#11

«Y mientras, a su alrededor, todo pareció ir más despacio.«

-Brooke esto ya no es normal. Un día de acuerdo, pero llevas una semana y media.- la chica seguía hablando mientras que Brooke permanecía en el colchón sin moverse.

Cerró los ojos al sentir una pequeña ráfaga de brisa marina colarse en la pequeña caravana. Siguió tumbada boca abajo, con la cabeza hacia un lado mirando el mar a través de la puerta abierta.

Había permanecido allí durante días, apenas se movía, apenas comía, tampoco bebía demasiado. Sus dos compañeras empezaban a preocuparse, era la primera vez que la habían visto de esa forma. Desde que la conocían Brooke había sido una chica seria, pero capaz de divertirse.

-Quiero más.- Avril dejó de hablar para mirarla. Brooke miraba algún punto fijo. Los únicos momentos en los que la había visto desviar la mirada de ese punto eran cuando ella o Hayley le entregaban los pequeños botes que contenían la novocaína.

Dos meses habían pasado desde que perdió el control. Dos meses en que ella se había mantenido anestesiada a base de drogas, y cada vez necesitaba más para evitar el dolor y la sensación de vacío. Desde aquel momento, desde que escuchó aquellas palabras salir de sus labios.

-Brooke…- escuchó la voz de Hayley llamarla.

No desvió la mirada de ese punto fijo que miraba hasta que sintió como depositaban un bote justo a su lado. No perdió el tiempo y depositó el polvo en la superficie del colchón. Formó pequeñas rayas hasta que la pequeña montaña de polvo desapareció. Acercó el rostro a la primera raya y esnifó hasta hacerla desaparecer.

Se tumbó boca arriba y empezó a reír mientras sentía a la droga hacer efecto. Sintió su cuerpo adormecerse poco a poco, alargó el brazo rebuscando entre las sabanas el frasco repleto de pastillas que ella escondía. No tardó demasiado en ingerir dos pastillas de dietilamida de ácido lisérgico, mejor conocida como LSD.

Pronto las alucinaciones harían acto de presencia, haciéndola sentir algo más alegre. Estas últimas semanas había ingerido más de las que normalmente ingería. No había tenido ganas de nada, cada vez que abría los ojos lo único que deseaba hacer era volver a cerrarlos y seguir durmiendo, volvía a despertar y seguía con sueño.

Hacía horas que Avril y Hayley se habían marchado y poco a poco las rayas iban desapareciendo, el frasco de pastillas ya lo había vaciado.

Brooke permanecía perdida en sus alucinaciones. Permanecía con los ojos abiertos viendo luces en el cielo viajando de un lado a otro. Se reía cada vez que veía a uno de esos pequeños aliens cabezones que paseaban a su alrededor. Cerró los ojos para tratar de relajarse, las luces aumentaron su velocidad y de repente todo era blanco. Después se volvió negro y de entre todos los gnomos, los duendes y todos esos aliens cabezones; lo único en lo que fijó fue en un pequeño destello blanco. Se vio a sí misma llena de cardenales, rodeada por los fuertes brazos de su hombre. Porque sí, porque él seguía siendo su hombre a pesar de todo lo que él dijo.

Y mientras, a su alrededor, todo pareció ir más despacio.

El grito que Avril emitió al verla tirada en el suelo respirando con dificultad. La llamada a la ambulancia que Hayley realizó, el tiempo que pasaron asistiéndola tal y como indicaba la enfermera que hablaba por el móvil. A ellas les pareció una eternidad el tiempo que tardaron en aparecer los paramédicos junto con la ambulancia.

Brooke escuchaba voces de fondo, sintió como su cuerpo se movía de un lado a otro pero todo lo que veía era oscuridad. Y lo escuchó a él, escuchó su voz ronca pidiéndole que volviera, pidiéndole que aguantara hasta que él llegara. Y trató de abrir los ojos, trató de hablarle y responderle.

Avril mantenía sujeta una de las manos de Brooke en la habitación compartida del centro dual. Toda ella temblaba, ya llevaba varios días sin ingerir ningún tipo de droga, simplemente las pequeñas dosis que les administraban las enfermeras para no interrumpir la adicción de forma brusca. La rehabilitación que la habían obligado a iniciar estaba destrozándola, las pequeñas dosis no eran suficiente para ellas, los pequeños síntomas de abstinencia que había notado los primeros días iban tornándose mayores.

Después de una semana de haber estado en el hospital, después de que trataran a Brooke por la sobredosis. Después de que a ella y Hayley las vieran en tales condiciones, las enfermeras se pusieron en contacto con sus padres, informándoles de que serian trasladadas e internadas en un centro dual, siempre y cuando ellos dieran el visto bueno. Con Brooke sin embargo fue diferente, al no localizar a sus padres decidieron ponerse en contacto con su número de emergencia.

Lo llamaron a él, y él respondió; en un grave estado de ebriedad pero respondió. Y él al fin la encontró, después de dos meses en un estado de permanente ebriedad buscando cualquier pequeño rastro de ella. Porque la había dejado ir, lo hizo porque ella lo necesitaba. Pero ya no soportaba estar sin ella a su lado, no soportaba el silencio del departamento, extrañaba todas esas veces en que ella le gritaba que fuera más ordenado. Extrañaba todo lo que ella era y representaba.

Hayley que también había iniciado la rehabilitación, entró en la habitación mientras se rascaba los brazos, apenas podía evitar que su cuerpo temblara. Tanto en ella como en Avril, los temblores y nauseas eran constantes. Apenas habían empezado con la rehabilitación y ya no la soportaban.

Poco a poco las enfermeras y doctores habían ido reduciendo la dosis de droga que ellas tomaban, ya que interrumpir el consumo de forma brusca podía suponer la muerte en el peor de los casos, en un par de días ya no recibirían ninguna dosis. Lo mismo estaban haciendo los doctores con Brooke, aprovechaban que ella permanecía inconsciente para ir reduciendo poco a poco la dosis , haciendo que su cuerpo se acostumbrara a tener cada vez menos droga en su organismo, de forma que cuando despertara no recibiría ninguna dosis. A pesar de que con ella también habían iniciado el tratamiento, los doctores tenían pocas esperanzas de que Brooke despertara. Llevaba tres semanas tumbada en la camilla sin abrir los ojos, pero la semana pasada había empezado a respirar sin ayuda de las maquinas. Eso había hecho que los doctores tuvieran un poco más de esperanza, pero aún así decían que sería prácticamente un milagro que ella despertara. A pesar de ello, Avril y Hayley seguían hablando con Brooke, diciéndole que en cuanto despertara saldrían de aquel lugar recuperadas y juntas.

La veían permanecer inmóvil en aquella camilla mientras respiraba con pesadez. Consideraban a Brooke su hermana menor, sabían que Brooke no era realmente ella. Sabían que algo le había pasado antes de que ellas se conocieran, pero nunca la presionaron para que lo contara. Y poco a poco Brooke se había ido abriendo, les había contado sobre el orfanato y sobre un grupo de amigos con el que se divertía, pero nada más que eso. Y a pesar de que una persona promedio considerara eso como poca información, para ellas dos era más que suficiente, sabían que Brooke no era la clase de chica que se deja conocer. Así que el hecho de que les hubiera contado sobre eso era un gran paso.

-Despertará, lo sé. Ella es más fuerte que toda esta mierda.- murmuró Hayley recostada en la camilla de Brooke. Avril seguía sujetando su mano, lágrimas silenciosas resbalaban por sus mejillas.

Avril era la hipersensible de las tres, solía llorar y emocionarse muy a menudo por cosas bastante simples, y solía enfadarse excesivamente cuando veía alguna injusticia. A pesar de los tatuajes que la cubrían y las expansiones que adornaban sus orejas, a pesar de que a primera vista podía intimidar, ella era la más dulce.

Hayley en cambio era más propensa a guardarse sus sentimientos, y con ganas de problemas. Era la clase de chica a la que le gustaba molestar a los hombres y no se dejaba intimidar por nadie. Por no decir que adoraba tatuar y perforar su cuerpo.

Brooke en cambio era una mezcla entre las dos y ellas la adoraban por eso mismo, a pesar de que a veces sus personalidades chocaban entre sí.

-¿Sabes que en un par de semanas va a ingresar un chico nuevo al centro?- murmuró Hayley mientras permanecía con los ojos cerrados. -He estado hablando con él mientras miraba los papeles para entrar, mañana vendrá un rato para familiarizarse con el lugar.- Avril alzó la cabeza para mirarla y asintió.

-Me he enterado de que mañana y durante dos semanas se realizaran las evaluaciones psiquiátricas y psicológicas.- desvió la mirada ha Brooke.- Supongo que cuando despierte también se la harán a ella.-

Ambas miraron a Brooke, deseando que despertara lo antes posible. Querían a su mejor amiga de vuelta lo antes posible.

#10

«Ella conducía, conducía rápidamente, para escapar, para tratar de olvidar, de dejarlos atrás. Pero de una forma u otra ella sabía que no funcionaria, porque solo ella podía detener los recuerdos. Solo ella podía dejar de torturarse.»

-Ven a vivir conmigo.- había dicho él.

Después de aquella noche ellos cambiaron. Hayden le había pedido que se fuera con él. Y aunque al principio ella había dudado, al final habían acabado viviendo bajo el mismo techo.

Un año después, al cumplir ella los 17, Hayden decidió sacarle partido a vivir en una caravana. Junto con los chicos habían enganchado la auto caravana como remolque a un coche y se habían largado del pequeño pueblo. Habían estado viviendo en un camping, hasta que los chicos consiguieron el suficiente dinero como para comprarse un piso mínimamente decente.

El edificio era viejo, pero era el único lugar en el que quedaban dos departamentos por vender. Hayden había comprado uno de dos dormitorios para él y para Brooke. Dani, Alex y Aitor habían comprado el departamento de encima que constaba con un dormitorio para cada uno.

Ella había seguido estudiando, repartiendo el tiempo con las fiestas y la diversión. Los chicos habían seguido en su «trabajo» con cuidado de no meterla a ella en medio, evitando que fuera amenazada o dañada.

El tiempo había pasado rápido, pero ellos no habían desperdiciado ni un segundo.

Todos los recuerdos, todas las cosas que habían hecho juntos desde que se habían conocido, pasaban por la mente de Brooke como si de un caleidoscopio se tratase.

Recordaba lo triste que había estado un mes después de conocerlos. Era el cumpleaños de Hayden y él se marchaba del orfanato al haber cumplido la mayoría de edad. El resto de chicos al ser más pequeños que él no se irían. Pero aún así saber que él se marchaba y que tal vez no volvería a verlo la afectó más de lo que ella quería.

También recuerda lo contenta que se puso esa misma noche cuando los chicos pasaron a recogerla a su dormitorio para irse a ver a Hayden. Pasaron la noche entera en la caravana a la que él se había mudado. Bebieron, bailaron y celebraron el cumpleaños del chico; y cuando el sol empezó a salir él mismo se encargó de dejarla en la parte trasera del orfanato, justo debajo de la ventana de su habitación.

Recordaba todas y cada una de las tontas aventuras que había pasado con los chicos. Recordaba la noche en que informaron sobre el fallecimiento de Matt, había sido un mazazo horrible para el grupo, pero a pesar de ello siguieron siendo una familia. Siempre faltaría Matt, pero ellos se negaron a pasarlo mal, a él no le habría gustado que se quedaran sentados llorando y lamentándose. Así que en lugar de llorar, salieron de fiesta hasta que la ebriedad les ganó haciéndolos despertar tirados en la playa.

-Brooke. Venga, la fiesta empezó hace horas y los chicos nos esperan cerca de la hoguera.- la voz de Hayden la hizo dejar de pensar y mirarlo. Sonrió y se dejó llevar por él hasta llegar a la multitud, permanecerían allí durante un par de horas y luego se esfumarían para juntarse con los chicos.

Desde que habían llegado una pequeña opresión en el pecho la había estado molestando. Ahora esa opresión había crecido, ella tenía un mal presentimiento y estaba empezando a sentirse ansiosa. Buscó con la mirada a Hayden pero no lo encontró, así que decidió seguir bailando. Hayden debía haber ido a por más pastillas, las que él tenía ya las habían ingerido.

Y así pasó el rato hasta que sintió unas manos rodeándola y pegándola a un cuerpo desconocido. Vio de reojo a un hombre bastante mayor mientras trataba de apartarse de él. El hombre, no contento con impedir que se alejara, siguió pegándose a ella juntando las caderas a su cintura. Brooke lo golpeó en el abdomen y consiguió que el tipo aflojara su agarre, logrando soltarse y girarse. Su mano se volvió un puño mientras giraba dispuesta a golpear al tipo, pero Hayden fue más rápido y lo dejó tirado en el suelo de un solo golpe.

Se giró hacia ella con el rostro bañado en ira. Había perdido el control, no soportaba que alguien que no fuera él la mirase. Así que el hecho de que ese tipo la tocara lo hizo enloquecer.

Se acercó a ella y la sujeto del brazo con fuerza, creando nuevas marcas.

-Eres una perra. ¿Desaparezco un rato y ya te restriegas con un idiota?-gritó, Brooke se estremeció en el sitio. Era la primera vez que lo veía tan enfadado, con tanta rabia en su interior. Sus ojos sin mostrar ninguna clase de emoción.

Quiso hablar. Pero no tuvo tiempo de hacerlo por el contacto del puño de Hayden contra una de sus mejillas, cerró los ojos unos segundos. Lo miró, él respiraba profundamente tratando de calmarse. La gente a su alrededor seguía bailando, ni siquiera se habían percatado del tipo tirado en el suelo.

-Estaba tratando de alejarlo.- la escuchó gritar tratando de hacerse oír.-¿Por qué te pones así?- preguntó confusa. Era la primera vez que lo veía así. Sí, él se enfadaba cuando alguien la miraba y más de una vez acababa golpeando a la gente o gritándole a ella. Pero era la primera vez que lo veía tan enfadado, viendo como sus ojos se oscurecían.

-Porque te quiero, joder.-gritó. Brooke palideció, sintió como el aire escapaba de sus pulmones, como la sangre aceleraba su paso. Sintió como su corazón se detuvo, saltó y volvió a latir mucho más deprisa. Mucho más rápido que cuando permanecía drogada. Mucho más rápido de lo que había latido alguna vez en su vida.

-¿Qué?- el susurro apenas fue audible, pero él la escuchó. La observó, observó a su pequeño ángel. Sabía lo que era, recordaba a su madre explicándole como se sintió cuando conoció a su padre. Ella le había explicado lo que era querer, como amar a una persona. A pesar de que ella detestaba a Hayden, se lo había explicado, pero nunca había mostrado cariño o aprecio por él.

-Te quiero- gritó. Las voces, los sonidos, la música y los gritos se detuvieron. El tiempo le pareció ir más lento. Su latido se intensificó.

Ahí estaban. Esas dos simples palabras que tanto la aterraban. Aparentemente inofensivas, sí, pero con una enorme capacidad de destrucción en su caso.

Dos palabras que él nunca había escuchado hacia su persona. Dos palabras, las cuáles, él nunca había regalado a nadie.

Y ahí estaban ellos, en mitad de un descampado, en el centro de una gran multitud. Ahí estaban, un poco venidos abajo, un poco rotos. Ahí estaban, completamente drogados. Dos palabras pronunciadas justo después de un golpe, un golpe que se sintió como una caricia. Dos simples palabras, cargadas de complejos sentimientos y emociones. Dos palabras que ella no podía controlar.

Dos palabras que acabaron con todo.

Dos palabras que lo iniciaron todo.

~Nadie nunca va a quererte. No le importas a nadie. Y si algún día alguien te dice que te quiere o que le importas, no será real, no será verdad. Nunca nadie va a quererte niña estúpida.~

Las palabras de su madre resonaron en su cabeza. La confusión se hizo presente en su mente, su cuerpo entró en tensión. Su respiración se volvió irregular, a cada segundo le costaba más respirar.Lo miró a él, vio la preocupación en sus ojos. Y se asustó, se asustó porque en aquel momento se dio cuenta de algo a lo que nunca antes había prestado atención. Ella no sentía nada.

Y cuando él se acercó, ella hizo lo que mejor sabía hacer. Correr. Porque nadie le había enseñado a enfrentar los problemas.

No sabía como lo había logrado, pero se encontraba bajando sus últimas pertenencias del departamento antes de que él llegara. Y mientras bajaba las escaleras para acabar de cargar el coche pensó en él. Sabía que él no tardaría en ir por ella, pero no se esperaba que tardara tan poco. Se quedó paralizada cuando lo vio entrando a la pequeña recepción del edificio.

Hayden dirigió su vista a la maleta que ella llevaba en sus manos, también observó la mochila que llevaba colgando. Se armó de valor y pasó por su lado hasta llegar a la calle, dejó las últimas cosas al lado del resto de cajas que había llenado con sus cosas.

Él la persiguió y se colocó detrás suyo mientras la escuchaba respirar con pesadez.

-Bebes…fumas, gritas, golpeas, destrozas y hablas demasiado.- murmuró ella mientras miraba la calle. Sin sentirse preparada para encararlo, porque sabía que si lo hacía no podría irse.-Necesito irme…salvarme… Me merezco algo mejor que tú.- y lo hizo, le mintió, porque pensaba que era el único camino. Se giró a verlo. Él reía silenciosamente.

-Puedo beber y fumar si siento que debo hacerlo. Tengo todo el derecho del mundo a gritar cuando quiera, puedo golpear y destrozar tanto como crea que debo hacerlo. Igual que tú puedes irte si realmente quieres hacerlo, igual que puedes correr si sientes que debes hacerlo.- él se acercó hasta quedar a centímetros de su cuerpo.- No me importas en lo más mínimo, y nunca lo harás.- Y él también lo hizo, él mintió para que ella se fuera, para que ella hiciera lo que necesitaba hacer.

~No le importas a nadie.~

Las palabras volvieron a su mente. Y las lágrimas que había retenido se deslizaron por sus mejillas. Cargó la maleta y la mochila en los asientos traseros y se giró a mirarlo por última vez.

Él se maldijo por hacerla llorar, y tuvo que morderse la lengua para no besar las lágrimas que seguían deslizándose por sus mejillas, para no abrazarla y decirle que había mentido. Ella se acercó y dejó un beso en su mejilla, manteniendo los labios allí más tiempo de lo normal.

Hayden se deleitó con el olor de su pequeño ángel. Sabiendo que probablemente no volvería a oler su perfume nunca. Ella se alejó y subió al coche, y él sintió como si algo dentro suyo se quebrara.

Brooke aceleró y se alejó, viajando por carreteras poco transitadas. Con los recuerdos atacándola mientras las lágrimas seguían deslizándose. Aceleró, llevando el coche a toda la velocidad que este le permitía.

Ella conducía, conducía rápidamente, para escapar, para tratar de olvidar, para dejarlos atrás. Pero de una forma u otra ella sabía que no funcionaria, porque solo ella podía detener los recuerdos. Solo ella podía dejar de torturarse.

#9

«Todas esas noches que estuvimos ebrios tendidos en el suelo de la caravana.»

-Hayden, ¿Puedo hacer algo para…-dejó de escucharla y la miró. Estaba claro que ella estaba mucho peor que él. Las mejillas sonrojadas, sus labios temblando, los ojos rojos e hinchados mientras luchaba por mantener las lágrimas a raya.

Había sido una sorpresa para todos, bueno, no para él. Hayden y la directora eran los únicos que estaban al tanto de la enfermedad de Matt. El chico al que había cuidado como a un hermano ya no iba a volver a reírse cuando él se quedara embobado observando a Brooke. Ya no iba a volver a molestarlo con ella. El chico que se encargaba de traer alegría al orfanato había pasado a mejor vida. O eso había dicho el cura durante el funeral.

Brooke estaba destrozada, en los últimos años había vivido con ellos, cada pequeña aventura o escapada la había hecho con ellos. Eran su familia.

Allí estaba ella, parada frente a un muy bebido Hayden, en mitad de la caravana en la que él vivía después de haber cumplido la mayoría de edad. Ella mantenía la mirada fija en esos ojos que cientos de veces comparaba con el paraíso, tratando de ignorar el hecho de que él solo vestía ropa interior. Él seguía en silencio mirándola sentado en el suelo.

-¿Cualquier cosa?- lo escuchó preguntar. Se sentó frente a él en el suelo asintiendo. Lo observó mientras parecía pensar lo que quería. Lo observó mientras sonreía y dejaba ir la botella que mantenía en su mano.

Se levantó con cuidado de no caer. Alargó una mano para ayudarla a levantarse y tiró de ella hacia él. La abrazo por la cintura acercándola hasta estar completamente pegados. Antes de que ella pudiera reaccionar, él se acerco hasta que sus labios hicieron contacto con los de ella.

La observó mientras mantenía sus labios pegados a los de ella. Ella al igual que él mantenía los ojos abiertos. Sus mejillas tiñéndose de rojo por la sorpresa del beso. No se movía, simplemente mantenía sus labios en contacto, esperando que a que ella se le pasara la sorpresa de la acción.

Brooke se relajo y cerró los ojos, pasó las manos de su pecho hasta el cuero cabelludo de Hayden. Él también cerro los ojos, permitiéndose relajarse. La besó con fuerza, obligándola a abrir la boca. Jugueteó con su lengua, robándole un pequeño jadeo. Bajó las manos por su cintura, deteniéndose en sus muslos. Volvió a subir las manos colándolas en el interior de su vestido. Deteniéndolas en la curva que formaban sus glúteos. Apretó la suave carne volviendo a robarle un jadeo, esta vez acompañado de un pequeño gemido.

Ella sintió que el aire la abandonaba cuando él siguió subiendo las manos, haciendo que el vestido subiera con ellas. La apartó para acabar de sacar el vestido, dejándolo caer al suelo, dejándola tan solo en bragas. La admiró, observando sus sonrojadas mejillas, la forma en que desviaba la mirada y como sus manos se movían tratando de cubrirse.

Se acercó a ella, tal y como un depredador se acerca a su presa. Brooke subió la mirada cuando sintió los dedos de Hayden en su mentón, obligándola a alzar la cabeza.

-No entiendo porqué te avergüenzas.- sus miradas entrelazándose la una con la otra. Ella entreabrió los labios tratando de hablar, volvió a cerrarlos al ver que las palabras no salían. Lo escuchó reír mientras sentía como sus pies dejaban de tocar el suelo. Cerró los ojos y se abrazó a él para no caer.

Se detuvo dejándola tumbada en el pequeño colchón que usaba como cama. Con cuidado se tumbó sobre ella, volviendo a hacer contacto con sus labios. Ella envolvió los brazos a su alrededor, abrazándolo mientras el separaba sus piernas haciéndose hueco. Un gemido fue atrapado por los labios de Hayden cuando ella sintió la dureza de su entrepierna. El calor incrementaba en todo su cuerpo, acumulándose en su vientre y deslizándose hacia su centro. Clavó las uñas en sus hombros cuando él se empujó entre sus piernas, arrancándoles varios sonidos de placer. Volvió a hacerlo, deslizando los labios por su cuello.

Él casi podía sentir la sangre viajando con más rapidez a través de su cuerpo. De la cabeza a su entrepierna, haciendo a su miembro hincharse. Seguía deslizando los labios por su cuerpo, esta vez dejando una hilera de besos por su vientre, deteniéndose en el borde de sus bragas de encaje. Pudo escuchar como a ella se le escapaba el aire mientras se retorcía en el colchón.

Lo escuchó reír mientras se retorcía bajo él, creía que no podía ser peor, hasta que él pegó la nariz a su centro por encima de la fina tela de su ropa interior. Hayden soltó un gruñido mientras permanecía con el rostro pegado a la fina tela. Casi podía sentir que el instinto lo dominaba, olisqueándola como si fuera un animal. Rehizo el camino de besos hasta llegar a sus pechos. Los lamió y mordisqueó, disfrutando como un niño en una tienda de golosinas.

Brooke apenas era consciente de su alrededor, solo lo notaba a él y todo lo que la estaba haciendo sentir. Apenas notó el tirón que señalaba que él acababa de desgarrar sus bragas. Solo se dejaba llevar por las cientos de cosas nuevas que estaba experimentando.

Hayden se separó ligeramente de ella, deshaciéndose de sus calzoncillos y lanzándolos a un lado. Se deleitó con la vista de su pequeño cuerpo contra el colchón.

Ella parpadeó abriendo los ojos y observándolo, no le dio tiempo antes de que él volviera a abalanzarse sobre ella, devorando sus labios mientras la hacía girar haciendo que ella quedara sobre él. Se sentó con ella en el colchón, rodeándola con sus brazos sin separarse de sus labios, jugando con su lengua mientras la hacía bajar sobre su miembro. La molesta invasión la hizo jadear mientras se mantenía sujeta de sus hombros, echó la cabeza hacia atrás dejando escapar varios gemidos.

Hayden la hizo bajar un poco más, haciendo que la punta de su miembro se encontrara con la fina membrana de su himen. Se detuvo y la mantuvo sujeta evitando que siguiera bajando, permitiéndole que se acostumbrara a su tamaño. No era ningún secreto que ella nunca había estado con un hombre, y el hecho de que ella fuera realmente pequeña a comparación con él, no mejoraba la situación. La escuchó ronronear, casi al igual que un gato y soltó una risa.

Antes de darse cuenta volvía a estar de espaldas al colchón. La molestia que había sentido al principio había desaparecido mientras él la besaba y acariciaba.

La notaba nerviosa, él sabía que la primera vez dolía y sabía que si lo hacía despacio no podría traspasar la fina membrana que los separaba.

Brooke se acordaba de los comentarios que las chicas le habían hecho, hablando sobre lo mucho que dolía la primera vez y lo difícil que era llegar al orgasmo. La habían visto juntándose mucho con el grupo de Hayden y habían empezado a cotillear sobre ello, todas ellas pensaban que Hayden y Brooke eran pareja, y ellas querían aconsejarla sobre que debía hacer la primera vez. Aunque solo habían conseguido ponerla más nerviosa.

Hayden se encargaba de eso, se había encargado de hacerla olvidar los comentarios y hacer que se relajara.

-Perdóname por esto ángel.- había murmurado él, ella lo había mirado confundida hasta que lo sintió retirarse de su entrada para volver a entrar con fuerza.

Le había dolido, pero el dolor no se acercaba en lo más mínimo a lo que habían descrito las chicas del orfanato. Había sido como un pequeño pellizco en su interior.

Él besaba su cuello mientras seguía moviéndose en su interior, manteniéndola abraza contra él.

Ella lo volvía loco, el sabor dulce de su piel, la forma en que ella jadeaba y gemía por el placer que le estaba dando. La forma en que murmuraba su nombre en pequeños susurros.

Los gemidos y jadeos escapaban de sus labios sin que ella pudiera evitarlo, el calor que él le provocaba con cada embestida se hacía cada vez mayor, sus muslos empezaban a tensarse mientras rodeaba las caderas de Hayden con sus piernas. Su entrepierna ardía y dolía por la liberación, empezaba a desesperarse mientras él seguía entrando y saliendo.

La forma en que sus caderas se movían, buscándose mutuamente los acercaba cada vez más al éxtasis.

Él se retiró de su interior por completo, haciendo que ella se retorciera por la sensación de vacío. Ella empujó sus caderas en busca de su miembro, su cuerpo temblando mientras rozaba las puertas del paraíso.

Hayden subió los labios mientras besaba su mentón y seguía subiendo hasta sus labios. Empezó a jugar con su lengua, haciendo que ella volviera a retorcerse en sus brazos. Bajó una de sus manos hasta el punto donde se rozaban sus entrepiernas, jugueteó con su clítoris mientras se movía. Entrando en ella por completo de una rápida estocada.

Ella gimió mientras sus lenguas seguían jugando. Él había permanecido inmóvil sobre ella, besándola y tragándose todos sus gemidos, mientras ambos llegaban al paraíso. Seguía moviéndose con lentitud en su interior, haciéndolos disfrutar un poco más de la increíble sensación.

Ella había alejado sus labios con lentitud tratando de recuperar el aliento. El peso muerto de Hayden le había caído encima mientras él respiraba con dificultad. Ella había empezado a reír, recordando todas las veces que las chicas del orfanato le habían mencionado que ninguna de ellas había llegado al clímax la primera vez.

Él había vuelto a ser su primera vez en algo. Había sido su primer beso, el primero al que le había contado sobre su madre, el primer hombre con el que se había acostado. Había sido el primero en muchas cosas, y ella quería que él siguiera siendo el primero en muchas otras.

#8

-¿Vas a rendirte ahora? ¿Solo por qué tienes miedo?- ella separó los labios tratando de formular una respuesta. Él se adelantó.- Mira, creo que puedo decir que te conozco. Y sé que no eres la clase de chica que tiene miedo, sé que eres la clase de chica que salta y se arriesga.- tan cerca de ella que casi podía sentir como su corazón se aceleraba.

Ella tragó saliva, dejando que él la acercara hasta quedar pegados a la gran máquina. Dejó que él llevara las manos hasta su pequeña cintura, y soltó un gritito cuando él la elevo del suelo dejándola sentada en la moto. Pero no la dejó mirando al frente, la sentó de manera que cuando él lo hiciera ella quedaría viendo su torso.

-Promete que no iras muy rápido.- la escuchó murmurar mientras hacía sonar el motor. Él sonrió y aceleró haciéndola abrazarse a su torso mientras soltaba un grito.

***

Y ahí estaba ella otra vez, luciendo como un maldito ángel en mitad de la pista de baile. Con esos jeans ajustándose a sus piernas, con una de las camisetas de los chicos que finalizaba en sus muslos; dejando entre ver su torso a los lados. Tal vez no exactamente un ángel, tal vez un ángel caído.

Él seguía sin entender como esa chica había logrado ganarse la confianza de todos sus amigos, tal vez incluyéndose él mismo en ese paquete. En unos pocos meses ella había logrado que todos ellos le tuvieran cariño, aunque él no se lo demostrara, también había logrado ser de importancia para él. Los chicos habían decidido explicarle a lo que se dedicaban, y sorprendentemente ella no había salido corriendo como cualquier otra persona habría hecho.

Le gustaba observarla bailar, en mitad de la gran multitud. Moviéndose de un lado a otro ignorando al resto de personas a su alrededor, como si no solo estuviera ella. Al menos le gustaba observarla mientras el resto de tipos a su alrededor se mantenían alejados de ella.

Brooke seguía bailando con los ojos cerrados, alzando los brazos cada cierto tiempo. Hasta que sintió unas manos apoderándose de sus caderas, abrió los ojos de golpe y se giró para observar al chico que la sujetaba. Él sonrió, ella le devolvió la sonrisa incómoda y trató de alejarse del chico. Él la sujetó con más fuerza y la pegó a su cuerpo.

-Suéltame por favor.-él sonrió pegándose más, Brooke se alejó un paso. Entreabrió los labios para hablar pero el chico que la sujetaba fue empujado hacia atrás. En su campo de visión apareció Hayden, con las manos hechas puños y el enfado pintando su rostro.

-Procura permanecer alejado de mi chica si no quieres hacerle compañía a tu hermano, Marcus.- lo escuchó murmurar mientras el chico lo miraba con una mueca entre terror y asco.

Lo vio alejarse y dirigió su mirada a Hayden que la miraba de arriba a abajo. De un momento a otro la arrastró fuera de la pista de baile, alejándola de todas esas miradas curiosas que los observaban sin disimulo.

La arrastró hasta que estuvieron junto a la moto, lejos de la discoteca y de las personas que se paseaban borrachas por los alrededores. Repitió el mismo proceso que había utilizado horas antes para subirla a la moto, y poder conducir hasta la caravana a la que se había mudado tras dejar el orfanato.

Él parecía molesto y su cuerpo se encontraba tenso, ella decidió callar esperando que él se calmara. Pocas veces lo había visto tan molesto, suponía que el tipo de la discoteca no le caía bien y verlo le había molestado.

Hayden detuvo la moto frente a la caravana y la aparcó a un lado mientras ella entraba y se sentaba en uno de los sillones. Lo observó entrar unos minutos más tarde, él caminó hasta el pequeño refrigerador y sacó dos cajas de cervezas. Se dejó caer en el sofá, dejando en el suelo las cajas y cogiendo dos botellines, la rodeó con un brazo y le pasó uno de los botellines. Ella no tardó en dar el primer trago mientras miraba por la ventana que tenían enfrente.

-Lo siento.- murmuró ella después de un par de botellas. Él soltó una risa vaga y la acabó de rodear con el otro brazo, arrastrándola hasta dejarla sentada en su regazo. Dejó unos cuantos besos en su cuello, haciéndola estremecer entre sus brazos.

No estaban borrachos. Sí, habían bebido, seis botellines cada uno para ser exactos, pero todavía no estaban borrachos. A ella le habían afectado ligeramente, pero Hayden seguía en sus cinco sentidos. Él se levantó del sofá con ella enrollada a su cuerpo como un koala. La mantuvo sujeta a su cuerpo mientras rebuscaba en las alacenas de la pequeña cocina, cuando encontró lo que buscaba le pasó a ella las botellas y los vasos de plástico. Caminó con ella en brazos hasta dejarla en el centro de la caravana. La sentó en el suelo y desapareció unos segundos por la puerta del pequeño dormitorio.

Ella reía ligeramente mientras empezaba a colocar los vasos en fila, cinco a cada lado. Rellenó los vasos con el líquido de la primera botella que abrió. Él apareció en su campo de visión con una pelota de ping-pong entre las manos. Ella le sonrió cuando él se sentó frente a ella.

-A jugar ángel.- ella se preparó para el primer turno.

***

-No es justo, tú tienes mejor puntería.-él empezó a reír mientras la observaba cruzar los brazos sobre su pecho, haciendo morros con los labios, justo al igual que una niña pequeña haciendo un berrinche. Se llevó el ultimo de sus vasos que contenía líquido a la boca.

A Hayden solo le quedaban dos vasos, pero ella había tenido que rellenar sus cinco vasos un par de veces. Dejando completamente vacía la botella de vodka. Cuando ella se acabó el licor la obligó a mirarlo.

-¿Qué tal si jugamos a otra cosa?- ella asintió con entusiasmo mientras sonreía. Él se acabó el licor de sus vasos y recogió los de ella dejándolos a un lado junto a los suyos. Colocó la botella vacía en el espacio que había entre ellos dos y la hizo girar. Ella empezó a reír al saber que el quería jugar a la botella, negó suavemente con la cabeza mientras lo miraba.

-Venga solo somos dos, así no tendrás que besar a algún imbécil.- su comentario la hizo reír y finalmente acabó aceptando.- Bien, primera ronda beso en la mejilla, segunda ronda beso en el cuello.- mientras hablaba la iba mirando esperando a que ella negara. Siguió hablando cuando vio que ella no lo haría.- Tercera ronda beso en los labios, en la cuarta ronda me dejas quitarte la ropa.- ella lo miró mal y él empezó a reír como un niño pequeño.

-Eres un tonto Hayden.- murmuró ella con dificultad. La lengua empezaba a trabársele dificultando su tarea de hablar. Él siguió riendo mientras hacia girar la botella, cuando esta se detuvo apuntando hacia Brooke él sonrió como un crio al verla acercase hasta que sus piernas se tocaron.

Ella dejó un beso en su mejilla y él hizo lo mismo. Cuando ella se levantó para volver a su puesto él tiró de ella hasta dejarla sentada a horcajadas sobre él.

-¿Y si nos saltamos la parte de girar la botella? De todas formas nos va a tocar a nosotros dos.-murmuró mientras hacía viajar sus labios hasta la mejilla de Brooke. Ella dejó escapar un suspiro entrecortado. Dejó que sus manos viajaran hasta los fuertes hombros de Hayden mientras el seguía bajando con besos por su cuello.

La escuchó jadear cuando sus labios llegaron a su clavícula. Sonrió mientras dejaba un par de besos allí. Adoraba lo inocente que ella se veía y sonaba, pero sabía que eso no era nada más que una simple apariencia, Sabía que ella no era tan inocente ni dulce como aparentaba ser.

Él subió los labios rehaciendo el camino. Se detuvo cuando rozó sus labios con los de ella y la sintió temblar en sus brazos. Presionó sus labios con los de ella y los mantuvo allí, moviéndolos lentamente esperando a que ella correspondiera. Ella mantenía los ojos cerrados mientras disfrutaba de la suave presión que ejercían los labios en movimiento de Hayden, respondió al movimiento mientras alborotaba su pelo. Entreabrió los labios para quejarse cuando él le mordió el labio inferior, pero la lengua traviesa de Hayden no le permitió ni jadear cuando ya se encontraba jugueteando con la suya.

Cuando el aire parecía escapar a su alrededor se separó lentamente observándola. Ella permanecía con los ojos cerrados, con los labios rojos e hinchados respirando entrecortadamente.

Y aunque la mayoría de gente en la ciudad pensaría que ella estaba loca. Brooke no podía hacer más que ocultar la sonrisa que tiraba de sus labios. Acababa de regalarle su primer beso al chico que la gente consideraba el monstruo de la ciudad. Y no podía estar más feliz por ello.

#7

«Viviendo como estrellas fugaces.»

-Tío aterriza de una vez, la chica es la más rara del orfanato, se pasa los fines de semana mirando esa valla.- le dijo a su amigo, lo habían pillado otra vez mirando a la chica.

El chico de los ojos azulados los miró, dirigió su mirada al chico que había hablado, Matt. El chico al que consideraba su hermano, el motivo por el que él se había metido en tantos problemas.

-Me llama la atención, eso es todo.- murmuró mientras volvía a mirar a la chica, vio a Kate acercarse hasta la chica y envolverla en sus brazos mientras murmuraba en su oído.

Kate se separó de la chica mientras sonreía. Empezó a tirar de ella hacia el edificio, la chica miró hacia la valla una vez más y luego volvió la vista a Kate.

-Venga tíos, hay que entrar, hoy es el cumpleaños de la novia de Hayden.- habló Matt provocando las risas del grupo de amigos.

-Vete a la mierda capullo.-Hayden reía con ellos mientras se dirigían al edificio.

***

-Dios mío, todavía no me creo que ya tengas 15 años cielo. El tiempo ha pasado tan rápido, parece que fuera ayer cuando llegaste.- Kate seguía hablando mientras ella se miraba en el espejo de cuerpo entero de su habitación. Había dejado de prestarle atención después de ponerse el conjunto que ella misma había escogido para la fiesta que le habían organizado.

Odiaba su cumpleaños, y odiaba las fiestas que le organizaban los niños y niñas del orfanato. Sin embargo no quería ser desagradecida y las aguantaba. Pero las fiestas de cada año seguían recordándole el día en que su madre la dejó aquí tirada. La odiaba, al menos eso se esforzaba en creer, pero seguía sin entender el motivo por que seguía esperando junto a la valla los sábados.

-Venga vamos, ya deben estar todos abajo. Los pequeños te han hecho un regalo que creo que te encantará.- Kate la guió escaleras abajo hasta la sala de celebraciones. En cuanto puso un pie dentro de la sala escuchó los gritos del resto de personas del orfanato felicitándola. Apenas alcanzó a verlo antes de que le saltara a los brazos para abrazarla. Brooke empezó a reír mientras el pequeño Jake la soltaba y se paraba frente a ella. Llevaba un pequeño trofeo en las manos y una gran sonrisa dejando ver los dientes.

-Felicidades.- Brooke sonreía mientras se agachaba para estar a su altura y coger el trofeo.

-Muchas gracias Jake. Me encanta.- abrazó al pequeño antes de ir y saludar al resto.

***

-Deja de mirarla ya y ves a hablar con ella.- murmuró uno de sus amigos. Estaban en un rincón de la sala, y mientras sus amigos hablaban él solo se dedicaba a observarla. Negó con la cabeza sin dejar de mirarla.

Dani, uno de sus amigos, dejó el vaso con la bebida en una mesa cercana y se dirigió hacia la chica.

Hayden y el resto lo observaban mientras hablaba con la chica y la hacía reír. Unos minutos más tarde se acercaba con ella hacia donde ellos descansaban.

-Que cabrón.- murmuró Matt haciéndolos reír.

-Chicos os presento a Brooke. Brooke estos son Matt, Alex y Aitor.- la chica los saludó mientras Dani hacía las presentaciones.- Y este gruñón de aquí es Hayden.- Dani se colgó de Hayden rodeándolo por los hombros. Hayden miró a su amigo y le gruñó haciendo que la chica soltara una pequeña risita.

-Hola.-la escuchó murmurar con timidez mientras su rostro empezaba a teñirse de rojo.

***

La semana había pasado más rápido de lo que ella esperaba. Alessa no había vuelto a preguntarle por las marcas, aunque tampoco había vuelto a hablar mucho con ella. Tan solo la saludaba y luego se despedía de ella. Estaba claro que Alessa no se esperaba que ella reaccionara de esa forma, pero era su vida al fin y al cabo, no tenía porque involucrarse. Entiende que ella se preocupe, pero debería saber que si fuera algo malo ella se lo habría explicado.

Alessa se acerca a ella para despedirse, pero deja de prestarle atención al escuchar el motor de la moto de Hayden. Camina hasta él con una gran sonrisa adornando su rostro.

Él la mira mientras se acerca, y es otro de esos momentos en los que se siente afortunado por tenerla a su lado. Él la ve como una maravilla, aún con todas las marcas y cardenales adornando su cuerpo, él sigue viéndola hermosa, como si no hubiera nada mejor en el mundo. Ni siquiera los ángeles son comparables con ella. Su forma de sonreír, su risa, la forma en que sus ojos brillan cuando está contenta, su forma de apretar los puños cuando está enfadada o la forma en que se muerde el labio para no gritarle cuando está cabreada.

-¿Preparada?- ella asiente y se abraza a su torso.

Mientras el conduce hacia las afueras de la ciudad ella cuela las manos por debajo de su camiseta. Sintiendo el calor de su abdomen, deja caer la cabeza contra su espalda y mantiene los ojos cerrados.

Adora el tacto de su piel suave, cientos de veces se ha encontrado a sí misma comparando al chico con un ser celestial. Su aspecto, sus ojos, su tacto… de una forma u otra siempre encuentra algo que comparar.

La sensación de ligereza que los embarga durante el viaje, desaparece a medida que se acercan a su destino. Cada segundo que pasa están más cerca del lugar en el que se lleva a cabo la fiesta. Y a cada segundo que pasa, la ligereza y la libertad que sienten va evaporándose. Al igual que las estrellas fugaces.

Es en esos momentos cuando Brooke comprende porqué a él le gusta esa clase de vehículo. Lo que a ella en un principio le parecía una monstruosa máquina, ahora le parece una de las vías de escape más increíbles que podría conocer.

-¡No, no voy a subir! ¡Me da miedo Hayden!- él reía mientras ella miraba con temor la gran máquina.

Desde el momento en que Dani los había presentado habían pasado la mayor parte del tiempo juntos. Él se comportaba con frialdad tanto tiempo como podía, excepto en los momentos en que aprovechaba para molestarla y reírse de ella. A pesar de que la trataba de mala manera, de que la mayoría del tiempo se comportaba como un idiota y de que hacía todo lo posible por alejarla. A pesar de todo eso, ella seguía juntándose con él y el resto de chicos.

La miró durante unos instantes mientras dejaba de reír, la veía adorable. Él no podía estar más agradecido con Dani, desde que los había presentado ella se había juntado con ellos y poco a poco había entrado en confianza. Mientras que los chicos se habían dedicado a tratarla como a una hermana pequeña, él se había dedicado a tratarla mal, a enfadarse con ella, a molestarla y a reírse de ella. Se había dedicado, única y exclusivamente, a ponerla a prueba. Quería ver hasta donde era capaz de llegar para estar junto a él.

-De verdad que no puedo Hayden. Ve tú, yo volveré a mi habitación.- y antes de que ella se diera la vuelta, él se encontraba levantándose del vehículo y agarrándola del brazo. La hizo mirarlo, la vio vacilar y sintió como su respiración se entrecortaba.

Le gustaba ver lo que él le provocaba. Le gustaba saber lo mucho que él la afectaba, pero eso era algo de lo Hayden no era consciente.