentir su libertad, como si en cualquier momento fuera a echar a volar.

 A veces podías hasta dudar si era la misma persona. Porque te aseguro que cuando la veías en público, probablemente ni te fijarías en ella. Una chica buena, que seguía las normas aunque de vez en cuando fuera malhumorada. Pero luego con nosotros, conmigo, era algo increíble. Era como estar en presencia de una Diosa, era la libertad en persona. Ella era un alma libre y feliz, y te aseguro, que no he visto nada más hermoso en el mundo como la libertad que esa chica tiene. La quiero, la amo, estoy enamorado de ella… Dilo como quieras, pero la quiero porque verla feliz me quita el aire. Porque cuando estábamos solos en casa, hablábamos durante horas sin aburrirnos. Porque cuando se ponía cariñosa no podía dejar de reír y molestarla con que no quería mimos. Y eso solo hacía que se pusiera más cariñosa. La quiero porque gracias a ella ahora sé que es ser libre y feliz. Estos meses la he echado mucho de menos, y a pesar de no tenerla a mi lado. He sido feliz, no por ella, he sido feliz por mí. Por eso sé que estoy enamorado de ella, porque Brooke, sin ni siquiera saberlo, me ha enseñado a ser feliz sin necesitar a nadie…>

-Enhorabuena chaval. Has superado toda la rehabilitación, ha sido difícil pero ha sido bastante rápido. ¿Qué se siente que eres capaz de estar en un bar sin la necesidad de ingerir alcohol?- el hombre mayor sonríe orgulloso.

-Es la puta hostia.- la sonrisa de Hayden no hace más que crecer, sabiendo que cuando la vea, van a volver a estar juntos. Sabiendo que ahora podrán tener una relación sana, sin gritos ni golpes.

-Eh tío, aterriza de una vez, llevamos hablando diez minutos.- los chicos pasan la mano de arriba a abajo delante del rostro de Hayden, intentando hacerlo reaccionar. -Ve a hablar con ella idiota.-

-Todavía no, tengo que hacerlo bien, tengo que recuperarla pero a lo grande.-

-¿Y qué harás?- La pregunta quedó en el aire, pero por la sonrisa de Hayden y el destello en sus ojos, ellos ya saben que va a ser algo grande.

#14

«Él es un mentiroso, un criminal, un estafador y un ladrón.»

El día que empezó la terapia su reacción fue completamente distinta. Lo recordaba vagamente, pero sabía que había mejorado mucho desde que había despertado. Antes apenas soportaba la mirada de su psicóloga, y ahora eran como amigas de toda la vida.

-Creo que después de tanto tiempo estás lista para pasar a la tercera fase.- Shadya cerró la pequeña libreta que mantenía sobre sus piernas. Se colocó el cabello y se ajustó las gafas que adornaban su rostro.

Brooke se puso contenta al escuchar eso. Al conseguir pasar a la tercera fase se le permitía salir del recinto perteneciente a su bloque. Estaba deseando salir, aunque no se veía preparada para volver a ver a Hayden, no sabía cómo iba a reaccionar o cómo sería su relación después de todo lo que habían pasado.

-Pero si no te molesta cielo, tengo curiosidad por saber que pasa por tu cabeza cuando mencionan a Hayden. No te voy a obligar a contármelo, por supuesto, solo si tú quieres. Como en todas nuestras sesiones.- Brooke sabía que Shadya tenía curiosidad, y a pesar de ello, nunca la había presionado para que se lo explicara.

Así que Brooke pensó que no había motivos para no dejar salir lo que pensaba.

-Verás, conocí a Hayden en el orfanato en el que me crié. Por aquel entonces yo solo era una niña tonta que esperaba a su madre, cada fin de semana, pegada a una maldita valla. ¿Sabes por qué? Porque tenía la esperanza de que esa cabrona volvería a buscarme. Y aunque sabía que no iba a volver yo seguía en esa valla cada fin de semana. Seguí yendo a la valla hasta mis 15 años.

<En la fiesta que me organizaron los del orfanato, fue cuando conocí a Hayden. Yo ya sabía quién era, era de los chicos mayores del orfanato. Él y sus amigos tenían mala reputación, pero eso solo me llamaba más la atención. Yo tenía ganas de conocerlo, quería ser parte de su grupo y de su vida. Recuerdo que siempre que lo veía era como un golpe en el pecho. Me quedaba sin aire y me costaba respirar durante segundos. Y aquel día, en mi cumpleaños, cuando Dani se me acercó a felicitarme y me los presentó… Fue el mejor regalo que me podían haber hecho. Seguí manteniendo la apariencia de niña buena, pero a medida que los conocía, no sé cómo, pero él se daba cuenta de que esa no era yo… De que yo no era buena.>

 Shadya observaba a Brooke mientras mordisqueaba sus uñas.

-¿Cómo eras con él?- Brooke ríe flojito al escuchar esas palabras salir de la boca de su amiga.

-Verás, no sé si realmente existe una palabra que lo resuma o describa cómo soy con él. Sinceramente, ahora mismo creo que no puedo sin él a mi lado, es como que no recuerdo mi vida antes de él. Y cada día cuando me levanto me cuesta, pero sé que tengo que hacerlo.

<Verás, independientemente de cómo me trataba, es decir, los gritos, las peleas, y los golpes. Él siempre me ha comprendido, como si hubiéramos estado conectados de otra vida. Cuando lo conocí me dí cuenta de que nunca había sido realmente yo, siempre preocupada por parecer buena. Pero con él, pasé a tener mis propias ideas y no las que la gente me decía. Me dí cuenta que lo que me tenía que importar era lo que yo quería, no lo que la gente esperaba de mí. Él, me enseñó a vivir, a disfrutar como nunca antes lo había hecho. La única persona con la que realmente soy yo, es con él. Le da igual lo muy mal que nos tratemos a veces, él siempre va a estar para mí, igual que yo voy a estar para él. Igual que a mí, a él también le cuesta expresar lo que siente. La diferencia es que cuando él lo hace, te aseguro que es lo más real que vas a escuchar en tu vida. Así que creo que la palabra para resumirlo es drogadicta, porque es como estar enganchada a él. Y si vuelvo atrás y pienso en la noche en que me fui, sé perfectamente que él no creyó nada de lo que dije. Y también sé que él mintió cuando dijo que no le importaba, mintió porque sabía que yo lo necesitaba para irme.>

Brooke deslizó su mirada por la sala, todo aquello era lo que pensaba. Y se había quedado tranquila al decirlo en voz alta.

– Así que ahora, con toda la terapia que hemos hecho estos nueve meses, creo que estoy preparada para ser yo y poder sacar mi lado tierno de vez en cuando. Sin tener que fingir nada.- un silencio inunda la sala durante unos segundos- Y por cierto, me dijiste que sabías cuál era mi problema, pero nunca me has dicho directamente que es. –

Shadya ríe suavemente y se levanta de la silla recogiendo sus cosas.

-Alexitimia, cielo, eso es lo que te pasa.- guarda todas las cosas en su bolso. Y se gira para explicarse. – La alexitimia designa la incapacidad de hacer corresponder las palabras con las emociones. Es decir, la incapacidad para expresar verbalmente las emociones o los sentimientos. En algunos casos limita la vida imaginaria, también suele haber tendencia a recurrir a la acción para evitar y solucionar los conflictos. Y en otras personas también está la descripción detallada de hechos, de síntomas físicos, el pensamiento orientado hacia preocupaciones concretas. Pero para que nos entendamos, la alexitimia es algo así como la incapacidad para leer o expresar los sentimientos.-la mirada de Shadya se dirigió a Brooke. Ella quería ver su reacción.

-Ósea, algo así como que mi corazón y mi cerebro no se llevan bien y al final lo único que hacen es joderme a mí, ¿no?-la respuesta de Brooke hizo sonreír a Shadya que asintió dándole a entender que lo había comprendido.

Brooke salió de la sala y no tardó en dirigirse hacia el jardín comunitario, por fin tenía acceso a esa zona. Sus amigas habían podido salir varios meses antes debido a que empezaron el tratamiento antes que ella.

Pero no le importaba, por fin sabía que le pasaba a su cabeza. Había comprendido porque siempre se había sentido tan rara, tan vacía, por fin sabía por qué se había sentido tan poca cosa.

Era una chica nueva, le había costado tiempo, esfuerzo, enfados y lloreras. Pero los ejercicios que Shadya le había enseñado iban a ayudarla a saber que sentía y a expresarlo. Y no solo a hacerlo con sus compañeros de bloque, también iban a ayudarla con Hayden, lo echaba de menos, había sido demasiado tiempo. Tal vez un año, o tal vez más, no estaba segura. Pero si estaba segura de que necesitaba verlo, abrazarlo y volver a besarlo.

Obviamente a él no se lo iba a poner tan fácil, ella quería que él se esforzara también, quería que le demostrara que estaba listo para volver con ella, y esta vez, para tener una buena relación.

Quería estar segura de que era el indicado por el momento. Tal vez en algunos años estarían separados, tal vez serían amigos, quizá ni siquiera sabrían el uno del otro. Pero por el momento, ella quería estar con él.

#13

«El amor que mueve el sol y todas las demás estrellas. Ese tipo de amor capaz de consumir el mundo o llevarlo a la gloria.»

Él todavía no podía creerlo. Realmente estaba a su lado, a pesar de que ella no estaba consciente, para él era suficiente.

Ya había conocido a las amigas de Brooke, las cuales habían sido llamadas para evaluar su evolución. Le habían pedido que se quedara con ella, que la vigilara y avisara a las enfermeras si algo iba mal. Y él había aceptado encantado, por fin había conseguido quedarse a solas con ella.

-Ángel, necesito que te despiertes amor, tengo que reconquistarte.- se dedicaba a retirar los mechones castaños que se desparramaban por el rostro de su chica mientras le susurraba delicadas palabras. Por ella podía volverse el ser más tierno del planeta, o al menos intentarlo.

La oscuridad la rodeaba y abrumaba, las luces aparecían de vez en cuando junto con las voces lejanas de sus amigas. Pero el resto era silencio y oscuridad. Trataba de moverse, de entreabrir los labios y hablar, pero no funcionaba. Sentía las frías caricias sobre su cuerpo, y algunos pinchados de vez en cuando.

Pero en todo ese tiempo en que la oscuridad la había rodeado, era la primera vez que sentía el tacto caliente de unas manos acariciar su rostro. Pero había algo distinto en ese tacto, le resultaba extrañamente peculiar. Empezaba a darle vueltas a una alocada idea que paseaba por su mente, pero él no podía estar a su lado. Sus palabras habían sido claras el día en que ella se marchó. Él había dicho que ella no le importaba, así que era absurdo pensar que él iba a estar a su lado cuando despertara.

-Ángel…- y solo necesitó escuchar esa palabra para ver como su teoría se iba al traste. Sintió su pecho arder, y a pesar de que trató de controlarse, el grito en su garganta escapó entre sus labios.

Y volvió a ver montones de luces, volvió a sentir cientos de manos frías sobre su cuerpo. Y lo escuchó gritar su nombre, diciendo que no quería que la alejaran.

No entendía que pasaba, hacía rato que había dejado de escuchar su voz. No escuchaba nada, el silencio volvía a reinar a su alrededor. La oscuridad y el frío seguían presentes, pero esta vez era distinto. Poco a poco empezaba a sentirse ligera, sus párpados temblaban mientras intentaba abrirlos. Volvió a escuchar los murmullos a su alrededor al tiempo que conseguía mover los dedos de las manos, tocando la suave superficie en la que se encontraba.

Escuchaba como llamaban su nombre junto con otras palabras que en esos instantes no comprendía. Lo intentó otra vez, sintiendo la luz cegarla cuando logró abrir los ojos.

Acostumbrándose a la luz logro ver esos ojos que le robaban la respiración. Giró en la cama apoyándose sobre su costado, quedando de frente a él.

-¿Has dormido bien ángel? No tienes buena cara.- estaba confundida. No entendía lo que pasaba. Sentía como si su cabeza fuera a explotar en cualquier momento. -Ven aquí, nos daremos un baño para ver si así baja la fiebre.- Hayden no tardó en cogerla como a un bebé y caminar con ella hacia la puerta del dormitorio.

Brooke sintió su corazón estrecharse. Recordaba estos momentos, fue cuando estuvo enferma con gripe y Hayden se dedicó a mimarla y cuidarla. Pero lo que no recordaba es lo que su cuerpo estaba experimentando en ese instante. ¿Le pasaba algo a su corazón? ¿Por qué le quemaba el pecho?

Cerró los ojos disfrutando del calor que los brazos de Hayden le brindaban, pero poco a poco ese calor desaparecía. Siendo sustituido por el frío. Volvió a abrir los ojos solo para ver varios rostros desconocidos, mezclados con los rostros de sus dos amigas que la miraban preocupada.

-¿Dónde está Hayden?- el nombre escapó de sus labios mientras su vista volvía a nublarse.

Él la había escuchado, había escuchado su nombre en los labios de la castaña. Y para él eso había sido más que suficiente, por el momento.

Él sabía que empezaba a tener sentimientos por ella. Anteriormente había pensado que la quería, pero quería estar completamente seguro. Sabía que ella era mucho más importante que cualquier otra persona en su vida. A veces incluso pensaba que ella era lo único importante. No estaba seguro, no sabía si la influencia de las drogas y el alcohol nublaban su juicio. Así que estaba decidido a quedarse en el centro junto con sus amigos. Quería mejorar, no quería volver a depender del alcohol. Quería estar lucido para ella.

Sus amigos lo esperaban fuera del bloque de Brooke, ellos también echaban de menos a su amiga. Echaban de menos ser la familia que eran todos juntos.

-¡Felicidades enana!- los gritos de los chicos la habían sorprendido y ellos estaban contentos de que ella no se esperara la sorpresa. Les encantaba la reacción de la chica, la sonrisa que se dibujaba en su rostro cada vez que dejaba salir su lado tierno los atontaba, los dejaba embrujados. Brooke era la niña pequeña de la familia, la hermanita a la que protegían.

-No teníais que hacerlo.- Brooke había dejado ir la mano de Hayden para abrazar a los chicos. -De verdad, no hacía falta.-

-¿Estás de coña, no?- Aitor reía con los demás. – Ya te has graduado, obviamente ibamos a celebrarlo boba.- estaban felices y orgullosos de su pequeña hermanita.

Hayden y los chicos volvieron a su bloque, a partir de ese instante ellos también entraban en tratamiento, y no se les permitiría juntarse con las personas de los otros bloques hasta que llegaran a la tercera fase del tratamiento.

Él estaba listo para aguantar otra temporada sin verla, porque ahora sabía que estaba bien, que se recuperaba y que estaba en un lugar seguro. Y eso era más que suficiente para que él aguantara hasta poder verla otra vez.

#12

«Si sigues así no me recuperarás.»

-Levántate ya y suelta la botella. No puedes seguir así.- la voz de Brooke le había hecho alzar la cabeza, despegándola de la sucia superficie que era a barra del bar.

Era ella otra vez, parada a su lado mirándolo con esa cara que ella siempre pone cuando está enfadada. Podía ver la reprimenda en sus ojos mientras mantenía los brazos cruzados sobre su pecho.

-Brooke, ángel. Lo siento mucho sé que te dije que no lo volvería hacer pero…- la lengua se le trababa mientras trataba de formar una frase coherente. Ella negó con la cabeza y se alejó dando media vuelta, saliendo por la puerta trasera del bar. Él no tardó en dejar abandonada la bebida y seguirla al exterior tratando de no caerse.

La chica detrás de la barra negaba con la cabeza mientras veía al hombre salir del local. Se había pasado allí los últimos dos meses, embriagándose hasta olvidar su propio nombre. Se sentía mal por él, estaba claro que había perdido a alguien muy importante en su vida. Las últimas semanas había empezado a hablar solo, como si realmente allí hubiera alguien. Al principio eran sus amigos los que le recogían después de que ella llamara, las dos últimas semanas él hablaba solo durante un rato y luego desaparecía por la puerta trasera, solo para volver a aparecer la próxima tarde.

-Brooke ángel, amor mío, te echo de menos.- la seguía a través del callejón detrás del bar. Quería alcanzarla, rodearla con sus brazos y no volver a soltarla.

La siguió por las calles hasta llegar al departamento. Entró con cuidado de no despertar a los perros. Se tambaleó hasta la cocina, se dejó caer, recargándose en el marco de la puerta, observándola moviéndose de un lado a otro por la cocina. Unos minutos después sirvió una humeante taza de café recién hecho sobre la isla de mármol. La miró atentamente, queriendo saber si aquello era real o era tan solo un sueño. Se pellizcó las mejillas, Brooke no tardó mucho en reír mientras lo observaba pellizcarse el cuerpo.

-Soy real Hayden, me preocupo por ti y lo sabes, igual que también sabes que te mentí cuando dije todo aquello.- la escuchó murmurar mientras tomaba un primer sorbo, su lengua ardió mientras ella se sentaba en su regazo.

-Yo también te mentí Brooke, me importas demasiado, eres la primera persona en mi vida por la que me preocupo tanto…- lo hizo callar y acabarse el café para luego arrastrarlo hasta el baño y hacerlo quitarse la ropa mientras ella llenaba la bañera, añadiéndole sales y creando espuma.

El silencio reinaba en la habitación, solo se escuchaba el diminuto repiqueteo de las gotas que rebalsaban de la bañera. Se dedicaron a mimarse y cuidarse el uno al otro. Se abrazaron, se besaron, Brooke se dedicó a susurrarle palabras dulces mientras él la abrazaba y la apretujaba contra su cuerpo. Ella sabía que él solo se dedicaría a abrazarla y besarla, mas no hablaría de sentimientos o pensamientos. Él ya había tenido su momento dulce del día, y le era difícil hablar de cosas tan emocionales, esa era una de las pocas cosas que compartían. A ambos les costaba hablar de lo que pensaban o sentían, ella solía ser más dulce, pero eso solo duraba minutos.

-Quiero que te pongas bien Hayden. Si sigues así no me recuperarás.- ella dejaba que sus manos se deslizaran por su tatuado pecho mientras él la observaba. Todavía pensaba que ella no era real, que tan solo era uno de sus sueños, una fantasía. Pero una pequeña duda paseaba por su cabeza, tal vez ella era real, tal vez se dedicaba a buscarlo y cuidarlo para luego desaparecer mientras él dormía.

Brooke permanecía a horcajadas sobre él, con una pequeña sonrisa en sus labios. Lo observaba mientras el se quedaba en silencio y con la mirada perdida. Quería que la mirara, quería que él la viera, que supiera que era ella.

Se arrastró sobre su cuerpo dejando pequeños y delicados besos sobre su torso, bajo por su abdomen y siguió bajando hasta el inicio de sus calzoncillos. Para entonces él la observaba atentamente, sus hermosos ojos claros tornándose oscuros con los segundos, su masculinidad cobrando vida.

-Ángel…- la advertencia era clara en su voz. Pero ella solo sonrió y retiró la ropa. Besó y lamió su miembro a lo largo, como si se tratara de un chupachups . Una pequeña risa escapó de sus labios cuando lo escuchó inspirar con fuerza, se había sentado quedando apoyado en el respaldo de la cama.

-Sólo quiero jugar cariño.- él se retorció cuando ella habló, dejando escapar el aire sobre su entrepierna.

Enterró las manos en su cabello cuando ella volvió a lamer. Jugando con él y su autocontrol, haciéndolo enloquecer. Dejó escapar un gruñido cuando sintió que su boca lo rodeaba, y tiró de las hebras castañas obligándola a moverse más deprisa. Brooke chupó, lamió y dio algún que otro mordisco, provocando que de los labios entreabiertos de Hayden escaparan pequeños gemidos.

Brooke se retiró dejando un beso en la punta de su miembro, provocando que él soltara un gruñido, abandonó la cómoda superficie de la cama y se deshizo de la poca ropa que llevaba encima. Hayden se había sentado a los pies de la cama, observándola como si de una divinidad se tratara, y es que para él ella era una Diosa, un ser difícilmente alcanzable.

-Te necesito Hayden. Necesito que estés a mi lado amor.- ella permanecía a horcajadas sobre su regazo, sus labios haciendo contacto con los de Hayden mientras él respiraba con dificultad.

Sentía las uñas de Brooke creando heridas en sus hombros mientras la penetraba con lentitud. La besó mientras sus manos bajaban hasta hacer contacto con su trasero, apretando la carne mientras ella gemía en su boca. Brooke aceleró el ritmo, empujando su pecho con las manos hasta que quedó tumbado en la cama. La observaba moverse con rapidez sobre él, con los labios entreabiertos dejando escapar pequeños gemidos. Sus manos buscaron su rostro, acarició sus sonrojadas mejillas con los pulgares y se impulsó hacia arriba quedando sentado en la cama. La besó, jugando con sus labios y su lengua, probando el adictivo sabor que tanto ansiaba. Permanecían envueltos en una nube de calor, solo ellos dos junto al débil sonido de la lluvia.

-Hayden…- el estruendo que inundó la habitación la hizo callar.

Él abrió los ojos, la confusión no tardó en aparecer cuando se encontró solo en la habitación. Parpadeó un par de veces mientras se levantaba y caminaba hasta el espejo del baño. Nada, no había rasguños en sus hombros, ni los labios rojos e hinchados. Como si todo hubiera sido un simple sueño.

El estruendo volvió a resonar. Se movió siguiendo el sonido hasta ver la pantalla iluminada de su móvil, no recordaba haberlo dejado en la cocina. Aceptó la llamada cuando el móvil volvió a sonar.

-Disculpe, ¿es usted Hayden Steel?- él murmuró una afirmación. Se había petrificado al ver la taza de café a medio tomar que permanecía sobre la encimera. Empezaba a dudar de su cordura. ¿Había sido real? ¿O tan sólo un sueño?-… la señorita Stone permanecerá ingresada en el centro hasta que finalice la rehabilitación. Será un placer recibirlo en el centro si decide venir a visitarla. – la voz de la mujer pronunciando el nombre de su ángel lo había sacado de su ensoñación. Aquello no había sido real, tal vez había sido su ebria imaginación queriendo hacerle pasar un mal rato.

La mujer siguió hablando con él durante una hora más. Él la escuchaba mientras maquinaba un plan para recuperarla, estaba seguro de que los chicos lo ayudarían a ingresar en ese centro. Apuntó la dirección y el teléfono del centro, esperaría hasta que Brooke pasara las primeras semanas del mono y luego iría por ella. Iba a recuperarla, por difícil que fuera la iba a traer de vuelta.

Tal vez era el estado de ebriedad en el que se encontraba o que realmente él la quería en su vida. Pero haría todo lo posible por intentar dejar sus vicios, porque la Brooke del sueño tenía razón. Si seguía de esa forma no iba a recuperarla.