«Y mientras, a su alrededor, todo pareció ir más despacio.«
-Brooke esto ya no es normal. Un día de acuerdo, pero llevas una semana y media.- la chica seguía hablando mientras que Brooke permanecía en el colchón sin moverse.
Cerró los ojos al sentir una pequeña ráfaga de brisa marina colarse en la pequeña caravana. Siguió tumbada boca abajo, con la cabeza hacia un lado mirando el mar a través de la puerta abierta.
Había permanecido allí durante días, apenas se movía, apenas comía, tampoco bebía demasiado. Sus dos compañeras empezaban a preocuparse, era la primera vez que la habían visto de esa forma. Desde que la conocían Brooke había sido una chica seria, pero capaz de divertirse.
-Quiero más.- Avril dejó de hablar para mirarla. Brooke miraba algún punto fijo. Los únicos momentos en los que la había visto desviar la mirada de ese punto eran cuando ella o Hayley le entregaban los pequeños botes que contenían la novocaína.
Dos meses habían pasado desde que perdió el control. Dos meses en que ella se había mantenido anestesiada a base de drogas, y cada vez necesitaba más para evitar el dolor y la sensación de vacío. Desde aquel momento, desde que escuchó aquellas palabras salir de sus labios.
-Brooke…- escuchó la voz de Hayley llamarla.
No desvió la mirada de ese punto fijo que miraba hasta que sintió como depositaban un bote justo a su lado. No perdió el tiempo y depositó el polvo en la superficie del colchón. Formó pequeñas rayas hasta que la pequeña montaña de polvo desapareció. Acercó el rostro a la primera raya y esnifó hasta hacerla desaparecer.
Se tumbó boca arriba y empezó a reír mientras sentía a la droga hacer efecto. Sintió su cuerpo adormecerse poco a poco, alargó el brazo rebuscando entre las sabanas el frasco repleto de pastillas que ella escondía. No tardó demasiado en ingerir dos pastillas de dietilamida de ácido lisérgico, mejor conocida como LSD.
Pronto las alucinaciones harían acto de presencia, haciéndola sentir algo más alegre. Estas últimas semanas había ingerido más de las que normalmente ingería. No había tenido ganas de nada, cada vez que abría los ojos lo único que deseaba hacer era volver a cerrarlos y seguir durmiendo, volvía a despertar y seguía con sueño.
Hacía horas que Avril y Hayley se habían marchado y poco a poco las rayas iban desapareciendo, el frasco de pastillas ya lo había vaciado.
Brooke permanecía perdida en sus alucinaciones. Permanecía con los ojos abiertos viendo luces en el cielo viajando de un lado a otro. Se reía cada vez que veía a uno de esos pequeños aliens cabezones que paseaban a su alrededor. Cerró los ojos para tratar de relajarse, las luces aumentaron su velocidad y de repente todo era blanco. Después se volvió negro y de entre todos los gnomos, los duendes y todos esos aliens cabezones; lo único en lo que fijó fue en un pequeño destello blanco. Se vio a sí misma llena de cardenales, rodeada por los fuertes brazos de su hombre. Porque sí, porque él seguía siendo su hombre a pesar de todo lo que él dijo.
Y mientras, a su alrededor, todo pareció ir más despacio.
El grito que Avril emitió al verla tirada en el suelo respirando con dificultad. La llamada a la ambulancia que Hayley realizó, el tiempo que pasaron asistiéndola tal y como indicaba la enfermera que hablaba por el móvil. A ellas les pareció una eternidad el tiempo que tardaron en aparecer los paramédicos junto con la ambulancia.
Brooke escuchaba voces de fondo, sintió como su cuerpo se movía de un lado a otro pero todo lo que veía era oscuridad. Y lo escuchó a él, escuchó su voz ronca pidiéndole que volviera, pidiéndole que aguantara hasta que él llegara. Y trató de abrir los ojos, trató de hablarle y responderle.
Avril mantenía sujeta una de las manos de Brooke en la habitación compartida del centro dual. Toda ella temblaba, ya llevaba varios días sin ingerir ningún tipo de droga, simplemente las pequeñas dosis que les administraban las enfermeras para no interrumpir la adicción de forma brusca. La rehabilitación que la habían obligado a iniciar estaba destrozándola, las pequeñas dosis no eran suficiente para ellas, los pequeños síntomas de abstinencia que había notado los primeros días iban tornándose mayores.
Después de una semana de haber estado en el hospital, después de que trataran a Brooke por la sobredosis. Después de que a ella y Hayley las vieran en tales condiciones, las enfermeras se pusieron en contacto con sus padres, informándoles de que serian trasladadas e internadas en un centro dual, siempre y cuando ellos dieran el visto bueno. Con Brooke sin embargo fue diferente, al no localizar a sus padres decidieron ponerse en contacto con su número de emergencia.
Lo llamaron a él, y él respondió; en un grave estado de ebriedad pero respondió. Y él al fin la encontró, después de dos meses en un estado de permanente ebriedad buscando cualquier pequeño rastro de ella. Porque la había dejado ir, lo hizo porque ella lo necesitaba. Pero ya no soportaba estar sin ella a su lado, no soportaba el silencio del departamento, extrañaba todas esas veces en que ella le gritaba que fuera más ordenado. Extrañaba todo lo que ella era y representaba.
Hayley que también había iniciado la rehabilitación, entró en la habitación mientras se rascaba los brazos, apenas podía evitar que su cuerpo temblara. Tanto en ella como en Avril, los temblores y nauseas eran constantes. Apenas habían empezado con la rehabilitación y ya no la soportaban.
Poco a poco las enfermeras y doctores habían ido reduciendo la dosis de droga que ellas tomaban, ya que interrumpir el consumo de forma brusca podía suponer la muerte en el peor de los casos, en un par de días ya no recibirían ninguna dosis. Lo mismo estaban haciendo los doctores con Brooke, aprovechaban que ella permanecía inconsciente para ir reduciendo poco a poco la dosis , haciendo que su cuerpo se acostumbrara a tener cada vez menos droga en su organismo, de forma que cuando despertara no recibiría ninguna dosis. A pesar de que con ella también habían iniciado el tratamiento, los doctores tenían pocas esperanzas de que Brooke despertara. Llevaba tres semanas tumbada en la camilla sin abrir los ojos, pero la semana pasada había empezado a respirar sin ayuda de las maquinas. Eso había hecho que los doctores tuvieran un poco más de esperanza, pero aún así decían que sería prácticamente un milagro que ella despertara. A pesar de ello, Avril y Hayley seguían hablando con Brooke, diciéndole que en cuanto despertara saldrían de aquel lugar recuperadas y juntas.
La veían permanecer inmóvil en aquella camilla mientras respiraba con pesadez. Consideraban a Brooke su hermana menor, sabían que Brooke no era realmente ella. Sabían que algo le había pasado antes de que ellas se conocieran, pero nunca la presionaron para que lo contara. Y poco a poco Brooke se había ido abriendo, les había contado sobre el orfanato y sobre un grupo de amigos con el que se divertía, pero nada más que eso. Y a pesar de que una persona promedio considerara eso como poca información, para ellas dos era más que suficiente, sabían que Brooke no era la clase de chica que se deja conocer. Así que el hecho de que les hubiera contado sobre eso era un gran paso.
-Despertará, lo sé. Ella es más fuerte que toda esta mierda.- murmuró Hayley recostada en la camilla de Brooke. Avril seguía sujetando su mano, lágrimas silenciosas resbalaban por sus mejillas.
Avril era la hipersensible de las tres, solía llorar y emocionarse muy a menudo por cosas bastante simples, y solía enfadarse excesivamente cuando veía alguna injusticia. A pesar de los tatuajes que la cubrían y las expansiones que adornaban sus orejas, a pesar de que a primera vista podía intimidar, ella era la más dulce.
Hayley en cambio era más propensa a guardarse sus sentimientos, y con ganas de problemas. Era la clase de chica a la que le gustaba molestar a los hombres y no se dejaba intimidar por nadie. Por no decir que adoraba tatuar y perforar su cuerpo.
Brooke en cambio era una mezcla entre las dos y ellas la adoraban por eso mismo, a pesar de que a veces sus personalidades chocaban entre sí.
-¿Sabes que en un par de semanas va a ingresar un chico nuevo al centro?- murmuró Hayley mientras permanecía con los ojos cerrados. -He estado hablando con él mientras miraba los papeles para entrar, mañana vendrá un rato para familiarizarse con el lugar.- Avril alzó la cabeza para mirarla y asintió.
-Me he enterado de que mañana y durante dos semanas se realizaran las evaluaciones psiquiátricas y psicológicas.- desvió la mirada ha Brooke.- Supongo que cuando despierte también se la harán a ella.-
Ambas miraron a Brooke, deseando que despertara lo antes posible. Querían a su mejor amiga de vuelta lo antes posible.